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Marcela Alluz: «La literatura abrió mi mundo y puso en cuestión mis convicciones»

Marcela Alluz
8 de noviembre de 2019

La escritora de «Mal de muchas» cuenta los detalles de su última novela, que reforrmula ciertos paradigmas y los pone en cuestión.

Marcela Alluz, escritora y autora de «Mal de Muchas», su último libro, asegura que esta novela está «signada por lo epocal», un presente donde el feminismo, la sexualidad y el cuestionamiento a los mandatos están bajo la lupa. Oriunda de Santiago del Estero, Alluz pone de manifiesto el enfrentamiento generacional con nada menos que la figura de la madre, en parte basado en experiencias propias. Ese enfrentamiento, según su propia definición, «habilita nuevas formas de habitar el ser mujer”. En «Mal de muchas», dice, «el amor de pareja, la sexualidad, el cuerpo y sus avatares, son temas que se desmenuzan y se exponen a la luz de un sol que también deja ver mucha sombra».

Si tuvieras que contarle a los lectores que aún no leyeron ‘Mal De Muchas’, ¿cuál dirías que es ese «mal» que comparten las mujeres y por qué el libro lleva ese nombre?

De MDM (Mal de muchas) puedo decir que es una matriz que compartimos las mujeres nacidas en una época determinada, maternadas por madres que obedecían a mandatos arcaicos. Las mujeres de 30 años en adelante somos una generación visagra que dio el pie para que las pibas de hoy en día vivan su existencia con libertades diferentes. El MDM es esa mezcla de luz y oscuridad que atraviesa temas que van desde lo que se consideraba femenino: la maternidad, la elección de una pareja que proteja, una profesión en la que no hace falta descollar. Un mandato que se regía también por lo que implicaba de cumplir con normas sociales y cumplirle también el sueño a la madre que “dejó su vida por nosotras”. El nombre nace desde ese lugar. Algo que nos convoca a todas y que daba cierto consuelo al saber que era compartido. Mal de muchas, consuelo de tontas, suelen decir. Y es en esa frase donde se ancla esta novela buscando reformular ciertos paradigmas poniéndolos en cuestión.

Mal de muchas, la última novela de Marcela Alluz.

— ¿Cuánto de vos y tu experiencia personal hay en esta historia? ¿Se puede, en caso de inspirarte en vivencias propias, separar esas experiencias de la ficción?


En realidad mi madre no se parece mucho a la mamá de Margarita, pero si es parte de esas madres que nos suponían felices si no nos apartábamos del camino alambrado de nuestras contemporáneas. Me tocó vivir con una madre muy fuerte, pero también muy libre y muy avanzada para su época. Por supuesto, hay lugares de los que no escapa. La amenaza de terminar limpiando baños de la terminal fue real en toda mi etapa de estudiante y el mandato de “ser una mujer de bien”. Obviamente, no soy la hija que ella soñaba, pero hemos sobrevivido a eso casi ilesas. Puedo separar lo propio de la ficción usando ciertos rasgos y deformándolos hasta lo grotesco o cambiándoles un color. Hay una distancia enorme entre Margarita y yo, sí compartimos, por lo que dije antes, el MDM.

— El libro tiene una mirada feminista, de liberación. ¿Cómo te resultó abordar este tema, teniendo en cuenta que el personaje principal, Margarita, tiene que afrontar los prejuicios por su decisión de no ser madre?


Es ese uno de los temas que Margarita sufre. Porque por más que tiene la decisión y los argumentos para no tener hijos, le pesan las explicaciones que tiene que dar a los otros. Justamente, ese es uno de los temas en donde la novela hace una flexión para darle la voz a una mujer que pone en cuestión este mandato. Y aunque no lo cumple, carga con una culpa social.
La idea del feminismo atravesando el libro es porque es el movimiento epocal que caracteriza este momento, con todas las contradicciones que estos cambios de paradigmas acarrean.


Vos decís que la literatura es para vos «un espacio de resistencia»¿Qué aspectos personales te ayudó a sobrellevar la escritura? 

La literatura, tanto desde la lectura como escribiendo me ha posibilitado abrir mi mundo y poner en cuestión mis convicciones. Me permite argumentar y esgrimir la palabra en temas que son más álgidos como el aborto, la sexualidad, la eutanasia. Me ayuda a sobrellevar la vida diaria en la que aún tenemos que poner en cuestión como las exclusiones de la trama social a cualquiera que no tenga el pasaporte de la normalidad en sus bolsillos. Sobrellevo con la escritura el dolor de ver cómo en las escuelas se dice incluir pero se excluye, se habla de aceptar los cuerpos que no se atan a los estereotipos pero se cargan miradas de censura sobre ellos. La resistencia para mí viene de la mano de la palabra. De poner palabra donde
habitan los miedos, la desigualdad y la opresión.

A.G.


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