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- Cuerpo & Alma -

La celebración de elegir

25 de octubre de 2019

Renovar la confianza, volver a creer, tal vez probar, en definitiva es la posibilidad de ejercer este derecho.

Por Guillermina Rizzo

¡Y si mis estimados lectores/as! ¡Se acerca el día!

Seguramente hay quienes aún no saben, están quienes lo hacen desde la decepción y la resignación, y en verdad lo lamento; hay quienes lo realizan como un ejercicio más y de forma mecánica; hay otros que cumplen con un mandato casi familiar; y otros – dentro de los que me incluyo- que lo viven como una verdadera fiesta. Renovar la confianza, volver a creer, tal vez probar, en definitiva es la posibilidad de ejercer el derecho de elegir.

Tras semanas en las que fuimos testigos y partícipes de campañas políticas, reflejadas en radios, pantallas televisivas, celulares, tablets, computadoras, paredes y cuánto espacio habilitado se le ocurra, hoy vale pensar que el voto es un trascendental”, al menos para la democracia.

¿Qué es votar? Tal como formulan los especialistas ¿hay diferentes tipos de votos y votantes?

Según el Diccionario de la Real Academia Española voto tiene su origen en un vocablo latino votum, y es la “expresión pública o secreta de una preferencia ante una opción”.

Los candidatos han perseguido los votos como un cazador a su presa, y se ha hablado de diferentes tipos: “útil”, me pregunto para quién o para qué; “voto inteligente”, siendo este un factor de discriminación, pues elegir es un derecho que trasciende el cociente intelectual; voto “castigo, comprado, vendido, volátil, optimista”, “voto heladera”, y podríamos seguir adjetivando el voto de acuerdo con los deseos y expectativas de cada votante.

Según Daniel Eskibel, psicólogo y consultor político, autor de libro “Maquiavelo y Freud. Psicología política para ganar elecciones”, sostiene que hay cuatro tipos de votantes. Los “duros” son esos electores que siempre van a votar al candidato X, haga lo que haga, pase lo que pase, son fieles, seguros e inamovibles. Los considerados “blandos” son aquellos como “la persona indecisa”, está pensado en votar al candidato X, tiene puntos de coincidencia, está a punto de “dar el sí” pero aún es permeable a hechos, palabras, gestos, imágenes, duda y hasta puede llegar a cambiar de opinión.

Luego, están los “posibles”, quienes sienten cierta simpatía, pero aún no están absolutamente convencidos; por último, los “imposibles”, volviendo a la metáfora de “la persona indecisa” es como un amor imposible” ya que el candidato, haga lo que haga, diga lo que diga, (algunos hasta hacen el ridículo), pase lo que pase, jamás lo van a elegir.

Debra Satz, dedicada a la filosofía política y autora del libro “Por qué algunas cosas no deberían estar en venta. Los límites del mercado”, sostiene que el derecho al voto, aun cuando se ejerza, posee valor relativo si una franja significativa de electores no accedió a la educación suficiente como para leer en las boletas algo más que el nombre de un candidato y comprender lo que implica esa elección.

El domingo ingresaremos nuevamente al cuarto oscuro, que por cierto no es oscuro, es un momento que no debe ser tomado a la ligera, pues si bien los votos se cuentan, estoy convencida del valor cualitativo; en un voto confluyen deseos, expectativas, errores pasados y la posibilidad de confiar en una propuesta.

El 27 de octubre de 1983, Ricardo Alfonsín cerraba su campaña en la Plaza de la República, con la tecnología de la época, sin estridencias decía: “…Y que nadie se equivoque, que la lucha electoral no confunda a nadie; no hay dos pueblos. Hay dos dirigencias, dos posibilidades. Pero hay un solo pueblo…”.

¡Se acerca el día! y tal vez no dimensionamos que es el momento para definir un futuro, nuestra historia; es mi deseo que lo que la mayoría elija se convierta en lo mejor para todos/as.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter /@guillerizzo  

F.D.S./

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