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- Cuerpo & Alma -

Paternidad: verbos en tiempo presente

17 de junio de 2018

Es un vínculo, un estado y una situación de las que no hay retorno.

Por Guillermina Rizzo*

¡Palabras! Cada vez y con mayor frecuencia me detengo en las palabras. Pienso, juego, combino, analizo, las hilvano en ideas, las tejo en mensajes. Confieso que estoy enamorada también de las palabras, pues mi amor puesto en ellas demanda tiempo, energía, conocimiento, placer, también creatividad.

Sustantivos, adjetivos, verbos, se entremezclan con situaciones reales e imaginarias, con experiencias propias y ajenas, con personas conocidas y desconocidas, también con algunos que otros personajes, algunos que debieran ser inmortalizados y otros sepultados.

¡Haber! Es verbo, también sustantivo. ¡Hubiera, hubiese! Dos formas del mismo tiempo verbal, pretérito imperfecto simple de modo subjuntivo, con significado idéntico. Se lo emplea en oraciones condicionales, también en situaciones dudosas, inciertas, hipotéticas e imposibles.

¿Hubiera o hubiese? Verbo e interrogantes que irrumpen en situaciones de las que generalmente no hay retorno y, emergen con fuerza cuando ya es demasiado tarde: si hubiera dicho… si hubiese hecho… si hubiera estado… si hubiera o hubiese…

Papá, padre, paternidad, es un vínculo, un estado y una situación de las que también no hay retorno. Desde que un hombre se convierte en padre su vida estará signado por una serie de verbos: ser, estar, parecer y semejar (un héroe), alimentar, ayudar, sostener, compartir, acompañar, colaborar, sugerir, disentir, consensuar, rivalizar, revelar y rebelar, exigir, interrogar, responder; AMAR con mayúsculas.

¿Los adjetivos? ¡Calificativos! Son palabras que catalogan y evalúan implacablemente; corren y correrán por cuenta de los hijos: bueno, malo, responsable, irresponsable, maduro, inmaduro, trabajador, holgazán, respetable, admirable; seguramente usted tiene su propia lista.

Deseo, casualidad, azar, accidente, desliz, palabras que derivan al cabo de meses en una función que debiera ser indelegable, y que “se la vive” mediante presencias o plagada de ausencias; es una función sin retorno.

La paternidad es una referencia, constante, permanente; dolorosamente también lo es por omisión, negligencia, descuido; va más allá del simple trámite de otorgar un apellido, de proveer alimentos y asegurar escolaridad.

Durante siglos, sociedades y culturas patriarcales fueron prodigiosas en habilitar y legitimar excusas para silenciar “el ausentismo”; excusas disfrazadas de reuniones de trabajo, horas extras, traer el dinero a la casa, desfigurando así el rol y la función paterna.

Sigmund Freud decía: “No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”; necesidad que se cubre al mismo tiempo que se la descifra, que excede a los libros y especialistas, puesto que educar un hijo implicar estimular sin asfixiar, cuidar y al mismo instante liberar; alentar a transitar recordando dónde está el refugio.

En una mezcla de realidad, sueños, ensueños, también sobresaltos y pesadillas; la paternidad se va aprendiendo y desplegando, aunque no se ejerza, se la omita o repliegue, en algún momento da lugar al pretérito imperfecto: ¿si hubiera o hubiese estado, permitido, acompañado…? ¿Tiempo de verbo pasado, tiempos perdidos?

¡Hubiera o hubiese! El subjuntivo es un tiempo verbal relativo que expresa una acción no finalizada, incierta; nunca se deja de ser padre y es también incertidumbre.

Pienso en las palabras, hijo es un sustantivo, parte de su etimología significa “pararse”, también “sustancia”, nada más sustancial que conjugar verbos en tiempos “presentes”; no cabe la paternidad pretérita cuando se anhela lograr que un hijo se pare ante la vida, la transite y la viva con sentido. ¡Feliz día!

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

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