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- Cuerpo & Alma -

¿Es posible el cambio?

15 de noviembre de 2019

Múltiples razones son inherentes a dicho proceso, pues se hallan motivos personales, circunstanciales.

Por Guillermina Rizzo (*)

¡Acertijo!

Se da un fenómeno que, con mayor o menor importancia, está presente a lo largo de la historia; alcanza “su pico máximo” en épocas de crisis económicas. Mi querido/a lector/a, se equivocó, no se trata de aumentos, ni tarifazos.

Múltiples razones son inherentes a dicho proceso, pues se hallan motivos personales, circunstanciales, necesidad de cambio; seguramente el motivo común entre quienes emprenden dicha cruzada es el anhelo de nuevos rumbos con la esperanza de iniciar una nueva etapa y un ferviente deseo de lograr un mejor bienestar.

¿Le doy pistas? Tema discutido en los últimos tiempos, también piensen en sus abuelos/as y en el ADN de nuestro país.

La decisión es comparable a casarse, tener hijos o elegir una profesión, pues implica “jugarse” y por ende se ponen y entran en juego, aspectos individuales y colectivos.

Para aquellos/as que creen que es fácil, sencillo y que el cambio es posible, lo/a desafío a que analicemos juntos/as el fenómeno de la emigración.

¿Qué implica emigrar? ¿Cuáles son los procesos psicológicos que se ponen de manifiesto? ¿Consecuencias?

Emigrar es un proceso que se debiera cocinar a fuego lento, supone un cambio rotundo que trae consigo el “desembarco” en un nuevo territorio. Requiere esfuerzo, energía extra para dejar atrás el lugar de origen y darse a la aventura de conocer y acomodarse -a veces no- a una nueva cultura, costumbres, incluso valores.

Estrés por lograr una rápida adaptación, miedo, angustia, soledad, ansiedad, culpabilidad, depresión, sensación de fracaso por lo que ha quedado atrás, tristeza, desengaño, trastornos psicosomáticos, son algunas de las consecuencias que se manifiestan cuando alguien decide emprender nuevos rumbos.

¡Acertijo!

¿Pueden emigrar nuestros sentimientos? ¿Es tan simple el cambio?

Quienes creen que es simple dejar atrás historias, esas que marcan, que calan profundo, le aseguro que no es fácil ni simple, pues implica un proceso de duelo semejante. La crisis acompaña los intentos de armar la valija para dejar atrás una relación en busca de nuevos territorios, nuevos caminos, tal vez nuevas experiencias y el tan ansiado bienestar.

Según la Psicología, ante un cambio de residencia, surgen una serie de sentimientos: nostalgia, sensación de vacío, miedo, falta de valor, incapacidad que va lacerando la autoestima. Soledad, desencanto, frustración, rostros desconocidos y lugares “poco familiares” se convierten en experiencias a veces insoportables. Fatiga, dolores por doquier, falta o exceso de apetito, se traducen en síntomas por el cambio emprendido.

¿Cuánto pesa la mochila psicológica al momento de realizar un cambio?

Dar un salto de magnitud y de calidad, supone haber concluido una etapa, solo así se puede tomar otras rutas. Es condición tener en claro que, en todo cambio, se despliegan nuevas posibilidades que en ocasiones nos acercan a nuevos territorios, nuevas personas, nuevas historias, nuevas posibilidades.

La mochila pesa, pero seguramente hay en ella una serie de recursos psicológicos para afrontar la decisión. Se trate de emigrar a otro lugar o de “emigrar sentimentalmente”, requiere el coraje de un movimiento para no permanecer “entre dos mundos”, quedando “atascado” y permaneciendo en un espiral de interrogantes que solo pueden ser develados en la acción.

Valentía y deseo de cambio son las dos caras de la moneda, a veces, lanzarla al aire aporta una solución. Valentía y deseo para cambiar, también valentía y deseo para volver sobre los propios pasos y aceptar que a veces no todo está concluido, que la mochila contiene sentimientos tan profundos que habilitan el retorno.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación.  /Twitter @guillerizzo

F.D.S./

 

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