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- Cuerpo & Alma -

El poder de la hembra alfa

5 de Marzo de 2017

Por Dra. Guillermina Rizzo.

Reiteradas charlas con María, compañera de trabajo, se asemejan al juego de preguntados, pues las letras del alfabeto griego se suceden para ejemplificar situaciones; sin el afán de entrenarnos para participar en un programa de preguntas y respuestas, solo nos remitimos a tres: “alfa, beta y omega”; y lejos de poner a prueba nuestros conocimientos generales y mucho menos competir, la conversación gira en torno a los “machos alfa”.

¿Cuáles son las características del macho alfa? ¿Existen los “beta”? ¿Qué “batallas” debe librar una mujer para no ser el simple cordero en medio de la manada?

Se desprende de la etología, ciencia que estudia el comportamiento de los animales, la denominación “alfa” para hacer referencia a aquellos individuos de determinadas especies que poseen una posición de privilegio dentro de su grupo social, que lo habilita a ejercer el liderazgo y la conducción, garantizar la supervivencia de la especie y privilegios también a la hora de aparearse con las hembras, en definitiva, es el individuo con mayor rango y al que todos deben seguir.

Siguiendo con el mundo animal, existen otros dos roles bien definidos: beta y omega. El primero hace referencia al macho subordinado, en ocasiones contendiente del líder quien persigue su destrono; y el omega quien ocupa el escalón más bajo de la jerarquía siendo a veces los últimos en recibir el alimento.

Macho alfa es una construcción lingüística que alude a la masculinidad hegemónica y se emplea para caracterizar al hombre dominante que seguramente despierta en un primer momento la atención de las féminas, aunque cada vez en menor medida; estos se muestran seguros de sí, con convicciones, a veces cultivan su cuerpo, pero rara vez escuchan o reparan en el otro, pues están acostumbrados a que los siga la manada.

Marzo es el mes en el que se reivindica a la mujer, y si bien en pleno siglo XXI debiera ser un tema superado, sin “día de…” “sin marcha por…”, sin “tetazos” y mucho menos femicidios, siglo XXI en el que los derechos debieran estar ya conquistados y ejercidos, y los escenarios y roles en los que la igualdad debiera estar garantizada; aún queda un largo camino por transitar, pues lamentablemente las mujeres, al realizar un mismo trabajo o tal vez con mayor grado de responsabilidad perciben menos ingresos y son juzgadas y etiquetadas con diferentes parámetros.

Es sabido que cuando una mujer alza su voz, posee ideas innovadoras o simplemente es eficiente se la etiqueta de problemática porque no acata, de inestable o conflictiva; en el peor de los casos sus hormonas son las responsables.

Así como en el reino animal, existe el macho alfa, “escasa prensa ha tenido la hembra alfa”, denominación también atribuible a la hembra con capacidad de liderazgo. Tonya Reiman, autora de The Body Language to Dating, describe algunas características de las mujeres alfa: perseverantes como pocas nunca renuncian a sus objetivos; expresan sus ideas de manera frontal y no andan con rodeos; independientes que no necesitan la aprobación de los demás, solucionan problemas, trabajan con esmero y no presentan dificultades para dejar su lugar de liderazgo y trabajar con el resto del equipo.

Sin afán de ejercer presión sobre los “machos alfa” basta recordar a Juana Azurduy, Macacha Güemes, Carola Lorenzini, Azucena Villaflor y muchas otras como así evocar a aquellas que hoy son líderes en cualquier ámbito; seguramente tuvieron la maestría de consolidar relaciones complementarias integrando a los machos alfa, beta y omega, ya que la sabiduría residió en tener poder sobre ellas mismas.

(*) Columnista en medios de comunicación. Twitter: @guillerizzo