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- Cuerpo & Alma -

Obligaciones: entre la velocidad y el punto muerto

8 de noviembre de 2019

El tema de hoy es para atesorarlo en la puerta de la heladera; la idea es no olvidarlo ni mucho menos pasarlo por alto.

Por Guillermina Rizzo (*)

El tema de hoy es para atesorarlo en la puerta de la heladera; la idea es no olvidarlo ni mucho menos pasarlo por alto.

Lejos de la vanidad, tal vez el tema de hoy sirve para imprimirlo, enmarcarlo, y obsequiarlo a quien mucho tira del carro o como diría mi hermana “ordeña siempre a la misma vaca”.

¿Imposibilidad de frenar o marcha automática?

A simple vista pareciera que la propuesta consiste en una clase de manejo; si bien aplica la metáfora, el tema de hoy afecta a más de uno/a y en especial a nosotras, las mujeres; así que la lectura es válida para los hombres.

En tiempos frenéticos, competitivos, intensos, pareciera difícil detener la marcha. Como una cuerda, que se estira, cede y cede, las personas nos vamos cargando de obligaciones y responsabilidades, mucha de ellas inútiles, innecesarias, y que confieren un peso extra a la carga cotidiana.

La agenda mental, digital o la tradicional de papel, se va plagando de tareas, asuntos pendientes, responsabilidades, algunas ineludibles, impostergables; así las obligaciones o lo que es peor, lo que convertimos en obligaciones, acaparan espacios, restando lugar para lo verdaderamente importante, trascendente y hasta placentero.

¿Exceso de obligaciones o dificultad para detener la marcha?

Imposiciones sutiles y obligaciones explícitas, acumular tareas mientras otro/a se relaja, y si le agregamos que todo sea desarrollado y resuelto en un marco de perfección y sin dejar nada “librado al azar”, no es casual que se presenten una serie de altibajos que requieren gran esfuerzo para atravesarlos.

El exceso de obligaciones genera problemas físicos y emocionales. La acumulación de deberes ocasiona una distorsión de la realidad que impide decir “¡basta!”, delegar o pedir ayuda. Generamos y gestionamos nuestra propia “encerrona”, de la cual es difícil salir porque seguramente alguien también se favorece.

Casi como un motor, el desgaste aparece por la acumulación de obligaciones y resulta indispensable reconocer las señales que se manifiestan.

La más visible y hasta naturalizada es la ansiedad. Quien tiene exceso de obligaciones está siempre en “modo activo/a”, dispuesto, disponible. El malestar y la sensación de alerta, frecuentes
y recurrentes, restan “efectividad”; consecuentemente se postergan las tareas, se acumulan, generando más ansiedad.

La ansiedad por abundancia de tareas repercute casi directamente en nuestro sistema digestivo; comer “parado”, deglutir sin degustar, asimilar alimentos sin el tiempo suficiente genera molestias que suelen derivar en problemas mayores.

Desconocer la forma de gestionar la ansiedad, acarrea un estilo de funcionamiento que se va sedimentando; hipertensión, arritmias y palpitaciones son manifestaciones más comunes; seguramente quien tiene muchas obligaciones no dispone de tiempo para una saludable y recreativa rutina de ejercicios.

El bienestar y el descanso pierden protagonismo en la vida de quien está colmado/a de compromisos; dolor de espalda, el cuello rígido y lumbares “anudadas” nos recuerdan la mudanza, la limpieza profunda de la casa, o tener al pequeño todo el día “a upa”.

Corona este proceso de deterioro la dificultad para conciliar el sueño y el insomnio se hace presente; el resultado es la “noche en vela” obviamente repasando el listado de obligaciones.

No se trata de vivir sin responsabilidades ni ataduras, no se trata de transitar a velocidad o en punto muerto; se trata como digo en el consultorio de descifrar situaciones y actores que sostienen el problema en dicho entramado. A veces por cumplir y no decepcionar a los/as otros/as terminamos fallando en nuestra propia marcha.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. /Twitter @guillerizzo

F.D.S./

 

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