viernes 7 de mayo de 2021
CUERPO & ALMA | 30-10-2015 12:06

Cómo respondemos al estrés

Cuando se convierte en una patología. Las señales de alarma.

La palabra estrés deriva del griego tringere que significa «apretar». Si bien es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, muchas veces se confunde con una patología. La confusión se debe a que este mecanismo de defensa puede derivar en ciertas rutinas o modos de vida desencadenando problemas de salud.

Existen dos tipos de estrés:

-El estrés agudo, casi siempre se trata de eustrés, o estrés positivo porque ayuda asumir una responsabilidad durante un período corto de tiempo.

-Estrés crónico, prácticamente siempre se trata de estrés nocivo o distrés. El distrés aparece cuando se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías.

La tensión en sí misma no es la que genera distrés o enfermedad, sino nuestra respuesta a este incremento de tensión. No se trata de los eventos en sí mismos, sino del cómo los atravesamos.

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EVENTO + RESPUESTA = RESULTADO

Tener presente esta fórmula, anotarla en el escritorio o en nuestro bloc de notas ayuda a que tengamos presente que no es el evento en sí mismo el que condiciona el resultado, sino nuestra respuesta a ese evento. No el qué nos pasa, sino el cómo lo atravesamos.

Algunas investigaciones muestran que los grupos de personas que presentan altos niveles de estrés y escasa enfermedad asociada se caracterizan por su audacia psicológica es decir:

-Están comprometidos con diversas facetas de su vida y presentan diversidad de intereses.

-Sienten que ejercen control sobre las cosas que les pasan. Son protagonistas de las circunstancias que atraviesan.

-Experimentan las situaciones nuevas como un desafío positivo y una oportunidad de aprendizaje.

Por el contrario, las personas que enferman de estrés decodifican las situaciones nuevas como un factor de riesgo. Se perciben aislados, impotentes y viven los cambios como eventos amenazantes. Sin embargo, las novedades e incluso las dificultades y los errores pueden ser una gran oportunidad para ahondar en nuestro interior y descubrir dones que no sabíamos que existían.

De este modo, para enfrentar la tensión es importante trabajar sobre la actitud mental a partir de la cual interpretamos la vida. Leer las situaciones nuevas como oportunidades de aprendizaje y de crecimiento ayuda a resignificar nuestro accionar, evitando quedar atrapados por las circunstancias.

Por ejemplo, en el ámbito empresarial y para cooperar con el manejo de la tensión, los líderes pueden propiciar una actitud de apertura y audacia en su equipo. Ayuda al adecuado manejo de la tensión:

-Reconocer los aciertos y tomar los errores como oportunidades para crecer como equipo, evitando buscar el culpable o la penalización.

-Generar tareas que propongan desafíos y tengan en cuenta las distintas capacidades de los miembros del equipo.

-Reforzar la idea de que todo cambio está lleno de posibilidades.

-Disminuir el exceso de control y generar un clima de confianza y motivación.

Asesoramiento:

AGC Consultora

Directoras del equipo de AGC Consultora:

Lic. Adriana Canga: Psicoterapeuta – Consultora – Capacitadora

Lic. Lucila Dotto: Psicóloga – Consultora – Coordinadora

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