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Día del cáncer infantil: “Los chicos deberían jugar durante el tratamiento”

14 de febrero de 2020

Unos 1400 niños son diagnosticados por año con esta enfermedad en nuestro país.

Cada año, 1400 chicos son tratados por cáncer en la Argentina. Lo que muchos no saben es que con un diagnóstico a tiempo, tratamiento adecuado y contención, el 70% de ellos puede curarse. “Para que se produzca un diagnóstico más temprano tienen que reconocerse los probables síntomas del cáncer infantil”, expresa Edith Grynszpancholc, presidenta de la Fundación Natalí Dafne Flexer, organización que nació en 1994 tras la muerte de su hija de siete años.

«Lo que pasa es que muchos síntomas son comunes en un chico, como por ejemplo que estén decaídos o vomiten. Algunos tumores tienen síntomas más fácilmente reconocibles, como un bulto en el estómago o el dolor de huesos. Muchas veces se producen demoras en el diagnóstico. Nosotros lo sabemos porque trabajamos muy cerca del Instituto Nacional del Cáncer, que pone muchos esfuerzos en lograr que cada vez el diagnóstico sea más temprano», agrega.

—¿Esto pasa solo en nuestro país?

—El problema del reconocimiento de cáncer infantil es mundial. No es que pasa dolo acá. Sí tenemos más demoras o las familias llegan con el cáncer más avanzado, pero nadie en el mundo es ajeno a no poder reconocer el cáncer en un niño.

—¿Y hay alguna forma de prevenir esta enfermedad?

—No es prevenible porque todo lo que vemos en los adultos no se da en los niños: no fumaron ni comieron determinadas cosas. Entonces, uno piensa en los factores hereditarios, pero el único tipo de cáncer infantil que a veces es hereditario es el retinoblastoma (cáncer ocular que comienza en la parte posterior del ojo). Si hay una familia con ese tipo de cáncer se les avisa que sus hijos podrían llegar a tener la misma enfermedad.

—¿Es importante que un chico siga jugando durante el tratamiento?

—La recreación es una parte importantísima para un chico con cáncer. A veces, da la impresión de que muchos padres no pueden entender que ese nene, aunque esté enfermo, quiera seguir jugando. Es importante que la comunidad entienda que un chico con cáncer es ante todo un niño; que les gustan la mismas cosas que a cualquier nene y que le mostremos simpatía, no lástima.

—¿Y cómo trabajan eso desde la fundación?

—Tenemos nueve sedes en todo el país. Todas están frente o muy cerca de los hospitales públicos porque el 83 por ciento de los chicos con cáncer en la Argentina se tratan en hospitales públicos. Por eso, estamos siempre alineados con las políticas públicas y con las pruebas del Instituto Nacional del Cáncer. Siempre apoyamos a la oncología pediátrica en el orden de las necesidades a nivel nacional. La idea es que, entre otras cosas, los chicos tengan un área de recreación y que al mismo tiempo los padres puedan acceder a los servicios de apoyo emocional, de orientación y las cuestiones de cuidado durante el tratamiento.

En este sentido, Grynszpancholc detalla que la Fundación Flexer busca, justamente, promover el acceso de niños y jóvenes enfermos de cáncer al tratamiento adecuado en tiempo y forma. Para esto, ofrece asistencia a más de 1500 chicos con cáncer y sus familias por mes. Entre sus principales actividades, todas gratuitas, se destacan: apoyo psicológico, entrega de material informativo, obras de infraestructura y equipamiento en hospitales, becas de capacitación a profesionales, apoyo a la investigación y actividades recreativo-educativas.

“Muchas madres no pueden creer que sus hijos estén tan felices jugando. En la fundación, los nenes se queda en la sala de juegos y ellas pueden ir a buscar su propio soporte emocional en el mismo lugar, con psicólogas especializadas o pedir que una asistente social las ayude con los trámites que tienen que hacer”, cuenta Grynszpancholc.

—¿La contención va más allá de los padres y el chico que está en tratamiento?

—También vienen los hermanos, que quedan muy excluidos y se les puede mostrar que tienen un lugar. Por otro lado, la recreación va ligada a que los chicos enfermos de cáncer muchas veces tienen que dejar de ir al colegio y su vida social se restringe. La fundación se convierte en un espacio seguro en ese sentido.

—¿Y qué puede hacer la gente que rodea para ayudar a una familia que está pasando por este momento?

—La idea es orientar, por ejemplo, a compañeros de trabajo de los papás o allegados que están preocupados porque no saben qué hacer. Mucha gente se paraliza frente a esto. A través de nuestros libros también ayudamos a que el colegio entienda qué le está pasando a las familias de su alumno. Además, damos recomendaciones de cómo hablar con las familias de los compañeros. La idea del libro es tener herramientas para que un chico con cáncer vaya a la escuela.

—¿Crees que hoy hay más diagnósticos de chicos con cáncer que años atrás?

—No hay registros de que en nuestro país más casos de cáncer infantil. Si la gente dice que ve más chicos con cáncer, no es así. Hoy los chicos tienen más facilidades de tratamientos, se curan más y uno los ve más en la calle.

En el marco del Día Internacional del Cáncer Infanto-Juvenil y para concientizar sobre esta enfermedad, la Fundación Flexer impulsa la acción «Más que un regalo», proponiendo que quienes deseen festejar San Valentín, obsequien las camisetas de la Fundación, con diseños de osos y flores.

Quienes quieran participar, podrán acercarse este viernes 14 de febrero al stand de la Fundación en la planta baja del Shopping Alto Palermo, entre las 10 y las 20 horas. Este día, el Alto Palermo se sumará a la campaña donando $ 100 por cada persona que elija la camiseta como regalo de San Valentín. También pueden hacer una donación y elegir su camiseta ingresando a www.ponetelacamiseta.org.

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