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“Mujeres Cotidianas”, un lugar en Facebook para conocer historias de vida

16 de febrero de 2016

“Mujeres Cotidianas” es el nombre de una página de Facebook, administrada por la fotógrafa Verónica Sánchez, la cual cuenta historias de vida de aquellas que intentan superar casos de violencia de género, o reencontrarse con sus hijos, además de quienes buscan emprender nuevos proyectos para poder salir adelante.

Entre los relatos, Sánchez comparte las vivencias de otras mujeres que esperan en algunos casos que la Jusitcia las escuche. Tal es el caso que narra de una mamá que no puede ver a su hija.

“Anta nació en Argentina, a los 12 años se fue a visitar a su padre a Estados Unidos y nunca más volvió, vivió algunos años allí y recorrió varios países hasta que se radicó en España. Allí, a los 19 años, conoce a Rodrigo, se hicieron buenos amigos y algo más tarde surge la relación de pareja. Ambos artistas plásticos, compartían un sueño: viajar por el mundo, juntos, recorrieron Europa, Sudamérica y varios países del sudeste asiático, días ante de viajar a Australia, Anta se entera que esta embarazada. Con un embarazo feliz y saludable, recorrieron la isla y se establecieron en Melbourne, donde montaron su negocio de arte y trabajaron a la par hasta que viajaron a Chile, de donde es oriundo Rodrigo, para el nacimiento de su hija Vairea”, relata Sánchez.

A los pocos meses del nacimiento de su bebé, decidieron volver a Melbourne, pensando en una infancia feliz para su hija. Contaban con un trabajo que les permitía poder criarla en libertad y pasar mucho tiempo con ella, sin necesidad de dejarla al cuidado de terceros, durante los primeros.

Así transcurren los primeros años de Vai, en un ambiente apacible de la mano de mamá y papá. Lejos de la familia de ambos, es en este tiempo, después de siete años como pareja, que Anta empieza a notar algunos cambios en Rodrigo, poco a poco comienza a celarla, a dificultar sus relaciones familiares, a querer controlar primero su vida y más tarde la de Vai, como si ambas le perteneciesen. Es en ese momento que llegan a una separación amistosa, pudiendo conjugar el trabajo y la crianza en común, durante casi un año. Vairea compartía su tiempo con ambos, pasabas sus días en el parque, paseaba, pintaba y se adaptó con facilidad a la nueva casa que alquiló Anta y juntas la llenaron de plantas, colores y sonrisas, que hoy, aún la esperan en Melbourne.

Un día como cualquier otro Vairea fue a pasar un fin de semana en casa de su papá, pero nunca mas volvió. Con una fecha casualmente perversa para la historia argentina, que rinde homenaje a los desaparecidos en la última dictadura militar, aquel 24 de Marzo de 2015, Anta esperaba la llegada de su hija, a cambio, recibió un llamado de Rodrigo desde Chile, allí estaba con Vairea, él le pedía que lo tome como unas vacaciones, en realidad, era un premeditado secuestro internacional de menores.
Ese día, Anta sintió morir, a partir de allí todo es gris: Los juguetes de Vai abandonados en casa de Rodrigo, Cómo salió Rodrigo de Australia sin autorización, cómo entro a Chile, cómo un padre puede ser tan perverso y tomar a su hija como trofeo de guerra, separándola de su mamá, tan cercana, y tan lejos”, detalla la  profesional.

Si hay alguien que entiende que la distancia no disuelve los vínculos, ella es Anta, ¿Quien sino ella, que pasó su adolescencia repartida sanamente entre su papá y su mamá en diferentes países, para explicarle a Vairea esta distancia obligada, forzada, caprichosa?

“Desde hace 7 meses Anta esta en Chile, allí fue a pedir la restitución de su hija. Hace 319 días, Anta recorre consulados, embajadas, juzgados, tribunales, ONGs, acompañada por su papá, su mamá, sus hermanos, amigos, abogados y todo aquel que se conmueve con su historia, repartidos por el mundo, unidos en una causa común: Que Anta y Vairea vuelvan a estar juntas, libres y felices, en Melbourne, donde su casa, su trabajo, sus amigos, su vida las espera.

“Hoy Vairea tiene 4 años. Mientras se lleva el juicio por la restitución internacional de Vairea a Autralia, la justicia chilena reglamentó un régimen de visitas que Rodrigo no cumple, él sigue sintiendo que ambas le pertenecen, le niega a su hija el derecho de crecer cerca de su mamá, se muda sin avisar, no lleva a Vairea a las visitas, se entromete en los pocos encuentros que Anta planea con devoción, intentando llenar su bolso de cuentos, chocolates y sonrisas todas para Vai, para guardar para ambas cada minuto juntas.

De las pocas veces que pudo verla después de aquel 24 de Marzo, algunas fueron vía skype, otras, las 13 veces que Rodrigo lo dispuso, pudo abrazarla, besarla, ponerla cerquita de su corazón, contarle cuentos, pintar con ella, asegurarle a Vai que está, en cada estrella, en cada pajarito, en cada momento juntas, en cada latido de ese corazoncito que nada entiende de la burocracia judicial.

Anta sufre, intenta no pensar que le contestan a Vai cuando pregunta por su mamá, intenta no pensar en esa familia que encubre verdades, intenta no descansar en la impotencia y que los miedos no la invadan, construirse entera y feliz, porque es la mejor manera de trasmitirle amor a su hija.

Anta sabe que su hija no es suya, ni de Rodrigo, transforma el rencor con objetividad porque entiende mejor que nadie que su hija necesita a mamá y a papá para crecer feliz y plena. Tiene una fuerza increíble, y desde sus ojos vidriosos cuenta que espera con ansias poderle devolver a Vairea, los días de infancia juntas que Rodrigo les niega.

Mientras apela a la Corte Suprema la restitución de su hija a Melbourne, pide al mundo una sola cosa: Que los jueces miren para abajo, porque allí, a 1 metro del piso, esta Vairea, esperando a su mamá.”

Facebook: Mujeres Cotidianas