domingo 29 de noviembre de 2020
CUERPO & ALMA | 15-05-2020 07:34

Atención a los que atienden

¿Me pregunto qué tan corta es “esa distancia” que se extiende desde la gratitud hacia la indiferencia y el olvido?

Por Guillermina Rizzo

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¿Me pregunto si esos aplausos que se viralizaron como el virus, si esos ruidosos homenajes se extinguirán cuando coincidentemente termine la pandemia?

¿Me pregunto qué tan corta es “esa distancia” que se extiende desde la gratitud hacia la indiferencia y el olvido?

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¿Me pregunto si somos conscientes de lo que ponen en juego frente a un paciente? ¿Alcanza un aplauso que por momentos se diluye en intereses individuales para quienes trabajan en primera línea con pacientes con Coronavirus?

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¿Cuán significativo debe ser el reconocimiento para quienes ponen en el cuerpo en este desastre global? En definitiva ¿quién atiende a los que atienden?

El Covid 19 tomó a la gran mayoría por sorpresa, se esparció, dio “la vuelta al mundo” y dio vueltas a “nuestro mundo”, a nuestra vida cotidiana; nuestras rutinas y emociones se mezclaron a una velocidad inaprensible y generó gran confusión, pasando por estados de miedo y angustia, también esperanza y desolación.

Y en medio de lavado de manos, alcohol en gel y barbijos, atravesados por este distanciamiento al que denomino físico porque no debe llamarse social, el bienestar psicológico empieza a resquebrajarse, y cada día de esta cuarentena, pesa.

¿Y la salud mental del personal de la salud? ¡Cuál es el costo psicológico para quien enfrenta “en la primera línea de batalla” este virus dantesco y es hasta testigo de la muerte de hasta sus propios colegas?

Psicología y Pandemia, son a simple vista universos diferentes, sistemas diferenciados. Concebir ambos campos no como mundos paralelos sino como convergentes en un mismo punto, en un mismo lugar, se convertirían en la lente que permitiría apreciar la titánica tarea del personal sanitario como así también a la presión que está sometido cuando trabaja en un escenario tan peligroso y hasta hostil.

Estrés y médico, estrés y enfermero, son a simple vista las dos caras de una moneda, son también “universos diferentes” que no pueden funcionar disociados; el estrés es una reacción necesaria, indispensable para enfrentar situaciones amenazantes.

El estrés como síntoma data de la primera mitad del siglo XX, el término, proveniente de la Física, alude a la presión que un cuerpo ejerce sobre otro y fue acuñado por el científico Hans Seyle. Es una respuesta psicológica, fisiológica y conductual que desarrolla una persona ante cualquier cambio ambiental para adaptarse eficazmente a él.

Los estresores o situaciones estresantes junto a la interpretación que se hace de una situación y de los recursos de los que dispone la persona para enfrentarse a tal situación, son las variables que intervienen en la respuesta del estrés.

El estrés es uno de los males del siglo XXI, pero es también una reacción necesaria para enfrentar ciertas situaciones de la vida cotidiana. La duración, intensidad y frecuencia de los estresores establecen lo que podría denominarse un estrés “normal” u operativo.

Personal del salud y estrés son una unión indisoluble, pues en cada intervención, en cada “positivo (+)” que reciben en el hospital entran en una situación de estrés, que se torna a veces más peligrosa que el propio Covid 19.

¿Cuánto debería durar un aplauso? ¿Alcanza con aplausos?

Ya nadie ignora que “nuestros médicos” y demás integrantes del sistema de salud se enfrentan generalmente a condiciones especiales y también adversas de trabajo, realizando su tarea bajo amenaza real para ellos mismos. Ya nadie ignora que están expuestos a grandes demandas físicas y psicológicas que ponen a prueba su resistencia, coraje y capacidad técnica. Ya nadie ignora que están sometidos a emociones demasiado intensas.

Ya nadie debería ignorar que tal vez sea el momento de atender a quienes nos atienden y reconocerlos desde lo material, simbólico y afectivo.

(*)Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter /@guillerizzo

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