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- Cuerpo & Alma -

Basta de poner excusas

30 de agosto de 2019

Para la Psicología, los pretextos operan como un “calmante” que evita sentir culpa y disminuye la responsabilidad.

Por la Dra. en Psicología, Guillermina Rizzo (*)

Le propongo hacer un listado de las más habituales: “no tengo tiempo”, “eso no me corresponde”, “mañana te llamo”, “cuando cobre el aguinaldo”, “no nací para eso”, “no tengo edad”, “no soy capaz”, “no…”

¡Excusas! ¡Pretextos!

¡Abundan! En la familia, en la pareja, en el trabajo, en las reuniones de consorcio, en el club; en aquellas situaciones en las que el error o la falta son protagonistas, seguramente habrá múltiples y variadas excusas.

¿Ausencia de responsabilidad? ¿Huir de posibles consecuencias? ¿Cuál es su listado de excusas?

¡Excusas por doquier! Buenas, malas, creativas, repetidas, oportunas, insólitas…

Para la Psicología, las excusas operan como un “calmante” que evita sentir culpa y disminuye la responsabilidad; funcionan como “anestésico” en situaciones que desbordan o en las que no se visualiza una pronta salida; las excusas son la excusa ideal para evitar cambios.

Las excusas posibilitan mantener el equilibrio y no permiten que los cambios acontezcan; son un mecanismo habitual que aporta beneficios secundarios. Está comprobado que ante situaciones problemáticas, en las que la persona se debate entre lo que debiera o pudiera hacer y lo que no debiera o no se atreve a realizar, pretextos y excusas se convierten en la solución.

Librar contiendas mentales provoca molestia, incomodidad, en ocasiones angustia, ansiedad, estrés, y es allí donde las evasivas logran apaciguar esos estados e incomodidades internas. Mi abuela diría “soldado que huye sirve para otra guerra”, sin embrago tal beneficio secundario se convierte en obstáculo que impide evolucionar y desarrollarse.

Las excusas enmascaran miedos, temores, inseguridades, disimulan la incapacidad para hacerse cargo, asumir situaciones y sobre todo resolverlas. Desde “había un tráfico impresionante” hasta “rescaté un gato del tejado”, ya sean habituales hasta originales, las excusas son una forma corriente de autoengaño, tácticas y estrategias para sobrevivir ante situaciones y proyectar una imagen de la cual se carece.

¿Justificaciones o excusas?

Las justificaciones aparecen y abundan en los discursos traducidas en diversas explicaciones cuando generalmente realizamos alguna acción, cuando reaccionamos ante algo o alguien; las excusas, por el contrario, se emplean ante la falta, la ausencia, el error; ponen en evidencia la ausencia de la acción, máxime cuando esta es esperable.

Mi querido/a lector/a, no sé si Usted es de los/as que tiene una excusa para cada ocasión, de ser así le aseguro, que el límite con la mentira es ínfimo, imperceptible; a su vez el gasto de energía que implicar elaborar una serie de pretextos es considerable.

Mientras su mente teje y entreteje “argumentaciones”, le aseguro que su cuerpo lo registra, ya que se producen una serie de  reacciones fisiológicas que se van acumulando y sedimentado por el hábito de excusarse. Tensiones, contracturas, angustia, desasosiego comienzan a evidenciarse y en poco tiempo “le pasarán factura”.

¡Excusas engañosas!

Transitar por la vida, de excusa en excusa, si bien es un escape que convierte el andar en apacible y transitable, además de transitorio, sumerge en un círculo vicioso y de engaños. Asumir responsabilidades, dejar a un lado las culpas, temores e inseguridades posibilita asumir elecciones, decisiones y libera.

Quien quiere permanecer estático/a siempre encuentra excusas, por eso promuevo la aceptación de los errores porque deviene en aprendizaje, promuevo el coraje porque deviene en experiencias gratificantes, promuevo el “hacerse cargo” porque deviene en evolución. ¡No tengo excusas!

(*) Columnista en medios de comunicación. Twitter/ @guillerizzo
F.D.S./

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