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- Cuerpo & Alma -

Cambiar de hábitos puede prevenir el síndrome metabólico

8 de septiembre de 2017

Se trata de un conjunto de indicadores que conforman los factores de riesgo.

Dra. María Sonia Belenguer (*)

Síndrome Metabólico se define al conjunto de condiciones clínicas que actúan como factores de riesgo cardiovasculares cuya fisiopatología se relaciona con la resistencia insulínica que es la dificultad de mantener los niveles de glucemia dentro de parámetros saludables. Pueden incluir trastornos del manejo de la glucemia (azúcar en sangre), los lípidos, la obesidad y la hipertensión arterial. El síndrome metabólico duplica el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular (arteriopatía coronaria, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2)

En 1988, un grupo de trabajo sobre diabetes de la OMS (Organización Mundial de la Salud), proporcionó una definición del síndrome metabólico, la cual hace especial hincapié en la insulinorresistencia como factor causal y predominante del síndrome.

En 2001, el ATP III (Panel número III de Tratamiento de Adultos del programa nacional de educación sobre el colesterol de los Estados Unidos) propuso un conjunto de criterios similar al de la OMS, diferenciándose en que en lugar de ser un componente central, la insulinorresistenia es uno más de cinco criterios, de los cuales debe haber por lo menos tres para diagnosticar la presencia del síndrome:

Obesidad central: – Perímetro de cintura Hombres > 102 cm
Perímetro de cintura Mujeres > 88 cm

Hipertrigliceridemia: – Triglicéridos > 150 mg/dl

HDL: – Hombres < 40 mg/dl Mujeres < 50 mg/dl Hipertensión arterial: – PA > 135/85

Hiperglucemia: – Glucemia > 110 mg/dl o Diabetes diagnosticada previamente

En abril del 2005, la Federación Internacional de Diabetes (IDF), propuso una nueva definición entendiendo que se había dado demasiada importancia a la diabetes y a la sensibilidad a la insulina en las definiciones anteriores y que el componente esencial del síndrome es la obesidad central, medida mediante el perímetro de cintura.

TRATAMIENTO:

Es de fundamental importancia la recomendación de cambios de estilo de vida:

Bajar de peso con una restricción calórica moderada: la meta es perder un 10% del peso actual en el primer año, hasta alcanzar un IMC (índice de masa corporal menor a 25).
Evitar el sedentarismo realizando ejercicio de intensidad moderada como caminar a paso ligero, durante treinta minutos al menos tres veces por semana.

Disminuir el colesterol comiendo alimentos saludables (aumentar el consumo de frutas y verduras: 30 g de fibra/día, suprimir el alcohol, evitar alimentos y bebidas azucaradas e ingerir mínimamente dos litros de agua/día), bajando de peso y haciendo ejercicio. El consumo de grasas no debe ser superior al 35 % del consumo total diario de energía; el 10% de las grasas debería estar conformado por ácidos grasos monoinsatirados, como el aceite de oliva.

Bajar la presión arterial consumiendo menos sal, bajando de peso y haciendo ejercicio.
Abandonar el tabaquismo.

Medicación: sólo cuando el médico la indique.

Realizar un control de salud periódicamente.

(*) Médica especialista en Clínica Médica y Medicina del Trabajo
Bombicino Diagnósticos, Especialistas en Salud Ocupacional – http://www.bombicino.com.ar/

 

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