martes 17 de mayo de 2022
CUERPO & ALMA | 07-01-2022 17:00

Infidelidad: ¿Hacia dónde dirigir la mirada?

La infidelidad esporádica o convertida en relación durante mucho tiempo es una transgresión del acuerdo explícito por uno de los integrantes de la pareja.

La saga Wanda-Icardi-China tuvo a millones de espectadores en vilo. Un país casi se paralizó. El tema fue seguido por adolescentes y adultos, generando movimiento en las redes sociales sin precedentes. Los programas de espectáculos tuvieron picos de rating y hasta noticieros no pudieron quedar ajenos al tema.

El conflicto se centró en lo que se conoce como “la tercera en discordia”, aún se siguen sus movimientos y publicaciones en las redes, pero en cuestiones de infidelidad el tema es más complejo y la mirada debe dirigir hacia otras aristas.

¿Por qué se engaña? ¿La transgresión tiene el mismo peso si involucra relaciones sexuales? ¿Un encuentro ocasional es menos grave? ¿Se considera infidelidad si solo comprende intercambio de mensajes?

 

La infidelidad esporádica o convertida en relación durante mucho tiempo, real, virtual o producto de la fantasía, es una transgresión del acuerdo, de lo convenido de manera explícita por uno de los integrantes de la pareja.

Según un estudio realizado por el psicólogo David W. Wahl, los motivos por los que una persona engaña son diversos.

Es frecuente que se termine el amor y se comience una nueva relación sin haber concluido la anterior porque tampoco se encuentra la forma de terminarla. También la necesidad de alimentar el ego a través de la autogratificación. La incapacidad para comprometerse desencadena un estado de ansiedad que se manifiesta a través de la infidelidad.

La venganza es otro motivo. Nunca es por descuido que un mensaje es encontrado o que rastros y evidencias queden a la vista. Es una forma de castigo que se emplea para llamar la atención o como represalia si hubo un engaño, pagando así con la misma moneda.

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Necesidad de variedad y deseo de interactuar no solo a nivel sexual sino de compartir otras conversaciones, intereses, actividades y gustos. Asimismo problemas de autoestima ocasionan la necesidad de tener que sentir que se es deseado por otro.

Carencias o necesidades emocionales insatisfechas también son causales de infidelidad pues la falta de comprensión y de empatía erosionan hasta las relaciones más sólidas. El aburrimiento es otro motivo; establecer nuevas relaciones reales o a través de internet le posibilitan al infiel jugar un nuevo juego.

Otras causas se consideran cuando se presenta una oportunidad que no se deja pasar y queda solo en un encuentro o el argumento del uso de alcohol en el que el infiel fundamenta que en estado de sobriedad no hubiera cometida la acción.

Frank Pittman, psiquiatra y autor de “Private Lies” afirma que hay diversas clases de infidelidades: el mujeriego recurrente o el típico machista que fundamenta sus mentiras en su condición “de hombre”; el inmaduro emocional que necesita experimentar una y otra vez, el que constantemente retoma la comunicación con ex parejas o aquel que un día se encuentra con otra persona y tambalean años de matrimonio.

La infidelidad, conocida a través de los medios de comunicación o la que permanecen dentro de los muros del hogar, pone en evidencia la fisura, el fracaso en el modelo de relación o el final de un sentimiento. Si bien el pacto asumido en los comienzos a partir del deseo, la pasión y el amor, aportan seguridad y tranquilidad a veces tiene fecha de vencimiento.

La mirada debe dirigirse hacia si existe la posibilidad de refundar el acuerdo transgredido o en asumir con madurez y dignidad que una historia concluyó, porque sin dudas la peor infidelidad es la de mentirse a uno mismo.

 

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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