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Riqueza se escribe con T

7 de enero de 2018

Por: Guillermina Rizzo (*)

¡Comenzó el año! ¡Bienvenido 2018! Mezcla de incertidumbres y certezas, de esperanza y desencanto. Los expertos analizan variables económicas y financieras, auguran qué pasará con el dólar y diversas especulaciones giran en torno a la inflación.

Podría recurrir a mis conocimientos sobre Economía y delinear un tratado sobre tasas, variables o fijas, períodos de gracia, beneficios y riesgos, pero teniendo en cuenta que la riqueza se concentra en una minoría, y usted está en esa mayoría que seguramente hace cuentas y cálculos básicos para llegar a fin de mes, dejemos a un lado la macroeconomía y la micro y ahondemos en el bien más preciado que no cotiza en la bolsa y es un recurso no renovable.

¡Tiempo! Mi querido lector deténgase un momento a pensar ¿qué valor le da a su tiempo?

Las especulaciones y tratados acerca del fenómeno del tiempo datan de la Antigüedad, algunos pensadores afirman que en algún momento los seres humanos vivieron en un estado atemporal, de eterno presente, sin noción de pasado y futuro.

A su vez todos percibimos el paso del tiempo de manera diferente, puesto que el tiempo cronológico difiere del tiempo psicológico, y si bien el reloj marca una hora social, establecida por convención, el transcurrir de horas minutos y segundos pareciera no correr igual para todos.

Cotidianamente relacionamos el tiempo con relojes y calendarios permitiendo juzgar y atribuir la duración de un determinado período. La percepción del tiempo está atravesada por variables biológicas y psicológicas. Aunque objetivamente una hora contiene sesenta minutos, hay un tiempo subjetivo diferente del que marca las agujas del reloj, solo basta comparar una hora tendido en una reposera con estar tendido ese mismo lapso en el sillón de un dentista.

Paul Fraisse, psicólogo francés dedicado a la percepción del tiempo, sostuvo que el tiempo psicológico está constituido por sucesos físicos y psicológicos que ocurren internamente, de modo tal que si nos centramos en el paso del tiempo esto aumenta su duración y si nos centramos en la experiencia como puede ser el goce de estar en una reposera, la experiencia de duración resulta más corta.

La noción de tiempo es un proceso cognitivo que se estructura poco a poco y la construcción de dicha noción resulta compleja durante la infancia; advertimos que niños de corta edad no pueden diferenciar secuencias temporales. Estudios revelan que, respecto de un mismo lapso, los varones otorgan duraciones menores que las mujeres, acumulando las féminas mayor cantidad y variedad de experiencias.

Hay una obsesión por lo inmediato, lo instantáneo y por la velocidad, desvirtuándose el valor del tiempo; el tiempo se gasta, se malgasta, se dilapida como si fuera una fuente inagotable.

Mi querido lector, a partir de hoy cuenta con 30.930. 000 segundos aproximadamente, no los puede depositar en un banco ni ahorrar, ahora mismo, a partir de este momento están transcurriendo. Lo invento a pensar y proyectar en qué va invertir tan preciado capital, con quién lo va a compartir, cuánto destinará a su trabajo, cuánto dedicará a realizar a aquellas actividades que disfruta; lo invito a reflexionar sobre el tiempo dedicado al descanso y al ocio merecido, al sacrificio desmesurado por poseer más en detrimento de lo afectivo.

Quienes esperan desean celeridad, quienes temen desean lentitud, quienes sufren anhelan fugacidad, quienes celebran desean continuidad, quienes se aman desean perpetuidad. Deseo que pueda apreciar la riqueza de su tiempo, la ganancia tal vez signifique vivir de manera plena.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo