jueves 24 de junio de 2021
CUERPO & ALMA | 10-06-2021 11:09

La utopía de la oficina en casa

Por Guillermina Rizzo. Los nuevos tiempos parecieron estar bien en un momento, pero la realidad del trabajo en pantuflas no es lo que parece.

Eduardo Galeano decía “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Con la pandemia siento algo similar… pues la asocio con lo impensado, lo inimaginable y hasta lo inaudito. Creímos que el 2020 era caótico y este año no es alentador, organismos oficiales y países de Europa ya hablan del 2023, con lo cual y tal como titulé una de estas columnas “esto viene para largo”.

En empresas de todo el mundo y hasta las que están a unos pocos metros de distancia ya se preparan para continuar con esta modalidad ya existente pero que se afianzó con el coronavirus denominada trabajo a distancia o home office. ¿Trabajar en pantuflas o ir a la oficina? ¿Límites difusos? ¿Trastornos psicológicos en pijama?

Millones de personas alrededor del mundo adoptaron esta modalidad y contrariamente a la fantasía de algún mal pensado, se trabaja y en ocasiones hasta más tiempo. Si bien en un principio había hasta cierto “disfrute” en trabajar desde la casa las consecuencias ante falta de reglas claras y de recursos empiezan a ocasionar problemas. Una de las consecuencias tiene que ver con la falta de límites tanto físicos, horarios como emocionales; pues el comedor se convierte en oficina, es difícil establecer “un corte” y a veces se reciben llamados y mensajes en cualquier horario, evidentemente todo esto implica un impacto mental.

Si además adicionamos la presencia de estudiantes en la familia y pocos recursos informáticos o de conectividad todo se vuelve más complejo, no es casual que ansiedad, estrés y depresión se potencien ante este panorama. El espacio físico se altera y las rutinas cotidianas también, aparecen los conflictos familiares y los trastornos del sueño impiden un buen descanso. Por lo tanto esa idea “casi romántica” de trabajar en pantuflas y pijama es agradable los primeros días, luego necesitamos cierta estructura y organización.

 

¿Y el jefe?

En los últimos días pareciera que la gran mayoría vive en un “zoom” y me pregunto si no será excesivo; evidentemente todo esto requiere un aprendizaje y la implementación de ciertas metodologías, pues muchos permanecen horas detrás de una pantalla. Si bien aún no hay cantidad de investigaciones sobre el impacto en la salud mental ya se evidencian trastornos de ansiedad, inquietud, aislamiento, pánico y altos niveles de estrés. Los hábitos alimenticios también se alteran, entre el “encierro” y la ingesta las estadísticas reflejan la relación entre aumento de peso y pandemia.

Aunque no parezca el trabajo a distancia requiere de una organización y de poder fijar pautas, pues se comprueba que se trabaja más con esta modalidad que cuando se acude a una oficina, claro está que ante el temor a la pérdida del empleo es muy difícil estipular un límite o apagar un celular y no responder mensajes. Cuando termina todo esto no se sabe, si debemos tener en claro que la habitación debe ser sagrada, el descanso preservado, establecer recreos, tratar de tomar aire y conservar la calma, pues es evidente que aún no hay claridad y a pesar de ello debemos seguir caminando.

 

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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