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- Cuerpo & Alma -

Distancia extrema

California: gente ejercitándose en cápsulas plásticas (AFP)
19 de junio de 2020

La pelea por conservar los espacios libres de virus, sintiéndose una «especie de elegidos»

Por Guillermina Rizzo

¡Ni se te ocurra venir! Así, de forma categórica e imperativa ha sonado la frase en aquellos territorios y espacios libres de virus. Súplica egoísta que como eco se repite entre quienes se sienten como “una especie de elegidos” en el que su zona de residencia no se vio “infectada”. (todavía)

Fases que se suceden como peldaños, zonas que por momentos parecieran grises porque la amenaza “de tener un positivo” está latente y lo estará por largo tiempo.

Cambiar de fase habilita la posibilidad de recuperar por un momento algo del mundo que conocimos y habitamos antes de marzo del 2020; sin embargo “cambiar de fase” va mucho más allá.

Para la Psicología Social, abandonar paulatinamente lo que conocimos como “aislamiento” y encaminarnos a una fase “con ciertos permitidos” implica abandonar el objetivo común “de grupo” para situarnos en una lucha individual, en la que cada uno deberá ver cómo se cuida.

Atrás quedan aplausos en balcones que hasta semejaban una especie de “hermandad”, pues basta con querer ir a las sierras, basta con estar “poniendo el cuerpo” en la “zona de batalla” para que la estigmatización empiece a ser notoria y violenta.

Del “cuidarnos entre todos” pasamos a una fase “fóbica” en la que quienes provienen de lugares con Covid son una amenaza como el virus mismo, y hasta autoridades “nefastas” en una mezcla de aullido y grito de guerra, consideran que sus lugares no pueden ser visitados.

El cambio de fase pone de manifiesto estigmatización, exclusión, rechazo, construcción de estereotipos.

¿Cuál es el límite entre la responsabilidad individual y la posibilidad de convertirse en un “vigilante” de conductas ajenas?

Siempre es más fácil mirar, revisar, escudriñar y criticar lo ajeno, al otro; es más “confortable” observar lo que está por fuera que mirar lo propio, el interior de cada uno y reconocerse, pero es evidente que cuando el miedo ronda como un virus más, hay una instigación contagiosa, colectiva, a frenar a aquello que se convierte en amenaza, a aislarlo, excluirlo y a veces a hasta “crucificarlo”.

Y así devenidos en “espías sanitarios” surgen conductas adversas acompañadas de mensajes tales como: “acá no vengas, acá no te acerques, que se queden en su lugar…”. Evidentemente ciertas situaciones desnudan conciencias y almas, y así como en su momento se abalanzaron sobre el alcohol en gel sin importar el otro, el mismo sentimiento subyace ahora que otra fase se avecina.

Antes fue la lepra, la tuberculosis, el VIH, a veces termina siendo más letal el “ser marcado” por el entorno que la patología en sí misma; estar “infectado” convierte a la víctima en victimario en cuestión de segundos.

Todo este proceso que venimos atravesando es acompañado de mensajes educativos y preventivos, seguramente ya es momento de acompañar las etapas venideras con mensajes superadores, en los que solidaridad, respeto y tolerancia sean los ejes.
A la larga el Covid será superado, ese estigma que nunca debiera haber existido se irá diluyendo; sin embargo hay “miserias humanas” que perduran a lo largo del tiempo.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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