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- Cuerpo & Alma -

La sorpresa, desatando emociones

11 de marzo de 2018

Por Guillermina Rizzo*

¡Sorpresa! Lectores y lectoras, no se entusiasmen; no habrá premios; ya les aviso que si leen esta columna y participan con su comentario o la comparten, no hay ni viajes, ni cenas, ni sesiones de spa, ni un kilo de asado, no tengo nada para sortear.

Tal vez el premio, y un tanto egoísta, es mío por el simple y generoso hecho de que ustedes leen este espacio.

Seguramente, al igual que yo, ustedes son de los que se emociona, y no lo nieguen porque el abanico de las emociones es muy amplio y no consiste únicamente en sentir ese estado casi indescriptible y acompañado de alguna lágrima; lo que concierne a las emociones es muy vasto, excede este espacio y obviamente es uno de los temas centrales de la Psicología.

Tal vez ustedes, sean de esos que dicen “ya nada me emociona”, en ese caso los desafío a que continúe leyendo, seguramente se va a emocionar.

Personas y hasta animales experimentan fuerzas poderosas, motores que se activan en distintas situaciones cotidianas, vitales y también ante decisiones trascendentes. Las emociones están presentes e implicadas hasta en circunstancias imperceptibles. Conocerlas, distinguirlas, dominarlas, es un desafió, educarlas es una asignatura pendiente de nuestro sistema educativo.

El vocablo emoción tiene su origen en el latín y sus significados remiten a palabras tales como impulso, movimiento, mover. Es habitual confundir los sentimientos y el afecto con las emociones, pese a ello ésta última es más amplia, compleja, y múltiples componentes se hallan involucrados.

La emoción tiene varias funciones, por medio del sistema cognitivo se decodifica la sensación y se “debería” actuar en consecuencia; es una vía para comunicarse con los otros, y cumple funciones adaptativas.

A su vez distintos autores establecen clasificaciones; las emociones positivas son obviamente agradables y el ser humano se esfuerza por perpetuarlas. Dentro de ellas se encuentra el amor y lo relacionado a los vínculos; la felicidad, con gran impacto en la vida en su conjunto, favorece la recepción e interpretación positiva de los estímulos ambientales, facilita la empatía y beneficia el rendimiento cognitivo; y el humor como respuesta a un estímulo divertido que desencadena, sonrisas, risas y carcajadas.

Las emociones negativas son desagradables, se experimentan ante una amenaza, pérdida o presencia de obstáculos, requiriéndose el accionar de importantes recursos cognitivos para resolver la situación. Dentro de este grupo se encuentra la ira que es una reacción de irritación, cólera o furia causada por indignación, entre otras. El miedo está vinculado al peligro y la inseguridad; la tristeza a diferencia del miedo surge en relación con hechos ligados al pasado; y el asco, una de las emociones más complejas, con respuestas fisiológicas presentes como consecuencia de la repugnancia.

¡Sorpresa! Emoción neutra por excelencia, ni positiva ni negativa, ni agradable ni desagradable, pero que permite la aparición de las emociones en sí. Ante un hecho imprevisto, extraño, se despliegan funciones tales como analizar, identificar y valorar los desencadenantes, para luego del procesamiento surja alegría, miedo, dolor, ira u otras emociones.

¡Sorpresa! Súbita, desaparece con la misma rapidez que aparece, pero emerge antes acontecimientos inesperados o fuera de contexto.

 

¡Sorpresa! Valijas, dinero, convento… ¿Sor – Presa? ¿Se acuerdan de las “monjitas”? ¡Fue una sorpresa! Ustedes dirán que emoción desencadenó.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo