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- Cuerpo & Alma -

Por qué estoy llorando a la Singer

4 de enero de 2019

Cierra la fábrica más emblemática de máquinas de coser en Argentina. Algo más que un objeto útil.

Por María José Bonacifa (*)

Tener “una Singer”. Dicen los expertos en marketing que cuando la marca reemplaza al producto en el imaginario colectivo, éste ya está posicionado. Casi no existe un argentino que no sepa lo que es “una Singer” (salvo los millennials, que se jactan de no saber muchas cosas pero eso es harina de otro costal). También en los países vecinos la marca ha pisado fuerte durante varias décadas.

Lamentablemente a diario se informa el cierre de diferentes industrias, pero éste, en particular, me tocó el alma. Debe ser porque en mi árbol genealógico cuento con una modista por la rama paterna y un sastre por la materna. Pero adivino de muchos de los que me leen recuerdan haber visto en la casa de su abuela, su tía o su madre una Singer de las que hoy se han convertido en un objeto cool de decoración, Si no la máquina completa, su pie sirve de mesa para adornar un rinconcito de un PH con onda hipster.

Con el tiempo se fueron modernizando y dejaron de ser ese mueble importante para convertirse en portátiles y con pedal eléctrico. Recuerdo a mi tía Betty, que abrazó la costura ya con hijos criados pero con gran pasión, llevar su Singer portátil al lado de la pileta en un caluroso verano y hacernos unas blusas divinas con sábanas que ya no servían. Su imagen, en bikini y con el pedal eléctrico, dista mucho de la de mi tía, Lina, con el pedal manual haciendo un repasador o de la de mi mamá que había aprendido en su clase de costura a hacer bordados con la máquina y produjo decenas de vestidos para mis cumpleaños infantiles. O a Graciela, mi vecina de la infancia que empezó haciendo arreglos pequeños y hoy tiene un atelier de vestidos de novia.  Si me habrá salvado con su Singer cuando iba un jueves en aquellos años adolescentes de mucho compromiso social con un retazo de género y le decía “Grace, auxilio, no tengo qué ponerme”, Y ella me preguntaba “¿Para cuándo lo querés?”. Y entre sonrisa y cara de espanto con su Singer complacía mi “lo necesito para mañana”.

Cuando un compañero de la redacción me lo comentó, me preguntó si no se tomaría a mal que en este espacio considerado femenino (pero siempre leído tanto por hombres como por mujeres), hablemos de la máquina de coser. Porque claro, estamos todos temerosos de cada paso y cada palabra, conscientes de que es necesario incluir la perspectiva de género en el periodismo, pero cautelosos de no alterar a ningún verdugo de la palabra que tilde de misógina cualquier expresión o foco que podamos darle a nuestros contenidos.

La verdad es que creo que, por el contrario, lejos de estigmatizar a la mujer pensándola junto a una máquina de coser, “la Singer” fue una herramienta emancipadora, que sirvió a muchas madres a sostener sus hogares sin dejar de lado el cuidado de sus hijos en épocas en las que salir de casa no era tarea fácil. Y en mi caso, que he visto a una sastrería funcionando al completo con señores haciendo maravillas con ellas y también por supuesto rematando con aguja e hilo, complemento indispensable para toda buena pieza de costura.

Importadas a varios países del mundo, el video muestra una sastre del Teatro Municipal de Santiago de Chile, orgullosa de su Singer.

Macoser fue fundada en 1954 por Anselmo y Aquiles Macchieraldo en San Francisco, Córdoba y es la licenciataria de la marca en el país. Y para fortuna de sus empleados, que no quedarán en la calle como los despedidos de otras industrias, se reconvertirá en una fábricas de cocinas.

Muchas seguirán funcionando a todo vapor, hasta que se vayan rompiendo y agotando sus repuestos. Y aunque a veces me niego a creer que todo tiempo pasado fue mejor, “la Singer” solo me trae buenos recuerdos.  Charlas, mates, complicidades, llantos y alegrías. Momentos inolvidables con una Singer de por medio.  Espero haber despertado algunos de los suyos.

Y para terminar, les confieso que tengo una esperándome. Modelo Florencia y sin estrenar. La compré hace unos años y nunca encontré el tiempo para hacerla funcionar. Pero se que ella me va a esperar.

 

(*) Editora ejecutiva de Perfil.com- Editora de Rouge.

 

Un pensamiento en “Por qué estoy llorando a la Singer”

  1. Tengo dos Singer,una a pedal de 1924 y otra convertida a eléctrica, de 1921. Dos maquinones! Las amo y las uso!!! Cada una tiene una chapita con un número y en la página de Singer con ese número se puede av. su año de fabricación y el país y fábrica de origen.

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