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- Actualidad -

Exaltar a la vigilia

21 de abril de 2019

Entre huevos, roscas y conejos, con envoltorios llamativos que son una invitación a ser consumidos y precios que son una invitación al espanto, hemos transitado un tiempo que para los/as que profesan la religión católica debiera ser especial.

¡Semana Santa! Para algunos/as un feriado extra-largo, para los/as católicos/as la fecha más importante del año.

Aún para los/as que no creen o tienen otras creencias, existe una historia, que más allá de la fe que se profese y de los miles de años transcurridos, vale la pena rescatar.

Muerte, vigilia y resurrección, tres conceptos fundamentales de “estos días santos”, que al contrastarlos con las noticias como la pobreza acuciante o el lamentable “femicidio de cada día”, poco tienen de “santos”, sino que están signados por el estupor, el espanto, la conmoción; el horror de debatirse entre la vida y la muerte como consecuencia de una violencia inaudita.

Vigilia es un estado, es pasar “una noche en vela”, es encontrarse despierto/a. Cabe preguntarse si en esta época ¿no será   momento de rendirle homenaje a la vigilia y exaltarla?

Tiempos de zombis y sonámbulos, de sueño profundo, de anestesia y anestesiados/as.  Atontados/as por la tecnología, sumergidos/as en redes sociales, celulares y WhatsApp, sepultando encuentros, conversaciones cara a cara; tiempos en los que se postergan los abrazos y caricias y son reemplazados por emoticones.

La gran mayoría de los adultos olvidaron la vigilia, ya no pasan siquiera “una noche en vela”; se naturalizó “la previa”, el consumo de alcohol hasta el hartazgo o en el peor de los caos “el coma”; las sustancias rondan, se mezclan con las bebidas, y así, los/as adolescentes, “pasando la noche en vela”, “adolecen” de la carencia de límites, de modelos y referentes. Padres/madres, adultos, que dejan de velar porque están situados y centrados en sus propias preocupaciones e intereses, desertando de roles y acercándose a lo patológico.

¡Sábado Santo! Según los relatos, dos mujeres, María y Magdalena, en “vigilia permanente” y en medio de un patriarcado vigoroso, se dirigieron al sepulcro. Dos mujeres, como tantas otras seguramente anónimas. Mujeres incapaces de evadirse de los conflictos, sensibles a los problemas ajenos, luchadoras, perseverantes, resistentes; aunque atravesadas por el dolor. Cabe preguntarse: ¿cuántas mujeres en la actualidad están atravesadas por esos mismos sentimientos, emociones y dolores?

Femicidios, violaciones, abusos, explotación, injusticias, desprecios, destrato, ser descartable porque pasaste “los cincuenta”; viejas y aunque sabias, olvidadas, abandonadas por sus propios familiares, sepultadas vivas por su propia descendencia, que, insensible, atontada, embotada, olvida la importancia de acariciar las mismas manos arrugadas que un momento los/as nutrieron.

¡Domingo! ¡Resurrección! Seguramente lo primordial para algunos es el chocolate, los conejos, los huevos. Costumbre, ritual, también festividad religiosa. Entiendo la resurrección como invitación para salir del letargo, del adormecimiento letal, insensible.

Momento para renovar esperanzas aun cuando pareciera que todo está perdido, momento para abrir los ojos y ver a los/as otros, a los/as más cercanos/as, a los/as postergados/as, a los/as olvidados/as. Tiempo para estimular encuentros, para apagar el celular y registrar sentimientos propios y ajenos.

¡Domingo para despertar! Tiempo para pensar en un bien- estar compartido, tiempo de dar, de perdonar, de dejar a un lado lo trivial y de comprometerse con ese necesario estado de vigilia, para poder velar por los/as otros/as de forma responsable. Tiempo de entender que solo estando despiertos/as podemos estar presentes, dispuestos/as, aquí y ahora. ¡Felices Pascuas!

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo