martes 20 de octubre de 2020
ACTUALIDAD | 16-10-2020 16:16

Silvia Saravia: la víctima que nos interpela

Por Guillermina Rizzo. Inés, Sabrina, Valentina, Analía, Florencia, Luciana, María, Micaela, Rosa, Jordana, Denise, Priscilla, Cristina, Ada, Romina, Mariana, Estrella, Camila, Camila, Olga, Jésica, Delia… ¿Tu nombre, el mío? Seguramente no lo sea, pero hay miles…

Nombres que se traducen en una lista, para algunos son “casos”, para otros son cifras: cerca de 200 en lo que va del año, sin embargo para mí son MUJERES, como vos, como yo, como tu hija, tu madre, tu nieta, tu hermana, tu sobrina, tu amiga, tu tía, tu vecina, tu conocida, o simplemente y para los más indiferentes “una más…”.A simple lectura son nombres de mujeres, nombres que se convierten en “públicos” mientras duró la noticia, luego quedan en espacios “íntimos”, en espacios donde los más cercanos seguramente las siguen llorando.

El sábado otra vez nos conmovimos, el horror se manifestaba en un country; los asesinatos de mujeres no contemplan ni geografía ni clases sociales. Esta vez un “barrio cerrado” cuya característica distintiva es la “seguridad” se convierte en el escenario más inseguro para la víctima; el “country” es esa especie de “celda de oro”, de “prisión de lujo”, para quien vive un calvario cotidiano.

Esta vez la VÍCTIMA, sí con mayúsculas, es Silvia Saravia DE Neuss, y haciendo alarde del Psicoanálisis y el poder que tienen las palabras, ya es momento de dejar que mencionen a la mujeres con “el de...”, posesión concreta y simbólica que urge ser modificada. Silvia Saravia, fue VÍCTIMA, víctima mucho antes de su muerte, víctima del asesinato que le dio “el golpe final” y víctima del tratamiento que se hizo de la noticia y hasta de su vida; hasta el hartazgo vemos fotos y notas en las que aparece “casi como un decorado” al lado del verdugo. 

Silvia Saravia fue víctima mucho antes de su muerte

Y nos volvemos a preguntar: ¿Qué es el femicidio? ¿El sistema patriarcal se disfraza y se minimiza cunado “la bestia” es una persona con poder económico?

No fue hasta hace poco que cuando un hombre mataba a una mujer, se aludía a crimen pasional con preguntas latentes y sonantes tales como ¿algo habrá hecho? ¿la mujer lo hizo enojar? reduciendo la cuestión a una relación de sujeto/hombre y objeto/mujer. Lo cierto es que el concepto femicidio fue desarrollado en Estados Unidos por Carol Orlock en 1974 y utilizado en 1976 por Diana Russell, ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres en Bruselas, nombrando de esta manera a la forma más extrema de violencia hacia las mujeres y niñas. La antropóloga Marcela Lagarde reformula el término proveniente del idioma inglés “femicide” e introduce el vocablo “feminicido”, haciendo referencia también “al asesinato misógino de mujeres cometido por hombres”. 

Morir en manos de un hombre que considera a una mujer de su propiedad se ha tornado en la noticia de cada día y lo considero una catástrofe nacional, pues cada 30 horas aproximadamente en Argentina se firma un acta de defunción, generando una serie de traumas colectivos: niños huérfanos afectados de por vida emocional, afectiva e intelectualmente; padres que lloran a sus hijas, la mayoría de las mujeres en edad productiva, y dependiendo el tratamiento que se haga del tema se legitima un estilo de vínculo en el que se profesa amor desde el control, el maltrato y se asesina en nombre del amor. 

"Morir en manos de un hombre que considera a una mujer de su propiedad se ha tornado en la noticia de cada día y lo considero una catástrofe nacional"

En todas las historias con finales horrorosos, el factor común es un hombre que no acepta que no se cumpla su voluntad, pues la mujer es “una cosa”, es parte de un sistema jerárquico con valores arbitrarios que la disminuye, arrasa su autoestima situándola en una condición de objeto que actúa y cumple con los caprichos y deseos ajenos. El patriarcado arraigado y aún vigente, se sostiene por hombres y también por mujeres que abonan ese sistema de creencias.

Baja autoestima, culpa, miedo, cosificación, dependencia emocional, roles asumidos y reforzados en los que el hombre es fuerte y la mujer es débil, chistes descalificantes o machistas, son conductas y estados aceptados desgraciadamente con naturalidad.

Los femicidas no nacen de un repollo, son la resultante de un sistema patriarcal que debemos cuestionar y modificar con urgencia. Saber interpretar gestos, estudiar Comunicación No Verbal, me ofrecen un sustento teórico que no impidió que sienta escalofríos cuando vi las fotos que circulaban de Silvia Saravia compartiendo eventos con su marido: la tristeza y la sumisión son evidentes. Silvia murió atravesada por una bala, para que ello sucediera seguramente hubo una serie de situaciones sostenidas en el tiempo que desencadenaron el trágico final; gritos, desprecio, descalificación, maltrato, control, son las acciones previas y comunes en todas las historias.

Cómo fueron los últimos minutos de Silvia Saravia

Revelarse a un orden, romper reglas, dejar de ser el “objeto DE…” para devenir en sujeto, empoderarse a tal punto de gobernar las propias necesidades y abandonar el country/celda y al verdugo a simple vista parece imposible, sin embargo la noche anterior Silvia no durmió en su “jaula”, seguramente en un intento de “ensayar” una vida propia, más digna, más rica y tolerable.

Conozco ciento de mujeres que viven este calvario, donde cada día con gestos, palabras y golpes van redactando un acta de defunción simbólica y concreta; en tiempos de pandemia y Covid.19, el femicidio es una epidemia, una catástrofe nacional; una vez más el nombre de mujer abre las venas y desangra a toda la sociedad.

 

 

at Guillermina Rizzo

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