Rouge

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- Cuerpo & Alma -

Cantar y trenzar, o los talentos de una heroína

26 de agosto de 2012

Por Mercedes Carreira*

¿Recordamos a esa madre embarazada del cuento de los hermanos Grimm que tiene unos antojos tan desmedidos de comer los rapónchigos (o verdezuelas) del huerto de su vecina Madre Gothel (obviamente una bruja), que su marido decide robarlos y al ser sorprendido promete darle la niña que nacerá…? ¿Y que luego Madre Gothel la encierra en una torre “sin puertas ni escaleras”?

Hasta aquí, el relato nos dice que la bebita es entregada a la bruja –porque era más importante que la madre saciara su antojo de rapónchigos- y luego abandonada en una torre -símbolo de privación de libertad y aislamiento- a los doce años. ¿Qué tipo de cariño, que nutrición emocional recibió la pequeña de su madre y de Madre Gothel? Ninguna. ¿Estamos antes dos “madres”?, ¿o en realidad representan dos caras de la misma moneda? Disociarlas le permite a un niño conservar una imagen positiva de su mamá, cuando existe una relación difícil de abordar o de comprender -según Bruno Bettelheim-. Una cara de la moneda materna es antojadiza, caprichosa, y la otra, es posesiva; las dos priorizan sus deseos y necesidades y no ven a Rapunzel ni le dan lo que necesita para que tenga un desarrollo emocional sano. El hambre de comida, de afecto, de seguridad, juega un papel importante en el cuento –recordemos la niña se llama igual que la planta que sirvió de alimento a su progenitora-. Hay una madre hambrienta, con las entrañas vacías, con un deseo devorador que es insaciable, y otra, la madre bruja, que verá en la niña el objeto que saciará el “hambre” que tiene de compañía, por eso la encierra y aísla del mundo, la quiere para ella. Aclaremos que la madre siguió su vida con su marido y Madre Gothel no vive como ermitaña en la torre, tiene una vida -¿qué hará en sus ratos libres?-.

El cautiverio y soledad de Rapunzel son absolutos, como no hay puerta ni escaleras, incluso la bruja tiene que convencerla para que suelte sus cabellos -su esencia misma- para poder subir. Al estar cautiva, la joven desconoce otras formas de relacionarse, por eso coopera sin cuestionamientos y hace lo que Madre Gothel le pide. La bruja desea que Rapunzel permanezca junto a ella para siempre, como una hija fiel. Representa la sombra de lo femenino. Ese aspecto que se interpone en el camino hacia el crecimiento, hacia la madurez emocional, hacia la realización de una mujer. Generalmente en los cuentos el depredador se presenta bajo la apariencia de un varón, pero vemos que a veces viste ropajes femeninos.

En la vida real podemos observar a madres-niñas que no pueden nutrir el alma de sus hijas por el vacío que ellas tienen; y posesivas madres-brujas que no desean que sus hijas se aparten de ellas. Y también vemos a hijas que cuidan de sus madres -aunque ellas no han recibido esa atención-, con poca conciencia de sus propias necesidades y que se privan de tener una vida.

Pero no todo está perdido, Rapunzel tiene su canto y su cabello -“No contaban con mi astucia”, diría el chapulín Colorado-. Los antiguos griegos y otros pueblos creían que el pelo del hombre era la fuente de su fuerza. Con su largo cabello, en sus largas horas de ocio, mientras canta, se hace trenzas… que se convertirán en su pasaporte al mundo, al encuentro con el príncipe –su animus, la energía masculina que la ayudará a enfrentar a la sombra-. Por eso, la malvada bruja luego se las cortará para acabar con su lazo hacia la libertad y el amor.

En el cuento vemos que Rapunzel es una heroína, no en el significado clásico de la persona que es admirada porque realizó una hazaña extraordinaria, que requiere de mucho valor… es una heroína porque tiene la capacidad de resiliencia, logra hacer un reajuste saludable de su realidad ante la adversidad: madres oscuras, cautiverio. La resiliencia implica más que sobrellevar los embates, los dolores, las crisis o sobreponerse al temor a los riesgos, es tomar cada circunstancia adversa como un desafío que pone a prueba todas nuestras potencialidades. Y Rapunzel canta y trenza… se apoya, se nutre de lo único que le es propio, lo único que no le pueden quitar, porque aunque le corten los cabellos ellos crecerán y aunque la destierren al desierto, su canto se escuchará.

No importa si atravesamos un momento crítico, en que todo parece adverso… apelemos a nuestra creatividad, recurramos a nuestros talentos, busquemos en nuestro interior “nuestras trenzas y nuestro canto”. Respondamos con entera sinceridad a estas preguntas: ¿qué o quién encarna a mi madre oscura?, ¿qué poder le otorgo sobre mí?, ¿dónde estoy encerrada?, ¿hay salidas, hay puertas, hay ventanas?, ¿cuál es mi talento?, ¿lo tengo en luz -hago uso de él- o lo tengo en sombra -lo niego, lo desconozco, lo descalifico-?, ¿qué quiero para mi vida?
Rapunzel nos invita a que seamos valientes, arriesgadas, creativas, nos sobrepongamos al presente y al pasado y nos transformemos en heroínas de nuestra historia.

* Coordinadora del Taller de Escritura Creativa y Autoconocimiento Había una vez…