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- Cuerpo & Alma -

Pasar el invierno

¿Cuántas veces se decepcionó porque supuso un determinado resultado?
24 de junio de 2019

Estudios demuestran que ciertas conductas y síntomas comienzan a manifestarse en otoño, se agudizan en invierno y van menguando hasta desparecer al comenzar la primavera.

Por Guillermina Rizzo (*)

¿Mi querido/a lector/a de qué lado está usted?

A algunos/as les da lo mismo y atravesarán esta etapa sin mayores problemas; otros/as cuentan los días para que culmine de una vez por todas vociferando una serie de epítetos, cual catarsis, para sobrellevar la situación; y están aquellos/as que disfrutan y planifican cada día para intensificar el goce.

A su vez, están los/as que pueden, los/as que se las rebuscan con lo que tienen y lamentablemente hay unos cuantos/as, muchos/as, que dolorosamente no tienen mucha opción.

¡Empezó el invierno! Si usted estad leyendo esta columna, más allá de si lo disfruta o lo padece, seguramente es previsor/a: las infaltables lentejas, pastas y salsas, ha sacado a relucir la cacerola “archivada” en la temporada estival, chocolates para esas noches de películas y series. Si de ropa se trata con certeza ya está rescatando, guantes, bufanda, medias térmicas, gorro, campera, y se desplaza emulando un muñeco de nieve regordete.

Bajó la temperatura, para algunos/as es un suplicio, para otros/as un deleite en el que la creatividad se despliega y junto al aroma de un guisito con la receta de la abuela, proyecta el descanso con una mullida frazada, la bolsa de agua caliente, apela a la “cucharita” o simplemente abraza la almohada.

Atrás quedaron los largos paseos, las escapadas a la playa, los días son más cortos y no hay peinado que resista al viento y a los gorros. Esta situación, sin embargo, produce en algunos/as un cambio casi aniquilador en su estado de ánimo.

¿Las estaciones y el clima nos condicionan?

Desesperanza, tristeza, dificultades en la concentración, irritabilidad, falta de energía, aumento de peso por un mayor apetito y una somnolencia creciente por la mayor secreción de melatonina, son algunos de los síntomas de lo que se denomina Trastorno Afectivo Estacional.

¿Cuestión de melatonina y serotonina?

Estudios demuestran que ciertas conductas y síntomas comienzan a manifestarse en otoño, se agudizan en invierno y van menguando hasta desparecer al comenzar la primavera.

Aunque usted no lo advierta su reloj biológico está regido por cambios asociados a la luz solar, así, cuando llega la noche por disminución de la luz solar, el reloj “intuye” que es el momento del  descanso y segrega melatonina, hormona reguladora del sueño.

¡No todo lo que brilla es oro! Por esta misma causa, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca se encuentran entre los países que mayor porcentaje presentan de depresión estacional.

¡Un rayo de sol! El Trastorno Afectivo Estacional está íntimamente relacionado con la falta de luz solar, máxime en ciertos edificios y lugares de trabajo donde solo se dispone de luz artificial, por ende, quien tiene tendencia a la depresión, acusan mucho más las señales debido a la falta del “astro rey”.

Diversas investigaciones dan cuenta que durante el otoño y el invierno los contenidos de serotonina son menores, incidiendo en el estado de ánimo, el apetito y la satisfacción. Dependiendo la intensidad del trastorno será el tratamiento que va desde la fototerapia, la terapia psicológica y en casos más severos la medicación.

¡Habrá que pasar el invierno! No sé de qué lado está usted. Tal vez es de los/as que lanza palabrotas al viento cada vez que sale a la calle, o ingiere carbohidratos para condicionar la serotonina; o tal vez pertenece al grupo que disfruta y hasta tiene la posibilidad de encender una linda fogata y contempla el fuego acompañado de una bebida espirituosa.

Más allá de donde se ubique también están los/as que literalmente se mueren de frío.¿Podremos pensar y hacer algo por ellos/as?

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter/@guillerizzo

F.D.S./

 

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