Rouge

Rouge

- Cuerpo & Alma -

Fútbol, magia y catarsis

10 de junio de 2018

Por Guillermina Rizzo*

“La soltó como a una lágrima…”. “Traigan sponsor, que ésta es la jugada del día…”. “¿Qué digo gol? ¡Recontra golazo!”.  “¡Aquí comienzan 90 minutos del deporte más hermoso del mundo!”, son algunas de las locuciones en boca de relatores que se tornaron en frases memorables.

Cada cuatro años, hay una pausa en la rutina que comienza con una ceremonia inaugural, que paraliza a la sociedad y despierta pasiones cuando “el equipo” sale a la cancha.

Parafraseando a La Versuit ¿es un mes donde se vive “la argentinidad al palo”? ¿La “celeste y blanca” logra unirnos y se diluyen las diferencias? ¿Nos acoplamos en una emoción colectiva?

Se define como identidad nacional al conjunto de rasgos propios de la comunidad, es una construcción social, histórica y cultura; según el historiador Felipe Pigna, la historia de un país es su identidad.

Si bien en un mundo globalizado en el que costumbres ajenas a las propias, hábitos foráneos permean cotidianamente y distintos rasgos culturales se “infiltran” de manera imperceptible,  ocasionando que no se pueda concluir en la existencia de una identidad que incluya a todas las clases sociales, a todos los grupos, lo cierto es que la persona tiene una necesidad de asirse a valores, sentimientos, personalidades e íconos: el mate, los alfajores, el tango, René Favoloro, César Milstein, el dulce de leche.

Años ya transitados fue “el Diego y la mano de dios…” ahora es “Lio Messi”, la relación entre identidad y fútbol son para la mayor parte de los argentinos una combinación indisoluble. Estudios de identidad nacional revelan que la adhesión a un país está ligada a simbolismos y, que una camiseta de un equipo sea portadora de los colores de la bandera remite a la representación de país.

El fútbol para los argentinos es un símbolo poderoso y como tal en pocos días junto a los televisores y pantallas se encenderán pasiones, ilusiones y esperanzas, se multiplicarán las ganas de ver, de ser parte, y de ganar.

Comienza el mundial 2018 y para muchos se vivirán días intensos, colmados de expectativas, el bar, la oficina, las vidrieras, el taxi, la escuela, tendrán el eco de un estadio y cierta adrenalina que alcanzará su punto cúlmine en una exclamación de gol.

Enrique Pichon-Rivière en “Psicología de la vida cotidiana” sostenía que el fútbol “es un ritual que congrega a espectadores y equipos en una ceremonia que tiene algo de magia y algo de catarsis”.

Magia que se expresa cuando el fanático se convierte en director técnico sugiriendo jugadas y cambio de jugadores desde el sillón junto a la familia; magia cuando millones de argentinos empujamos la pelota al arco asumiendo que la energía de un país consolidará el gol. Catarsis en cada exabrupto por la corrida de un “barrilete cósmico” que es interferida por un golpe del adversario; catarsis en cada grito de gol como corolario de lo impensado, de lo creado, de lo inexplicable.

Serán jornadas en las que paradójicamente las distancias nos unen, las diferencias se minimizan, las palpitaciones aumentan y se vibra como si fuéramos parte de una tribuna en medio del calor que se empieza a sentir en Rusia; noventa minutos en los que se apaga el celular o más de uno muta en crítico de fútbol transmitiendo ideas simultáneamente en las redes sociales; momentos que se inmortalizan en una impensada “selfie” con la suegra…

Se acercan días en los que problemas seguramente no se resolverán, pero en cuanto suenen las estrofas del Himno Nacional Argentino se caerán las lágrimas y, tal vez por fin entenderemos que se gana cuando decidimos patear todos juntos para el mismo lado: ¡Vamos Argentina!

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo