jueves 6 de mayo de 2021
CUERPO & ALMA | 29-04-2021 11:02

"Dejemos de demonizar la palabra dieta", por Matías Marchetti

A seguir, un fragmento de su reciente lanzamiento, Método #Marchettirules, la actitud para aprender a nutrirte y comer lo que quieras

Dieta’ es una palabra que muchas veces usamos mal, tratamos peyorativamente o miramos de reojo. En medio de tal contaminación dialéctica, el marketing supo cómo abrirse camino para crear un engaño poderoso y decirte que hay maneras de llegar a un objetivo saludable sin seguir una dieta. Sin embargo, todos los métodos (el que vos elijas, el que mejor te haga) terminan organizándote la alimentación de un modo u otro. Y eso no es más ni menos que una dieta, la cual se define como el ‘control o regulación de la cantidad y tipo de alimentos que toma una persona, generalmente con un fin específico’. 

Hay dos aspectos de esta palabra que solemos malinterpretar, y son ellos, precisamente, los que muchas veces nos llevan a demonizarla. El primero es su finalidad, ya que siempre la relacionamos con el descenso de peso, cuando, en realidad, puede diseñarse para complementar una actividad deportiva, para potenciar ciertos nutrientes durante un embarazo, para ganar masa muscular o para combatir una afección, entre otro montón de propósitos. El segundo error es que la vinculamos a la famosa fotocopia llena de comidas para la semana, con ideas aburridas, monotemáticas y, muchas veces, erradas, mientras que, en verdad, no tiene nada que ver con eso. Por el contrario, debe relacionarse con un cambio de vida, de cabeza, de hábitos, en el que todo el nuevo plan de alimentación esté creado a absoluta medida de cada persona”.

Uno de los primeros problemas que ponen sobre la mesa quienes deciden empezar un cambio de hábitos es la desorganización. Se sienten sin rumbo, perdidos entre las exigencias diarias y con la necesidad de que alguien los estructure nutricionalmente. Piden una dieta, aunque crean que no.

¿Y si le damos un nuevo enfoque? 

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De todas formas, hay un enfoque que sí creo necesario revisar, porque cuando nos vamos del diccionario de la lengua española a los libros de Medicina, la palabra dieta tiene una definición más compleja: es una construcción alimenticia basada en productos inocuos y nutritivos. Y ahí está el quid de la cuestión, ya que un jugo en polvo fabricado con edulcorantes es decididamente bajo en calorías… pero no es inocuo ni nutritivo. Como ese, podría dar miles de ejemplos en los que las dietas más resonantes plagan nuestras alacenas de productos vacíos de nutrientes.

Ese es, para mí, nuestro mayor reto: hacer las paces con la menospreciada dieta, pero incluir en ella los adjetivos inocuo (que no hace daño) y nutritivo (que nutre), para poder priorizar los alimentos que cumplen las dos premisas y dejar en segundo plano los que obedecen a una y no a la otra. Así comprenderemos, por ejemplo, que el alcohol en bajas proporciones no hace daño, pero que tampoco nutre; que las gaseosas bajas en calorías o las golosinas “saludables” no cumplen con ninguno de los dos requisitos y que los alimentos reales siempre son la mejor opción. Es una regla simple para aplicar antes de hacer las compras y una garantía para empezar con el pie derecho. De esa forma, tendremos un vínculo sano con la comida y podremos acceder, de vez en cuando, a placeres que no van a hacernos mal porque serán parte de una planificación inteligente. 

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