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- Cuerpo & Alma -

Cuando volver es celebración

21 de febrero de 2020

Evidentemente las vacaciones para la gran mayoría siempre tienen “sabor a poco».

Por Guillermina Rizzo (*)

¡Febrero! ¿Mes de retorno? Aunque aún restan días para el inicio de clases, ya se experimenta una sensación de regreso, de reencuentro con la rutina.

Atrás quedan las vacaciones, o no, pues tal vez se pueden tomar pequeñas pausas; atrás quedan jornadas agobiantes y la sensación térmica, o no, pues el verano continua; y atrás, en el pasado cercano, quedan vivencias simples y complejas, superficiales y profundas, que nos marcan tanto individual como de forma colectiva, quedan sensaciones triviales y potentes.

Si bien no todos/as acceden a vacaciones en enero, en el primer mes se imprimen una serie de estados y experiencias diferentes a las del resto del año.

Si estuviste entre ese porcentaje de argentinos/as que pudo armar valijas y salir rumbo a la playa seguramente estás con energías renovadas para reencontrarse con personas, tareas y rutinas; al igual que si el destino elegido albergó montañas, sierras, arroyos o tan solo unos pocos kilómetros a la redonda también experimentaste momentos de distensión y contás con bríos especiales para retornar renovado/a.

Distinto es cuando el descanso se remite a la propia casa y sin el consuelo de contar con la manguera en el patio, pero desplegando la creatividad al máximo para que esa pausa sea lo más gratificante posible.

Evidentemente las vacaciones para la gran mayoría siempre tienen “sabor a poco” salvo algún/a adicto/a al trabajo o seres que por diversas circunstancias las evitan, todos/as deseamos prolongar esos momentos de relax o diversión, sin obligaciones, sin horarios prestablecidos y rutinas, en los que también se modifican hábitos alimentarios y vestimentas.

Finalizado ese tiempo que muchos/as desearían perpetuar llega el momento de volver, y así junto a la caña de pescar quedan las risas, junto a las ojotas permanecen territorios explorados, junto al traje de baño quedan las exquisiteces y “permitidos” saboreados y cientos de fotos ahora en un celular al que se recurre para evocar esos días de gloria.

Una agencia de turismo en su sitio de internet contiene un espacio denominado “siempre es bueno volver” en el que los/as usuarios/as vuelcan sus experiencias y recomiendan lugares y diferentes destinos y hospedajes.

Hoy les propongo un ejercicio: pensar en los aspectos positivos que tiene emprender el retorno hacia lo cotidiano, tomen una hoja y escriban, se sorprenderán, pues les aseguro que si hay algo positivo que tiene una partida es sin dudas el regreso.

Enero es un mes casi filosófico, lo dedico a abrir cajas y resignificar recuerdos, ordenar cajones y acomodar también las ideas, a organizar espacios, liberar habitaciones y liberarme, y junto a las bolsas de residuos con lo que ya no es necesario, me desprendo de decepciones, traiciones y amarguras.
En enero me faltaron las letras, “estas letras”, pero las ideas y alguna lágrima, los temas y nuevos objetivos, las risas y las presencias fortuitas que me despeinaron hasta el alma, se fueron sucediendo y me invadieron.

Elogio volver, máxime si el recorrido permite elaborar cuestiones, si andar y desandar los propios pasos resulta doloroso pero superador. Celebro volver, inundada de mensajes para compartir con ustedes; y apropiándome del talento de Eladia Blázquez estoy convencida que “esta ciudad está embrujada, sin saber…por el hechizo cautivante de volver. No sé si para bien, no sé si para mal, volver tiene la magia de un ritual, yo soy de aquí, de otro lugar no puedo ser”.

(*)Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter/ @guillerizzo

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