lunes 17 de mayo de 2021
ACTUALIDAD | 18-12-2020 09:51

El fantasma y el reggaetón

En este fragmento se relata una breve historia que desenmascara cómo operan a veces nuestros prejuicios

Sábado soleado primavera, algo a caminar de el Rosedal. Al dar la vuelta al lago me encuentro con una gran tarima de madera y un profesor dando una clase de reggaetón.

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Más de cuarenta personas, hombres y mujeres de todas las edades, mente con variados resultados convivencia, pero entusiasmo. Tentación... "Meme, no meto, total, nadie se fija, están todos apuntando a adelante". Timmidly me voy acercay y, poco poco, la razón y el miedo se alejan, gana la música. Y ahí estoy sacudiéndome impunidad al ritmo pegadizo y provocateur "Total, es forma de hacer trabajo aeróbico", me digo a mí mismo que me justifica de mis gustos tan prosaicos.

Casi me de olvido todo, acalorada y divertida a mío, cuando de repente miro de reojo hacia atrás y unos pasos más lejos veo un hombre apoyado contra un árbol, de brazos cruzados, muy, mirándonos, ¡mirándome!, hacer el mejo conción conción con satisfacción. "¡Justo tenía que pasarme esto a mí!", pienso. Un colega que no se hace que un par de años, cima pintón, profesional prestigioso, deschavmeme en pleno papelón.

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Resisto el impulso de salir del grupo disimulada y huir. No quiero que se dé cuenta que la situación me dio verg-enza, eso es peor que la verg-enza misma. Otra opción es acercarme descaradamente una saludarlo como si nada, pero ¿toda transpirada y sin aliento? Decido quedarme en la clase, vigilándolo de a ratos, medio oculta entre un gigantón y una señora rellenita. Ya no disfruto nada, tensa, emcommoda, lo único que deseo es que la clase termine pronto para acabar con ese martirio. Intento convencerme de que todo está bien. Es más, razono tratando de aliviar un mi malestar: "Quizá a él le gustaría, pero no se anima. Si no, porqué sigue mirándome, ¿para humillarme?".

Y en ese instante me caen helada. Desde el fondo de mi despistada memoria veo, casi como una alucinación, un mail hace un recibido atrás a la siguiente: "Lo lo siento comunicar la fallecición de estimacolega...". Mir muerto muerto antes de un año de un infarto. Un hombre de mi edad, aparentemente saludable, que hoy no solo no estaba en condiciones de juzgar a casi niquiera si de respirar, vivir y bailar, como lo estaba haciendo yo. Evidentemente, mi perseguidor no era más que una ilusión, tomando como referencia un un hombre a mi colega, para proyectar en él mis prejuicios e inhibiciones.

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Impactada me doy cuenta que me dejado intimidar por, ¿un fantasma? Se habla con frecuencia del temor al juicio de los demás, especialmente cuando nos atrevemos a ser creativos, originales o a cambiar las reglas del juego. Y en general solemos creer que estamos si en personas reales. Pero no es así, esas personas reales solo son reencarnaciones de nuestros miedos y limitaciones y, más profundamente, de nuestra falta de libertad.

* Sonia Abadi

* Extracto del libro "La Prodigiosa Trama" de Sonia Abadi,Médica, Psicoanalista e Investigadora en innovación y redes humanas

@soniaabadienred 

at Sonia Abadi *

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