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- Cuerpo & Alma -

¿Cómo votamos?

11 de octubre de 2019

Estamos en plena campaña electoral y comparto con ustedes mis queridos/as lectores/as algunos interrogantes.

Por Guillermina Rizzo (*)

Estamos en plena campaña electoral y comparto con ustedes mis queridos/as lectores/as algunos interrogantes.

¿Se relaciona la Psicología y la Política? ¿Psicología Política? ¿Votamos por la razón, la influencia o la emoción? ¿Elegimos libremente?

Persuadir, influir, manipular, convencer, satisfacer… Verbos investigados hasta el cansancio por la Piscología y las Neurociencias, hoy están también a merced del Marketing Político para el diseño de costosas campañas políticas; pues conocer minuciosamente pensamientos, deseos, necesidades y emociones de la gente es indispensable para conseguir los tan ansiados y necesarios votos.

Días en los que somos testigos, partícipes y hasta desertores de numerosas estrategias, implementadas con excelencia y también con torpeza, en la que los/as autores/as pretenden estimular la toma de decisiones en favor de un/a candidato/a, una propuesta (pocas), una marca.

Si le dijera que en un ejercicio tan simple como lo es entrar al cuarto oscuro, elegir una “papeleta”, doblarla, guardarla en un sobre y depositarla en una urna se ponen en juego casi una decena de conceptos ustedes no lo podrían creer, claro está, son conocidas por quienes manejamos ciertas disciplinas.

La “semejanza” hace que nos inclinamos por “alguien como uno”, pues nos identificamos con aquellos similares a nosotros o al menos al ideal al que aspiramos; por ello ustedes ven que en toda campaña adoptan vestimentas, palabras, modismos, gestos y costumbres equivalentes a la de la población en la que se pretende impactar.

La “autoridad” hace referencia a aquellas figuras tales como científicos, deportistas, periodistas, empresarios, con dominio en sus áreas, pero con escasos conocimientos y experiencia en el terreno político; igual se lanzan a la contienda, pues está comprobado que las personas se inclinan hacia figuras de autoridad y éstas pueden influir en la decisión de los votantes.

La “simpatía” o efecto halo se traduce en “¡qué bien me cae tal candidato!” o “tiene cara de buen tipo” es la primera impresión. Producto de ciertas características en su mayoría físicas ocasiona que se atribuyan otros rasgos que el candidato tal vez no posea, sin embargo puede que ustedes sean seducidos/as y lo voten.

Tendemos a aceptar sin razonamiento aquella información que confirma nuestras creencias, por el “sesgo confirmatorio” es que el candidato implementa en su discurso aquello que ustedes quieren escuchar.

La “reciprocidad” es el mecanismo que se pone de manifiesto en sectores que reciben dádivas o asistencia, la norma implícita es retribuir con el voto aquello que fue recibido.

La “familiaridad” se manifiesta a través de la saturación con la cara del candidato en afiches programas de tv, visitas; estudios confirman que se elige lo que se conoce.

El principio de “conformidad social” hace referencia a cómo nos adaptamos a la opinión de la mayoría, copiar la conducta o el voto es un rasgo presente en el grupo de indecisos.

Si ustedes creían que su decisión era libre lamento informarles lo contrario, a todos/as nos sucede y lo confirman los millones invertidos en estudios y campañas; no obstante, el 27 de octubre vaya y vote con la mayor libertad.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter /@guillerizzo

F.D.S./

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