viernes 7 de mayo de 2021
CUERPO & ALMA | 27-11-2016 12:23

No te disfraces de miedo

Situarse por encima de los otros con el “disfraz de lo soberbia” enmascara inseguridades.

Por Dra. Guillermina Rizzo.

Segundo lunes del mes significa para Horacio, gerente de la empresa, el día del ataque de nervios y también el día para compartir junto a responsables de otras áreas sus logros y dificultades, evaluar el curso de los planes en marcha y analizar los proyectos venideros. Una vez más, el presidente de la compañía con su estilo de liderazgo, convierte la reunión en un espacio para alimentar su propio ego, descalificar a los presentes y haciendo alarde de su dedo índice, señalar a cada uno, rozando casi el desprecio.

¿Existen personas cuyo único fin es ensalzar su propio ser? ¿Persisten en el tiempo los grupos en los que se menosprecia a sus integrantes? ¿La soberbia es una característica inherente a los líderes?

Psicólogos afirman que de los pecados capitales la soberbia es el más autodestructivo; una consulta por el diccionario arroja por definición que es “la satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás”.

San Agustín entre los años 354 y 430 expresaba que “la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”, en tal sentido actualmente alude a una psicopatología individual y cultural propia del siglo XXI, puesto que las exigencias de la sociedad contemporánea son el caldo de cultivo para que se desencadene dicho mecanismo de defensa, de forma tal que la persona con características neuróticas se pueda insertar en un escenario altamente competitivo dotado de una “máscara” que le permite obtener sus logros.

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La soberbia, se convierte así en el “disfraz” que cada día portan las personas con características, seductoras, arrogantes, manipuladoras, vanidosas y cínicas, en las que pretenden ser protagonistas de una obra cuyo guion les es dificultoso interpretar, pues carecen de carisma, de la dosis de empatía necesaria para consolidar vínculos con los otros, y la insensibilidad se convierte en la nota distintiva que impide detectar y compartir el dolor ajeno. Infalibles, falsamente perfectos y con gran incapacidad para advertir sus propios errores persiguen la admiración y hasta el aplauso en cada ámbito en que desarrollan sus actividades.

La soberbia emerge encubriendo fantasmas, conflictos no resueltos y las propias debilidades, prevaleciendo el orgullo personal; los otros lejos de ser valorados son menospreciados y reconocer la valía ajena es una quimera.

Socavar, descalificar, desvalorizar, son conductas propias del soberbio, a veces perseguidos hasta el extremo responsabilizan a los otros de sus propios fracasos, pues “está convencido” que nadie puede resolver las situaciones como él; usualmente la soledad lo acecha, ya que poco a poco quienes lo rodean emprenden otros caminos; en ocasiones solo cuentan con la compañía de aquellos más obsecuentes.

Francisco de Quevedo aseguraba que “la soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió”, a veces esa caída brusca, ese golpe, puede ser el indicio que permita reaccionar a tiempo y asumir la realidad; situarse por encima de los otros con el “disfraz de lo soberbia” solo enmascara un gran miedo; miedo a no ser aceptado, considerado, respetado o amado. Seguramente quien es soberbio sentirá por un instante que queda “golpeado” pero principalmente “al desnudo”, ese derrumbe desprovisto de máscaras, será sin dudas la posibilidad para conocerse tal cual, será la ocasión de comprender que el secreto reside en “protagonizar” junto a los otros, y de descubrir que no todo lo que emana de él, es malo.

Especial para Rouge. | Twitter: @guillerizzo 

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