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Flavia Company: «La empatía permite que la vida humana siga siendo posible»

Flavia Company
20 de febrero de 2020

La autora de «Que nadie te salve la vida» cuenta los detalles de su última novela, donde se entrelazan la muerte, la vida y el perdón.

Por Anabella Gonzalez

A Enzo, el protagonista de la novela, un amigo le salva la vida. Sin pedirlo, sin recurrir a su ayuda, Víctor decide evitar su muerte. Lo que no sabe Enzo en ese momento, pero lo entenderá tiempo después, es que eso que no pidió y no eligió —seguir viviendo— no será gratis, y que su amigo le pedirá que traspase sus propios límites para saldarlo.

De eso, en principio, se trata «Que nadie te salve la vida» el último libro de Flavia Company, periodista y  escritora. «¿Le debemos nuestra vida a alguien si nos la salva? ¿Puede pedirnos que lo gratifiquemos por eso?» se plantea la autora para contar esta historia, que involucra a cuatro personajes que se vinculan entre sí por la muerte, la empatía y el perdón.

—“Que nadie te salve la vida” plantea un debate, interpela y de cierta forma le quita “lo heroico” al hecho de salvarle la vida a otros. ¿Cómo surgió en vos la idea de escribir una ficción sobre este tema? 

—¿Qué distancia hay entre gratitud y deuda?¿Qué diferencia entre donación y favor? Estas son tal vez las principales preguntas que se esconden tras ese acto hasta cierto punto azaroso de salvar la vida a alguien; un acto que, a pesar de ser casual, muchas veces, sin duda, se convierte en algo causal, es decir que trasciende y tiene no pocas consecuencias. ¿Le debemos nuestra vida a alguien, si nos la salva? ¿Le debemos un trato especial? ¿Puede pedirnos que lo gratifiquemos por ello? Somos conscientes de que sin su intervención habríamos muerto. ¿Entra ahí el poder? Y si entra el poder, ¿cómo se gestiona? No existe el mal, existe el poder, dijo Krishnamurti. Que Nadie te salve la vida muestra la veracidad de esa afirmación.

—El libro pone en discusión los límites morales de las personas, y las deudas por los favores que a veces no se piden. Enzo se ve obligado a tomar una decisión a pedido de su amigo. ¿Por qué crees que no pudo decir que no? 

—Pudo decir no. Es es una de las cuestiones que plantea la novela. Podemos decir que no. Podemos elegir. Cada uno de nuestros actos tiene consecuencias. Debemos ser conscientes de ello, darnos cuenta y responsabilizarnos de lo que decidimos. Nadie puede obligarnos a nada. Negarse es siempre una posibilidad, por drástica que sea. Lo que cabe preguntarse es por qué tomamos las decisiones que tomamos, qué miedos, qué intenciones, qué objetivos se esconden tras nuestras opciones. Dónde queda la dignidad, dónde empieza la humillación. Por qué no hay nada genuino en lo que se realiza con una intención ulterior. El cálculo es una fuente de mentiras, de engaños.

—De una u otra forma, la muerte involucra a todos los personajes de tu libro, y los hace reaccionar de maneras diferentes ante cada circunstancia. ¿Cómo es tu vínculo/ acercamiento con la muerte? 

—La muerte es la base incuestionable de todos los miedos humanos, y por lo tanto de todas las conductas injustas, egoístas, crueles, avariciosas, abusivas, violentas. El único modo de vivir una vida sin miedo es pensar sin miedo la muerte. Comprenderla. Si la aceptamos, vamos a aceptar la vida. Si no, vamos a intentar controlarla, lo cual ya desde la formulación misma de la frase es un absurdo. La ilusión de controlar la vida es la otra cara del espejo: es la ilusión de controlar la muerte. La situación de mis personajes hace que deban plantearse qué significa vivir, matar, sobrevivir. Y los divide en dos grupos: los que acaparan y los que dan; los que aman y los que negocian; los que empatizan y los que calculan. Todos tienen sus razones. Unos se esfuerzan, los otros fuerzan. Inteligencia o poder. 

—En el libro hay varios puntos de vista: el de Enzo y Víctor, que da título a la historia, y el de Berta y Matías. La perspectiva de cada personaje permite, de cierta forma, empatizar con cada uno. ¿Cómo decidiste entrelazar esas historias desde la perspectiva de cada uno de ellos?

—La estructura de la novela responde a la ilusión que siempre tuve de escribir una novela en que los distintos hechos se entrelazaran como fichas de dominó que caen una sobre otra y organizan una forma totalmente distinta de la que había al comienzo. En este caso todos los personajes están relacionados por la idea del perdón. Pedirlo o no pedirlo. Darlo o no darlo. Es el eje de la historia. Creo que el perdón es el lubricante que permite al mundo seguir rodando. 

—¿Cómo lograste canalizar esas disyuntivas desde el punto de vista de cada personaje? ¿Tuviste dudas sobre qué camino “debían tomar”?

—Justamente la idea era que cada una de las cuatro partes en que está dividida la novela planteara una disyuntiva moral. Un dilema. ¿Vos qué harías? Les lectores pueden elegir lo que eligieron los personajes, sí, pero con la misma autoridad pueden defender que habrían hecho todo lo contrario de encontrarse en su lugar. Y ahí encontramos la función catártica de la literatura, justo en la empatía que mencionabas con gran acierto en tu pregunta anterior: Si yo fuera vos; si vos fueras yo. De nuevo, el ejercicio que permite que la vida humana siga siendo posible. Gracias a quienes son capaces de la empatía.

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