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- Cuerpo & Alma -

El poder de los abrazos

1 de abril de 2018

Por Guillermina Rizzo*

¿Gajes del oficio? ¿Hacer preguntas para que ustedes encuentren las respuestas? Me preguntaba qué tema abordar en este domingo especial.

Soy usuaria de redes sociales, fiel a mi estilo publico ideas propias y ajenas, siempre hay alguien generoso dispuesto a leer, compartir, disentir, coincidir, también a ignorar. Esta semana una frase que no fue casual tuvo considerable repercusión, evidentemente muchos se identificaron o simplemente les gustó.

La frase en cuestión, cuyo autor es Alejandro Jodorowsky Prullansky, artista chileno, creador de la psicomagia, reza “un día alguien te va a abrazar tan fuerte que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo”. Entonces ¿Por qué no escribir sobre los abrazos?

Según el Diccionario de la Real Academia Española abrazo es la “acción y efecto de abrazar”, y abrazar tiene varias acepciones: “estrechar entre los brazos en señal de cariño; rodear, ceñir; comprender, contener, incluir”.

Expertos en abrazos sostienen que para poder brindarse a los otros primero hay que empezar por uno mismo y recomiendan trabajar los autoabrazos como un ritual que nutre, autoafirma, estableciendo un vínculo auténtico en el que se fundamenta el amor propio. Sin autoconocimiento, sin registro de los propios deseos, es imposible fundirse con el otro; es decir que para poder transmitir es necesario conocer y comprender lo que se quiere hacerle llegar a un destinatario. Abrazarse a uno mismo, abrazar las propias emociones, abrazar una idea, un ideal, a otros, a la vida, implica rodear, incluir y también soltar, exige reconocer y construir con los propios brazos y sentimientos.

La ciencia se expide y formula los beneficios que aportan los abrazos: optimizan las relaciones interpersonales, aumentan la autoestima, originan una sensación de tranquilidad y bienestar, el destinatario percibe protección y seguridad; quien lo ofrece brinda energía, fortaleza y contención, también disminuyen el estrés.

Así como hay personas, relaciones y situaciones, hay abrazos; diferentes en intensidad y duración, varían de acuerdo al mensaje que se quiere transmitir, abrazar es un arte y se puede establecer una tipología.

Basta con ver un joven recién graduado en las puertas de la universidad o un equipo deportivo campeón para advertir el abrazo grupal; simboliza unión, apoyo incondicional y todos quieren ser parte de ese momento de alboroto reconfortante y afectuoso. En el ámbito familiar, y emulando un sándwich, es habitual que padres e hijos se estrechen en un abrazo, ya sea en momentos de alegría o de dolor.

La formalidad no impide que dos personas luego de un apretón de manos se abracen moderadamente acompañando con una palmadita en la espalda; en las antípodas se encuentra el ya popularizado “abrazo de oso”: impetuoso, portador de buenos deseos, prolongado y colmado de efusividad.

No se puede negar que hay abrazos de compromiso, fingidos y actuados, un verdadero desperdicio; también existen seres incapaces de abrazar, pues experimentan incomodidad e invasión.

Pareja y abrazo son conceptos indisolubles, permanecer abrazados, dormir abrazados, caminar abrazados son variantes; corona la lista ese abrazo que toma por la espalda y… despliegue su imaginación mi querido lector.

El abrazo es habitado por palabras, risas y lágrimas, invade silencios, sana, estimula, contiene, consuela y excita. Esta semana recibí muchos abrazos, indescriptibles, esos que calan profundan, eternos por unos segundos o minutos, en los que se pierde la dimensión del tiempo; juntó algunas partes rotas y luego me impulsó a abrazar la vida.

Hoy Domingo de Pascuas, es un día más que propicio para dar y recibir abrazos. Me despido hasta el próximo domingo. Un abrazo.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo