Sunday 16 de June de 2024
VIDEOS | 19-06-2014 11:48

Claudia Lapacó, con los ojos bien abiertos

Claudia Lapacó tiene el porte de una princesa y el alma suave y profunda de una artista. Ganadora del Martín Fierro, hoy interpreta a Bel, junto a Pepe Soriano (Román), en la obra de teatro La laguna Dorada, en el Metropolitan CITI.

Es una actriz de extraordinaria formación, capaz de interpretar con solvencia un drama, una comedia o un musical. Su padre ruso y su madre francesa le dieron libertad para elegir quien quisiera ser. Y ella se inventó a sí misma, transitando por el camino de la actuación desde niña, a conciencia y con una enorme entrega.

MA- ¿Cuándo fue la primera vez que quisiste subir a un escenario?

CL- La señorita Fernández me enseñó a bailar folklore en el colegio. También Sara Bianchi iba a dar clases y yo quise tomarlas; y luego mis padres encontraron a una maestra maravillosa, Hedy Crilla, una de las más geniales maestras de teatro. No sé cómo hicieron mis padres para encontrarla, pero lo hicieron. Claudia tuvo una infancia maravillosa en la que pudo desplegar todo su talento, jugar y crecer como actriz en libertad, ya que sus padres no solo se lo permitieron, sino que la apoyaron y la acompañaron en el proceso.

Hay dos frases que su padre solía decirle y Claudia tiene instaladas en su memoria: “La secundaria es lo menos que podes tener y después podes decidir sobre tu vida”, y “si querés ser actriz te tenés que destacar”.

MA- Te sentías apoyada y valorada...

CL- Sí, además entendiendo que ser actriz no era ser rica y famosa.

MA- ¿Ha cambiado todo, no?

CL- Ha cambiado todo, pero todavía hay gente que sostiene que el trabajo del actor debe estar hecho a conciencia, bien hecho. Hay gente que piensa que éste es un arte menor y yo creo que cuando pisás el escenario, hagas lo que hagas, es según cómo lo hacés si tiene valor o no.

La diferencia y la calidad de artista de Claudia Lapacó tiene una razón: su trabajo sostenido, dedicación y talento puro.

MA- ¿Es difícil sostener tantos años de trabajo con excelencia?

CL- Hago lo que puedo (con humildad y timidez). Yo creo que cada vez me fue mejor. Me concentro tanto, trato de aprender mucho de mis compañeros, busco ser mejor siempre, estoy muy atenta en los ensayos. Me parece esencial mirar a mis compañeros, aprender de ellos.

MA- ¿Pero la actuación no es poner tus propias vivencias y sentimientos?

CL- Pero también es cómo se hace, cómo se resuelve. El director tan querido Jorge Lavelli dice: “Hay cosas que se resuelven técnicamente”, y yo tomo esa frase. Para mí, si el actor hace lo que siente, a veces puede llegar bien a lo que tiene que expresar y a veces no. Pero si vos sabes cuál es el estado, podés llegar siempre a un piso que te pide la obra, con buenos y malos días pero técnicamente llegas a ese lugar. El estado va a estar.

MA- Es como si a los sentimientos propios y vivencias tuvieses que ordenarlos para llegar a expresar cada noche lo mismo. ¿Cómo se hace para ponerlos en una caja sin perder libertad?

CL- Es que a cada personaje le corresponden determinados sentimientos, una manera de moverse, de emitir, que no es la misma que para otro personaje. Un actor debe haber trabajado su cuerpo para ponerlo al servicio de su rol en ese momento. Puede ser más rígido, más relajado, eléctrico...

MA- ¿Cómo decidís si hacés o no un personaje? Escuche por ahí que has dicho que no a propuestas muy atractivas económicamente o exitosas.

CL- Primero, tengo que sentir cuando leo la obra por primera vez que quiero representar ese rol. Hay obras fantásticas que han tenido éxito, pero quizás he dicho que no porque no me iba a gustar representar ese personaje o porque los compañeros no son los que hubiese elegido. Siempre estoy contenta cuando entro a un grupo de actores que admiro, cuanto mejores son los actores que tenés a tu lado, mejor vas a estar.

Aunque comenzó a hacerse conocida en televisión en la inolvidable telenovela de Nené Cascallar, El amor tiene cara de mujer, su lugar de pertenencia es, sin duda, el teatro.

MA- Los últimos 15 años tuviste acceso a los mejores roles teatrales. ¿El teatro es tu lugar?

CL- Sí, absolutamente lo es. Cuando me hice más popular por la TV ya llevaba años trabajando en sótanos, había tenido mi beca en París. Para mí estudiar es muy importante, todo lo que uno aprende en la niñez y la adolescencia en algún momento te va a servir.

MA- ¿Cómo encaras la preparación de un personaje?

CL- Primero, el texto. Llegar al primer día de ensayo conociendo tu texto. Es importante saber de qué se habla y cuál es el cuento que se quiere contar. También a mí me gusta encontrarle manías al personaje: cómo se mueve, pequeñas cosas que lo definen, cosas chiquitas, modos. Muchos amigos me decían “cómo vas a hacer para ser una señora que limpia casas”, en referencia a una obra que interpreté el año pasado (Una Vida Mejor, dirigida por Santiago Doria); luego, al verme, les pareció que no era yo. Justamente, eso es lo que quiero: no ser yo misma, no ser Claudia Lapacó. Lo maravilloso de esta profesión es transitar otras vidas.

MA- La laguna dorada, la obra que estás interpretando hoy junto a Pepe Soriano, tiene humor y amor, dos cosas que estuvieron presentes en tu vida.

CL- Es una historia maravillosa, de un amor que ha durado 40 años. El autor, Ernest Thomas, primero escribió la obra de teatro y luego dirigió la película con Katherine Hepburn y Henry Fonda. Adoro trabajar con Pepe (Soriano) que además de ser un gran actor es una gran persona.

El amor la acompañó en su vida de manera contundente; fue la mujer y madre de los hijos de un hombre deseado por todas: el gran Rodolfo Bebán, y luego, al divorciarse, se enamoró de Sergio Velasco Ferrero. Sus mejores roles e interpretaciones llegaron cuando sus hijos ya habían crecido. “No es casual que los mejores roles me hayan llegado cuando mis hijos ya son grandes, casados, y cuando no tengo pareja”, menciona, entre risas, Claudia. Y agrega: “Le dedico mucho tiempo a mi trabajo y ahora es mi amante preferido, el que no me decepciona”.

Ella parece siempre alerta, muy despierta, tiene chispa en la mirada como si todavía fuera esa niña que empezó a jugar con el teatro, esa chiquita libre y disciplinada al mismo tiempo que tuvo la libertad que necesitaba para inventarse a sí misma.

Le pido una reflexión, como modo de finalizar esta ntrevista, y rescata una frase de la novela de Noemí Brosky, Opus 35; “Si andamos con los ojos bien abiertos, la vida siempre nos reserva algo para el asombro”. Su elección me confirma lo que veo. Así se la ve a Claudia, con los ojos bien abiertos.

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