lunes 16 de mayo de 2022
CUERPO & ALMA | 18-04-2022 13:01

Empoderada al fin

Desde muy chica siempre soñé con ser periodista y tener mi propia columna. Escribí varias imaginando mi firma en la primera página de Vogue, por ejemplo. Hoy, después de tantos kilómetros a pie y a nado en dulce de leche, me animé a pedirle a una amiga que me cumpla uno de mis sueños.

La idea es ir tachando la lista de cosas a realizar antes de que … no me voy a poner en víctima, porque esa parte la superé hace un par de años o eso creo, pero bastante dinero llevo invertido con ese fin. Es decir, estoy acá frente a una página en blanco, primero para desmitificar el horror que eso produce y segundo para contar lo que nos pasa a algunas mujeres modernas de este siglo y no queda glamoroso ni correcto decir. Por eso, sin sexo en la ciudad ni en la semana, me proclamo fan de Carrie Bradshaw y salvando las distancias y el valor del dólar, aquí me tengo amigas y amigos.

Hace mucho tiempo que me siento empoderada, creo que desde los 8 años que quede casi huérfana, por eso para mí el empoderamiento femenino no significa ocupar más espacios de los que ya ocupo. Pero como en algún momento sentí que si no manejaba un auto no iba a ser totalmente independiente, saque una licencia y me largue a las calles a hacer una de las cosas que peor hago. Con el vapor que te lleva a ser también una buena madre, me postulé por segundo año como titular del grado de mi hija, por suerte tengo un grupo de mamis copadas y tan empoderadas como yo que hacen que ese trabajo sea más fácil.

Hace unos días tuvimos la primera reunión de padres en la que se elegían las autoridades y nos pondrían al tanto del año y esas cosas que no podes no saber, por suerte para las que trabajamos presencial 8 horas, eligieron un horario deliciosamente cómodo, las 2 de la tarde, por supuesto siempre retrasada y corriendo la maratón de NY como casi todos los días de la semana, me subo al auto mientras hago varias cosas a la vez, como se debe, le dicto al Waze la dirección del colegio y me entrego a la ruta directo, incapaz de llevarle la contra, si hay algo que me niego en este mundo es a superar a las máquinas. Cuando llevaba más de 40 minutos de viaje, lo que normalmente me lleva no más de 15, me llama una amiga preguntándome si estaba lejos.

Claro que la parte de brújula en mi vida se la llevaron mis padres a un mejor mundo y me dejaron mucha valentía, porque al escuchar la voz sensual de la app que me indica la llegada, delante de mi solo pude ver el Aeroparque justo donde se encuentra la estatua de Cristóbal Colón: pues el colegio se llama igual pero queda para el otro lado de la Ciudad. Por eso, mujeres modernas si su fuerte no es manejar, tómense un taxi que allí reside el verdadero empoderamiento. 

Mientras escribo esta columna, me llega un mensaje de #marido diciéndome que los vaya a buscar con el auto desde el paraje desolado al que nos fuimos el fin de semana a descansar, que tome la ruta 11 y luego doble a la izquierda que ya estaban sentados esperándome para almorzar. En fin, la ansiedad y el desasosiego que me genera la ruta es solo comparable con el momento en que entro a la cocina para hacer algo más elaborado que calentar agua para el mate. Esa idea mágica de que cuando te casás vas a aprender a cocinar, y si no lo lográs, bueno cuando tengas tu primer descendiente, siempre me dejo impávida. No feliz con decirle a un hombre que sí para toda la vida, que ya es un montón ¿debes saber o aprender a cocinar-le? ¿y a los hijos? después de 12 horas de trabajo de parto con pujos incluidos y sentir que se va todo de ti en cada amamantada llena de amor y dulzura ¿también hay que cocinarles de grandes?

Sin vergüenza ni pudor recuerdo una vez que mi hija de un año tenía hambre y el papá no estaba, entonces se me ocurrió prepararle una sopa de cabellos de ángel, veía que mis amigas les hacían a sus hijos papilla con fideitos, me parecía muy poco gourmet pero a sus bebés les apetecía, entonces repasando los diferentes ingredientes puse la cacerola al fuego, con los fideos y el caldo. Todo en ese orden. Claro que me saltee el agua, aun tengo el aroma impregnado del cubo de caldo artificial quemado en toda la casa y lo que costó sacarlo. Por mi parte, paso de largo con la cocina. Hice toda mi carrera universitaria comiendo queso port salut y milanesas de soja duras como una roca y no morí. Pero insisto, como soy una mina empoderada, moderna y evolucionada me casé con el hombre más maravilloso del mundo...bueno, inteligente, buen padre y CHEF! Claro que sí, ahí reside realmente la verdadera igualdad de género. Y ni les cuento lo bien que se siente.

at Sole Lladó

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