Rouge

Rouge

- Cuerpo & Alma -

Madre, con “e” final

18 de octubre de 2019

Cada año, hay fechas que derivan en el ritual de escribir sobre un tema en especial o una celebración, es lo que denomino “el ritual del ritual”.

Por Guillermina Rizzo (*)

¡Rituales! ¿Pensó alguna vez en sus rituales? Seguramente consciente, inconsciente, de forma automática, sigue al pie “de alguna letra” un ritual.

Cada año, hay fechas que derivan en el ritual de escribir sobre un tema en especial o una celebración, es lo que denomino “el ritual del ritual”.

Martes por la noche, copa de vino mediante, cenaba con mi abuela, todo un ritual. En medio de tantas conversaciones mundanas y profundas que entablamos, ella lanzó su pregunta: “¿ya escribiste la columna?”.

Mi respuesta fue “viene el del día del madre”. Erguida sobre sus endebles 98 años, y con un rostro tallado por la vida, con arrugas cinceladas por el paso del tiempo, por marcas que recuerdan momentos de dicha y otras rematadas por el dolor de “sobrevivir” la muerte de sus dos hijos/as, me respondió con la viveza que la caracteriza: “modificá alguna que ya hayas escrito”.

Casi “eyectada” fui a los archivos de la computadora y revisé las columnas escritas para el tercer fin de semana de octubre de años pasados.

El objetivo principal es evitar la repetición de temas, conceptos y mensajes, agradezco que la realidad cotidiana se despliegue ante mí “dándome letra”.

¡Letras! ¿Cuestión de letras?

¿Mamá o mame?

Me pregunto cómo impactará en Usted, mi querido/a lector/a, si escribiera empleando el lenguaje inclusivo. Hoy se debate, se critica, se cuestiona, se acepta, se rechaza la dichosa “e”.

Veo en un programa de tv una historia que merece ser compartida, que interpela…

Hace cinco años la vida de una pareja cambió para siempre. Tras 11 años juntos y luego de casarse, soñaron con ser “padres”, esperando durante años que llegara “el hijo”.

Suena el teléfono con la noticia de que había un bebé esperando por una familia. El bebé que  luchó por sobrevivir 45 días en neonatología solo podía ser visto por una ventana porque no estaban “los papeles y no había autorización para acercarse”. Al mes de vida, los padres comenzaron a relacionarse con Benicio, quien tras ser adoptado, refleja un “antes y un después”; el estado de abandono deprime, marca.

Según los médicos el amor fue clave en la evolución del pequeño, quien parecía tener los días contados. Ya con el bebé en la casa, los padres advirtieron anomalías. El diagnóstico fue rotundo: parálisis cerebral con una cuadriplejia espástica.

En pocos días Benicio cumplirá 5 años, abunda el amor y los cuidados, y una familia que no se da por vencida, organiza eventos para juntar dinero para una operación.

Vienen a mi mente otras historias que interpelan: Sheila, Camila y tantas otras niñas. Escalofríos me recorren. Tenían mamá, si con “a” y acento. ¿Me pregunto si en la vida de estas pequeñas abundaron el amor y los cuidados? Me atormenta pensar en sus últimas horas y me atormenta aún más pensar la cantidad de niños y niñas vulnerables que hay como Sheila y Camila.

Mientras tanto debatimos si cabe o no el uso del lenguaje inclusivo; “algunes” lo defienden, “otres” se oponen…

Mi reflexión es con “e”, madre termina con “e…”.

La maternidad es una función que trasciende una placenta y la sangre que heredamos, es un sello indeleble que acompañará hasta el final de la vida. Madre, con “e” es tener esa capacidad de no dejar al más vulnerable librado a la muerte física y simbólica.

Benicio fue rescatado de una muerte prematura, de una vida sin sentido; quienes tuvieron la grandeza y el deseo de generosa “tarea” son Damián y Pablo. Amor que inhabilita debates estériles cuando miles de “niñes” están en riesgo.

¿Mamá o mame? ¿Madre? ¿Padre? Cuando se trata de amar, cuidar, sostener, cuidar, nutrir, significar y proyectar una vida con sentido hay cuestiones que ya deberían están superadas. ¡Feliz día!

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter /@guillerizzo

F.D.S./

Un pensamiento en “Madre, con “e” final”

  1. Muy importante difundir la diversidad.Tengo 74 años ,soltera ,docente jubilada ,hace 30 años adopté una bebita recién nacida Paloma de la Paz ,a los ocho meses ,le diagnosticaron hidrocefalia ,tiene cuatro recambios valvulares ,el último en el 99 .Demasiada problemática afrontamos ,social y económica .Hoy Paloma se encuentra bien ,trabaja y es una mujercita alegre .Somos muy felices .Sólo yo y Dios sabe lo que tuve que soportar .Tengo dos libros en la calle Editorial del Boulevard «Todas las nueces son para mí » 2º edición , y «Valentine y el hada de los sueños » autora Perla Martínez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *