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- Cuerpo & Alma -

Un poco de limpieza y minimalismo

Foto:Instagram
26 de mayo de 2019

¿Espacio en orden, mente en orden? ¿Es un esfuerzo deshacerse de objetos? ¿Placer en acumular?

Por Dra. Guillermina Rizzo. 

Se aproximan los días en los que las bajas temperaturas se empiezan a sentir, los rayos solares parecieran atenuarse, nos vamos preparando para permanecer más tiempo dentro de la casa; momento ideal para poner un poco de orden.

¿Espacio en orden, mente en orden? ¿Es un esfuerzo deshacerse de objetos? ¿Placer en acumular?

Hay quienes sienten una excesiva responsabilidad por sus posesiones, sus bienes, a tal punto que les resulta imposible desechar ropa vieja, diarios, revistas, cuadernos de la época escolar, entradas de cine, envoltorios, y todo aquello que su imaginación le permita conjeturar. Evitar el derroche, temor a perder datos importantes, objetos de escaso valor sentimental y monetarios, se convierten en una obsesión denominada “trastorno de acumulación”.

Reciclar, vender, más difícil aún regalar son misiones imposibles, y tirar resulta una utopía. Decisiones precedidas por “tal vez lo necesite… por si acaso me hace falta…” evidencian un gran apego y la imposibilidad de separar-se. Así, se adquiere una licuadora, pero no se descarta la “la vieja” por “si en algún momento la nueva comienza a fallar”; justificativo ideal para seguir acumulando.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) prevalecen una serie de criterios en quien siente placer por convertir la casa en una acopiadora. No hay lesión cerebral, sino una dificultad recurrente para deshacerse de posesiones más allá del valor, malestar al momento de desprenderse, y espacios plagados de elementos que dificultan el desenvolvimiento social y laboral.

Sótanos, áticos, armarios, cualquier espacio es propicio para abarrotarlo. ¿Y la mente? Marie Kondo, se convirtió en gurú con su libro “La magia del orden”. Esta organizadora japonesa sostiene que, con su método, no solo se establece un orden en la casa o la oficina, sino también en uno mismo. La autora, fundamenta que se debe conservar aquello que “se ama”,eliminado y limpiando todo a la vez, garantizando un cambio “maravilloso”, sustancial, y duradero. ¡Aguarde un momento mi querido/a lector/a! ¡No salga corriendo a descartar objetos! ¿Y los sentimientos?

Expertos afirman que podemos vivir con poco más de veinte prendas y unos pocos muebles y objetos. La tendencia minimalista gana cada vez más adeptos, la premisa es simplificar la realidad para tener un estilo de vida más sencillo, de forma tal que “todo fluya”.
Evidentemente “la limpieza emocional” es una tarea más compleja, en más de una ocasión archivamos en el sótano angustias, desengaños, ansiedades, tristezas, amores no correspondidos, decepciones, amarguras; un deseo ferviente de guardar en un armario, si es posible con candado, algún dolor, las lágrimas y también los pañuelos.

Al igual que con los objetos, llega el momento de “limpiar las emociones”, de revisar los sentimientos y dejar a un lado la acumulación. Deponer las excusas, los “por si acaso”, empezar a descartar sentimientos que no construyen y por qué no personas que lejos de aportar, transitan por la vida “en punto muerto” o lo que es peor, destruyen, pues también son parte de la limpieza.

Amigos/as, hermanos/as, padres, madres, hijos/as, la pareja, el trabajo, uno/a mismo/a, pueden pasar por el “tamiz de la simplificación”, le aseguro que los vínculos dejarán de ser una complicación para ser vividos y gozados desde la sencillez.

El minimalismo se concibe con unos pocos muebles, lo indispensable, le aseguro que la vida también. Si al “limpiar” descartamos críticas, quejas, frustración, inconformismo y solo “acumulamos” amabilidad, calma, alegría, besos y abrazos, optimismo, acompañado de palabras constructivas, tal vez los problemas se disipen y poco a poco todo estará en orden.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

 

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