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La tecnología sexual gana lugar en una feria electrónica de Las Vegas

Por primera vez, tecnología y juguetes sexuales se exponen en la feria electrónica de gran consumo de Las Vegas (CES)
9 de enero de 2020

Si bien la industria de los juguetes sexuales representará cerca de 40.000 millones de dólares para 2024, los fabricantes reconocen que tiene una fuerte connotación negativa.

Los juguetes sexuales ayudan a relajarse, a conocerse o a recuperarse después del parto. También favorecen las relaciones largas o a distancia, empoderan a las mujeres, y dan placer. Sin embargo, sus fabricantes reconocen que tienen una connotación negativa y son casi un tabú, pese a que la industria representará cerca de 40.000 millones de dólares para 2024, según estimaciones. 

«Los sextoys (juguetes sexuales) tienen una connotación extremadamente negativa», señala Jérôme Bensimon, presidente de la compañía Satisfyer. «Por eso cambiamos nuestro nombre a «sociedad de bienestar sexual‘» explica.

La marca saltó de las conversaciones a las redes sociales gracias a su tecnología de ondas de presión para estimular el clítoris, y está a punto de lanzar una aplicación conectada a ciertos juguetes, que permitirá controlarlos con la entonación de la voz. 

Muchos de estos productos se exponen por primera vez en stands del Salón de Electrónica de gran consumo de Las Vegas (CES), una exhibición que no consiguió la autorización de la ciudad en 2019, pero lo logró en 2020.

«Los juguetes sexuales son dispositivos electrónicos de gran consumo, pero no son tratados como tales», dice Janet Lieberman-Lu, cofundadora de Dame Products, que fabrica pequeños vibradores para el clítoris. «Son más habituales en los hogares que muchos otros productos que se encuentran en el CES», señala.  

Esta compañía presentó una demanda contra el metro de Nueva York, que autoriza las publicidades de medicamentos contra la impotencia sexual y con referencias humorísticas a la sexualidad, pero no permite las de juguetes sexuales.

«Decir que las erecciones son un asunto de salud pero que los vibradores femeninos son obscenos es como decir que los hombres deben poder tener relaciones sexuales y que las mujeres no deben poder disfrutarlo. Y esta visión alimenta el cultura de violación», afirma. 

El placer es sinónimo de salud, insisten todos estos empresarios que se han pasado a la industria de los sextoys después de una primera incursión profesional en el sector de la electrónica, la medicina o la belleza.

«Todo el mundo quiere hablar sobre sexo, pero a menudo es difícil debido al miedo al rechazo», dice Soumyadip Rakshit, presidente de Mystery Vibe, que diseña vibradores para genitales femeninos y masculinos pensados para tratar la disfunción eréctil y la musculatura vaginal después del parto.  

Gerard Escaler es el director de marketing de Lovense — una compañía con sede en Hong Kong— que ofrece varias aplicaciones que facilitan las relaciones físicas a distancia. «Dos personas pueden sincronizar sus juguetes e incluso hacer una videollamada simultáneamente», explica Escaler. 

No obstante, la industria del «bienestar sexual», que representará cerca de 40.000 millones de dólares para 2024 según proyecciones de la firma Aritzon, puede ser que tenga interés en mantener al menos una parte de la polémica. Es que, apuntan a que sin el escándalo, el juguete sexual de casi 300 dólares que diseñó Lora DiCarlo probablemente no habría triunfado tan rápido.

El año pasado, los organizadores de la mayor feria de electrónica de consumo, la Consumer Technology Association (CTA), retiraron un premio a la innovación otorgado a Osé, un prototipo de juguete sexual que calificó de «inmoral, obsceno y profano», recuerda Lora Haddock DiCarlo, la inventora de un doble estimulador del clítoris y el punto G. El incidente generó mucho ruido, y la CTA le devolvió el reconocimiento.  

Eso, lejos de perjudicar al producto, parece haber contribuido a su éxito.»Durante nuestra preventa en noviembre alcanzamos nuestro objetivo de ventas anual en cinco horas», celebra la empresaria. 

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