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- Cuerpo & Alma -

Con “d” de duelo, con “d” de desempleo

1 de noviembre de 2019

¡Desempleo! ¿Combinación de trauma social y de duelo individual y compartido?

Por Guillermina Rizzo (*)

¡Hoy me siento como el salmón!

En esta tendencia y hasta obligación, de tener que ser optimista, de dar buenas noticias, de que todo sea “pum para arriba”, me encuentro como el salmón, nadando contra la corriente, contra la corriente de una pseudoalegría hasta impuesta, para “dar a luz” el tema de hoy.

¿Se puede tapar el sol con la mano? ¿Negar? No. Máxime cuando la protagonista de estos temas es la Psicología.

¡Desempleo! ¿Combinación de trauma social y de duelo individual y compartido?

¡Desempleo! ¿Amenaza que acecha y pulveriza el bienestar?

¡Desempleo! ¿Paradoja de este tiempo? ¿Amenaza social para Usted, para mí, para muchos/as, que impone respuestas individuales porque escasean las acciones colectivas?

¿Desempleo y desprotección son las dos caras de la moneda?

Al margen de que la finalidad de un trabajo está ligada a fuente de ingresos y a la posibilidad de sustento, es sabido que el desarrollo de una tarea “remunerada” proporciona bienestar social y psicológico. El trabajo confiere un estatus, conforma rutinas y hábitos, es un ordenador social e individual, en gran medida un trabajo nos estructura y ocupa una parte importante en nuestras vidas.

Al desempleo en ocasiones se lo avizora, se “lo ve venir”, en otras el final es inexorable y llega como cachetazo, “como balde de agua fría”. Las consecuencias emocionales, psicológicas, las repercusiones sociales al compás de la situación de desamparo parecieran explotar y desmoronar proyectos de vida.

¿Con “d” de depresión?

Atravesar la pérdida de un trabajo implica enfrentar a una serie de poderosas repercusiones; preocupación creciente, tensiones, estrés, angustia y hasta depresión, son las consecuencias más frecuentes. La autoestima se erosiona, la autoimagen se derrumba, la identidad se reconfigura a partir de un nuevo rol: el de desempleado/a, con un simbolismo y una carga subjetiva lacerante.

¿De la indiferencia a la solidaridad?

Si bien vivimos tiempos de individualismo exacerbado, tiempos en los que el otro pareciera prescindible, quien hoy conserva su trabajo, también es “perseguido/a” por esta “inseguridad laboral”.

Estudios revelan que los/as “sobrevivientes”, aquellos/as que son testigos del desempleo de sus compañeros/as también manifiestan una alarmante deterioro en su bienestar psicológico y una disminución en el ejercicio y defensa de derechos.

Según Freud, la actividad laboral permite desarrollar la creatividad, la ambición, los sentimientos de pertenencia, confiere reconocimiento e independencia. Para el “padre del Psicoanálisis”, el desempleo también exige un duelo; elaborar aquello que se tuvo y que ya no está, o lo que es peor no volveremos a poseer.

Culpa, desesperanza, ausencia de objetivos, carencia de planes y proyectos, apatía, enojo, furia, y hasta vergüenza son sentimientos y emociones omnipresentes que nublan la mirada, empañan el panorama y el horizonte se percibe irreversible.

Los/as más jóvenes experimentan estados de irritabilidad, aislamiento, automarginación, trastornos psicosomáticos, cayendo en una resignación paralizadora. Los/as adultos/as en cambio oscilan; de la incredulidad inicial pasan a estados de desorientación y temor al futuro; si bien al comienzo vivencian la situación como unas vacaciones forzadas o un tiempo para dedicarse a cuestiones pendientes, luego aparecen trastornos físicos y mentales.

Sé que el desempleo “taladra” toda coraza protectora, genera un estado de dolor intenso, difícil de sobrellevar porque los recursos emocionales parecieran disiparse a la par de “la monedas”, el vacío existencial es tan insoportable como los platos vacíos en una mesa.

de comunicación.  /Twitter @guillerizzo

F.D.S./

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