martes 21 de septiembre de 2021
CUERPO & ALMA | 18-05-2021 10:31

Que la culpa también resbale

Por Guillermina Rizzo. ¿De dónde proviene la culpa? ¿Cómo la podemos manejar para que no nos afecte?

Hay situaciones que al momento de decidir son transcendentales… Un amigo en esas ocasiones y casi como un mantra repite “sin culpa, sin culpa”.

¿Dónde nace la culpa? ¿Cuál es sus rol? ¿Son más culposas las mujeres que los hombres? ¿Cómo despojarse de ese sentimiento?

Cometer una falta de manera consciente sin intención de dañar da lugar a que emerja la culpa, aflorando un sentimiento de incomodidad cuando se realiza una acción que se considera está mal.

Ligada a la responsabilidad es una señal de alerta que ayuda a reparar errores, faltas y a ser coherente con los valores que portamos. En ocasiones, cuando no se es responsable ni culpable se desencadena una respuesta exagerada que deriva en un sentimiento que limita, controla y quita libertad de acción.

 La Psicología establece una diferencia definiendo a la “culpa reparatoria” como aquella que posibilita pedir disculpas y reparar un error, y la “culpa persecutoria”, que como bien lo expresa el vocablo, el sentimiento “persigue” impidiendo disfrutar y aceptando el perdón hacia uno mismo.

Sentir culpa es propio del ser humano y se manifiesta en todas las culturas, útil, necesaria y constructiva, nunca es experimentada por los psicópatas. La culpa y la responsabilidad van por un mismo camino, salvo que en ocasiones y en cualquier parte del mundo hay seres que la vivencian a cada instante, aun cuando no existen motivos. 

De esta manera personas con elevado nivel de autoexigencia, que abrazan con compromiso y una entrega total desde un trabajo, la familia, amistades hasta actividades superfluas, poseen ideales tan elevados que cuando ciertos parámetros no se cumplen aparece la culpa, pues generalmente eso ideales se caracterizan por estar lejos y ser inalcanzables.

Está comprobado que la mujer posee una mayor conciencia empática, es decir una mayor sensibilidad por lo que sienten y piensan los demás, esa capacidad de salir una y otra vez de sí logrando ponerse en el lugar del otro, le permite tener en cuenta los sentimientos ajenos y tratar de satisfacerlos, ocasionando que experimente mayores sentimientos de culpa respecto del hombre. 

Creencias y valores transmitidos a través del tiempo conlleva a que el género femenino sienta culpa aun cuando no exista una demanda real desde el exterior. Las exigencias que en la actualidad tiene una mujer, desde ensamblar responsabilidades laborales y familiares, ser eficiente, cumplir con ciertos parámetros estéticos hasta la preocupación por el futuro que a veces resulta incierto, generan las condiciones para que “viva en falta” y experimente culpa.

Vivir con culpa es permanecer esclavo, pues implica actuar de acuerdo con los deseos y necesidades ajenas en beneficio de los otros. Reemplazar ideales por objetivos, poseer una dosis de amabilidad con las limitaciones propias, dejar por un momento de “hacer lo que se debe” para realizar lo posible, son cambios de conducta que de forma paulatina alejan la culpa sin motivo. 

Es difícil para quien vive complaciendo a los otros registrar sus propios gustos y vivir de acuerdo con ellos; reconstruir la autoestima y darse permiso para disfrutar son las claves, también una “dosis de vaselina”, la medida justa, permite que ciertas cosas resbalen y poder relajar al menos un momento.

 

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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