viernes 9 de diciembre de 2022
AGENDA | 11-04-2022 14:50

Claves para repensar la escuela actual

"En el marco de la realidad social actual amerita no sólo repensar la educación sino recuperar el valor de la institución escolar como ese espacio donde es posible sostener a niños, niñas y jóvenes en el vínculo intergeneracional que tiene lugar allí".

En el marco de la realidad social actual amerita no sólo repensar la educación sino recuperar el valor de la institución escolar como ese espacio donde es posible sostener a niños, niñas y jóvenes en el vínculo intergeneracional que tiene lugar allí.

A partir de ello, del reconocimiento del otro que es a la vez, diferente y semejante; la educación amerita ser valorada como facilitadora en la constitución de sujetos autónomos, con habilidades para la vida, así como de vínculos sanos y entornos de aprendizaje favorecedores del desarrollo de competencias emocionales.

Sin embargo; el sistema tradicional, carece de condiciones frente a las diferencias y plantea un escaso ofrecimiento para lograr una educación de calidad, al no incluir algunos tópicos que refieren a la formación del ser desde sus capacidades e intereses.

De hecho, cuando se habla de innovación en la escuela se hace referencia al hecho de ser creativos, el cambiar las viejas prácticas pasando por una transición de lo conocido hacia lo que no lo es, en busca de la transformación del acto educativo. Sin embargo; esto implica pasar a la acción, lo que para algunos docentes no siempre resulta sencillo. Se necesita desaprender para aprender y desarrollar ciertas habilidades y capacidades que no siempre son valoradas o exploradas en el ámbito educativo.

La escuela de hoy aún está caracterizada e identificada desde la aplicación de un modelo conductista y verticalista; en el que se establecen unos parámetros que mantienen el estado de confort de muchos actores de la educación; identificación que necesita ser revisada y repensada.

Escolaridad, maestros y chicos en aulas 20220317

Los actores institucionales no comparten necesariamente intereses y preocupaciones; y encontramos conviviendo a educadores  y estudiantes observando la realidad desde lentes diferentes.  Educadores que ven, interpretan y deciden “desde la escuela” limitando muchas veces su accionar por modelos estereotipados del deber ser y alumnos que observan “desde la vida” en un contexto de incertidumbre y hacia un futuro desconocido. Es esperable que las partes se acerquen y desde allí repensar la escuela.  En este sentido; modificar lenguaje, escucha, comunicación son parte necesaria de ese acercamiento.

Aunque existe de parte de algunos docentes cierto temor para arriesgarse a pasar de lo predecible hacia lo impredecible, es tiempo de traspasar ese paradigma hacia el deseado cambio. Un cambio que debe dar respuestas genuinas a la realidad educativa actual. Respuestas esperadas desde el inicio de este siglo XXI y potenciadas en un escenario post pandemia.

Corrernos de estereotipos y tradiciones culturales escolares que nos acercan al justificar de las acciones que nos son conocidas y amigables respondiendo a múltiples “por qué” y atrevernos a dejar espacios de comodidad en busca de fortalecer el “para qué”  ante la planificación de acciones y la toma de decisiones.

La sociedad del siglo XXI vive en continuo cambio, y con ella también el conocimiento. Y es por esto, que esta llamada “Sociedad del conocimiento”; implica cambios profundos que involucran nuevas demandas cognitivas y nuevas capacidades. Requiere de nuevas formas de enseñar y nuevas formas de interactuar en la escuela. Los centros educativos no deben estar ajenos, más aún cuando se cuenta con estudiantes con ritmos y necesidades diferentes; que requieren una atención desde estas individualidades. ¿Por dónde empezar?

La educación amerita ser valorada como facilitadora en la constitución de sujetos autónomos, con habilidades para la vida, así como de vínculos sanos y entornos de aprendizaje favorecedores del desarrollo de competencias emocionales.

• Es tiempo de cambio, y ese cambio debe comenzar con la forma de concebir al estudiante

Es tiempo de hacer un miramiento a ese ser que se desarrolla individual y colectivamente, reconociéndolo como sujeto que requiere, no siendo concebido como persona a quien impartirle conocimiento, sino como quien espera que sus aprendizajes sean facilitados y orientados desde sus potencialidades y necesidades; en contextos socioemocionalmente positivos que faciliten su aprender. En este sentido; se hacen necesarios procesos para generar oportunidades de aprendizaje y transformación positiva , donde la educación crezca de la mano de docentes y estudiantes más humanizados.

Un ser humano a quien se le respete como persona autónoma para desempeñarse y tomar decisiones.  Al que se eduque con sentido de libertad, sin descuidar sus límites. A quien se le brinde una razón de ser con coherencia ontológica, para que se sienta acompañado y atendido desde su integralidad de acuerdo con sus necesidades e intereses propios.

• Es imprescindible el rol que desempeña el educador de hoy. 

Escolaridad, maestros y chicos en aulas 20220317

Incluyendo sus retos y desafíos. Se requiere un docente actualizado y preparado para enseñar a pensar, un docente con vocación de servicio, apasionado y motivado por el interés de alumnos y alumnas que atraviesan experiencias únicas de aprendizaje. Un docente que acompañe los procesos de búsqueda hacia la innovación partiendo de lo que le ofrece el entorno social, y lo que se puede desarrollar desde la libertad y la individualidad.

De esta manera, se podría afirmar que se está trabajando en la búsqueda del cambio. Un cambio que surge desde el educador, desde su observador, actitud y compromiso. Desde esa transformación personal, como cambio paradigmático que avanza hacia el bienestar del ser humano y que conlleve a la formación de seres autónomos, libres, críticos y constructores de futuro.  De la revisión de su ser para impactar en su hacer. “Educadores que aprenden y enseñan siendo felices para ser felices y promover entornos de bienestar”

• Repensar la escuela como edificio escolar

Trascender muros que condicionan de tal manera, que no nos permite pensar en formas de organizar la educación formal que vayan más allá de un edificio con compartimentos estancos arquitectónicos, temporales y de conocimiento. De un docente frente a un grupo y de una evaluación, factual y declarativa, de papel y lápiz.

El ser humano aprende en todo lugar y en todo momento, la pandemia nos ha dejado evidencias de ello.  Evoluciona y se adapta gracias al aprendizaje.  Es por ello, que las experiencias de aprendizajes que se estén generando en las escuelas deben poder volver a experimentarse fuera de ella y aportar valor a los aprendizajes de la vida misma.

• Incorporar definitivamente a la familia como parte de la comunidad educativa. 

La familia acompañando y facilitando aprendizajes en acuerdo con la escuela.  Abriendo una comunicación asertiva y respetuosa de los roles;  que favorezca acuerdos y aprendizajes mutuos.  Con una consciente planificación de acciones en esta dirección y diálogo fluido. "Entornos de aprendizaje más amorosos, respetuosos  y humanizados".

Flavia Sarquís es licenciada en Gestión Educativa, coach Ontológico Acreditado AAcop-Ficop Coach Sistémico Organizacional Diplomada en EE y Coaching Asesora Pedagógica, Capacitación y Formación Docente, @Visionar.Coaching. 

Galería de imágenes

En esta Nota

Comentarios

Espacio Publicitario