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Ocho anuncios y una cuarentena desesperada

12 de julio de 2020

El cuento de nunca acabar y una psiquis que ya no puede más.

El 20 de marzo nos dijeron que sería hasta el 31, pero el 29 nos anticipaban que sería hasta el 13 de abril. El 10 de abril que sería hasta el 26, pero el 25 de abril nos anticipaban que sería hasta el 10 de mayo.

El 8 de mayo nos anunciaban que sería hasta el 24, pero el 23 de mayo nos anticipaban que sería hasta el 7 de junio. El 4 de junio nos anunciaban que sería hasta el 28 pero el 26, mediante mensaje grabado, nos dijeron que será hasta el 17 de julio.

¡Si! Ocho, 8 anuncios, en letras y números, anuncios con picos de rating de 53,6 puntos. Un país mirando y escuchando para poder proyectar y organizar “mínimamente” la vida cotidiana.

Cuando el 3 de abril el título de la columna “Perfil” fue “Cuarentena para rato” si bien dimensionaba el fenómeno, era inimaginable que algo “excepcional” se convirtiera en habitual; la cuarentena se prolonga, nuestros movimientos se limitan y nuestra vida transcurre entre prórrogas y paréntesis.

Los días se suceden, las tensiones se van acumulando, el miedo y las preocupaciones no decrecen, la curva de estrés asciende y emociones que estaban “ahí” y que parecían desconocidas irrumpen con fuerza y se traducen en lágrimas, angustia, discusiones y hasta depresión.

¿Cuánto tiempo más llevará? ¿Habrá barbijos con motivos navideños y brindis virtuales? ¿Cómo afrontar este confinamiento que se extiende más de lo imaginado?

Transitamos el mes de julio y llevamos más tiempo “coronados por el virus” y todo lo que el mismo implica que la normalidad conocida. Las series maratónicas ya no se disfrutan tanto, los chistes y memes que circulan por las redes “son molestos”, y la etapa inicial en la que había aplausos, canciones y mucho contenido emocional, va quedando atrás.

No es momento para grandes planes, lo más “saludable” es intentar organizar cada etapa, pues esta pandemia está íntimamente ligada a la incertidumbre y quien pueda lidiar con lo impredecible tiene más posibilidades de resultar ileso emocionalmente.

Si bien varios países han atravesado esta problemática, en nuestra sociedad y hasta por una cuestión climática “pinta” de manera diferente, por ende tal vez la clave resida en poder conciliar actitudes espontáneas y flexibles para poder atravesar esta crisis sanitaria con gran impacto social y económico.

Desde la Psicología afirmamos que más allá del tiempo que puede insumir la solución del Covid-19, máxime cuando estamos sujetos a la solución provista por una vacuna, la clave está en “qué se hace con ese tiempo”, cómo se lo transita, a qué se destina, en definitiva cómo se vive.

Es imposible pretender controlar todo, por eso en lo posible habrá que ocuparse de aquello que solo esté a nuestro alcance, de centrar la energía en lo que sí puede ser resuelto por cada uno de nosotros.
Por lo que se avizora y mientras las solución siga siendo conductual (barbijo y distancia) el desafío está en desvincular las emociones negativas de la pandemia, pues en este tiempo muchos hemos aprendido de la importancia de un abrazo, de lo innecesaria que son algunas posesiones y de lo que sí es imprescindible y esencial.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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