viernes 7 de mayo de 2021
CUERPO & ALMA | 04-12-2016 10:00

Ineptos emocionales

Qué es la incapacidad afectiva y cómo superarla.

Por Dra. Guillermina Rizzo.

¿Te tocó lidiar alguna vez con un incompetente? ¿Te enfrentaste alguna vez a un “no apto”? Julián no está apto para conducir su vehículo; Ana no es apta para el deporte extremo; don Pedro ya no está apto para subir a la montaña rusa. Sonia no está apta para seguir dando clases.

¡Auxilio! Juan no está apto para los afectos. ¿Existe la incapacidad afectiva? ¿Es más frecuente en hombres que en mujeres? ¿Se aprende a expresar las emociones?

Apto es un adjetivo que proviene del latín ‘aptus’ y del verbo ‘apio, pare’ cuyo significado es vincular, ligar o establecer una relación. Apto significa entonces “atado, vinculado a una determinada función, tarea o puesto que se tiene capacidad para ello”. El antónimo de apto es inepto, y se considera como tal a aquel desvinculado de algo que no puede establecer relación alguna con un conocimiento, destreza o tarea, por falta de capacidad.

Tras este viaje por el diccionario es claro que no todos pueden ser aptos para determinadas tareas, ya sea por un impedimento físico, disminución en funciones producto del paso del tiempo, accidentes o situaciones hacen que se pierda la condición de apto de manera transitoria o tal vez permanente.

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Distinto es el tema que nos convoca, puesto que aludir a los “ineptos emocionales”, metáfora sin rigor académico, hace referencia a aquellas personas que tienen “ineptitud” para comprender y actuar en el “mundo de las emociones y los afectos”. El inepto emocional se caracteriza por tener escasa o nula capacidad para dar protección y afecto y, obviamente para recibirlo, le resulta imposible sentir y expresar emociones incluso ante situaciones que a más de uno lo haría vibrar: sorprenderse con un eclipse, indignarse ante una injusticia, disfrutar una melodía, entristecerse por males ajenos, son estados imperceptibles para quien transita por la vida anestesiado; y dicha ineptitud es el corolario de un aprendizaje al cual no accedió o tal vez no pudo asimilar.

Karen Horney en The Neurotic Personality of our Time hace décadas definió “necesidad neurótica de afecto” a la incapacidad de ciertos sujetos para recibir y dar afecto, seres insatisfechos emocionalmente, convencidos de no ser amados demandan en forma permanente atención y amor, reprochando siempre “la falta” al margen de que lo reciben. Paradójicamente son incapaces para retribuir lo recibido, la dificultad reside en su inseguridad ya que la autoimagen remite a la idea de no merecer ser querido.

Si bien los “ineptos” experimentan una variada gama de sentimientos respecto del otro no pueden “poner en palabras” y menos aún expresarlos a través del cuerpo, acciones legítimas y necesarias como besar, acariciar, tocar, mirar, hablar, parecieran prohibidas para un inepto emocional; malas noticias para los hombres: la estadística refleja que los varones son los más damnificados.

La posibilidad de aprender o re-aprender se da a lo largo de toda la vida, transitar de la ineptitud a la aptitud no es fácil; para aquel incapaz de sentir y expresar cultivar la imaginación a través de distintas experiencias lo llevará a enriquecer las fantasías; hacer una pausa y poder saborear un chocolate puede ser el comienzo de una sucesión de vivencias que conecte con los sentidos y permita distinguir sensaciones corporales y emociones; por último habrá que trasladarse de lo concreto y externo hacia lo interno y abstracto: sentir, procesar y luego poder expresarlo en palabras y actos será la tarea más difícil. Dar implicará un nuevo desafío recompensado con recibir, tal como dijera Mario Benedetti: “Es claro que lo mejor no es la caricia en sí misma sino su continuación”.

Twitter: @guillerizzo

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