Rouge

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- Cuerpo & Alma -

Más despacio: “despacito”

10 de marzo de 2019

Mi querido/a lector/a, hoy tengo unas preguntitas para hacerle y traerle un tema a su memoria…

Año 2017 y todavía, cada tanto, sigue sonando. ¿El tema rondó una y otra vez en su cabeza? ¿Lo silbó? ¿Lo ejecutó con golpecitos de cuchara? ¿Lo escuchaba mientras salía a correr? ¿Tal vez es de los que hacía movimientos con el pie? ¿Lo tarareaba mientras limpiaba la casa? ¿Si es de san Lorenzo se abrazó con la hinchada? ¿Lo cantó a rabiar adentro de su auto a todo volumen? ¿En la ducha?

¡No lo niegue más! ¡Des–pa–ci–to! Pasito a pasito, suave suavecito… Despacito. Se convirtió en un hit irresistible, a tal punto que un sacerdote lo cantó en plena homilía. Batió récords y Luis Fonsi acumuló premios.

Más allá de que expertos/as de la música y psicólogos/as consideraron que reunió una serie de elementos para que sea una canción “pegadiza”, que los acordes de guitarra introductorios generaban endorfinas, que el estribillo “explosivo” garantizó el éxito, cabe preguntarse: ¿No será un clamor por intentar “bajar un cambio”?

¿La velocidad se convirtió en sinónimo de eficacia? ¿la lentitud está asociada a la torpeza?

Aceleración, “no hay tiempo”, rapidez, “sin tiempo que perder”, cambios bruscos, cuatro tareas a la vez, contra reloj, inmediatez, “terminado para ayer”; frases y conductas que se reiteran. ¿No será tiempo de reivindicar a la tortuga de la fábula?

Y la pregunta que me acecha cada semana: ¿puede leer esta columna hasta el final o vive apurado/a?

Todos/as nos quejamos de la velocidad con que la vivimos: subir al colectivo justo en el momento que se arriba a la parada, “ábrete sésamo” y subir al ascensor sin demoras, que las páginas en internet aparezcan a la velocidad de la luz, son algunos deseos cotidianos.

¿Días de más horas o menos actividades en el día? Usted tiene la respuesta.

Sensaciones variadas: invade la prisa, las tareas nos superan y desbordan, los modos de ser, estar, actuar y sentir se precipitan y en ocasiones van en caída libre, el presente se torna inasequible y se lo transita como si fuera pasado, bajo estas circunstancias ¿cómo proyectar el futuro?

Por evitar ser como la tortuga terminamos como la “ratita de laboratorio” que gira y gira en la rueda sin cesar y sin un destino. Las consecuencias de la vorágine también son materia de estudio de los laboratorios y expertos en comportamiento humano.

¡Ya! deje de mirar el reloj y sepa que la prisa aumenta la ansiedad y la tensión generando agresividad y estado de alerta: que no es casual que se recurra a sustancias estimulantes para estar “siempre listos”. El estado de alerta permanente ocasiona trastornos psicosomáticos tales como desequilibrios metabólicos, insomnio, obesidad; síndrome de bournout que se traduce literalmente en “sentirse quemado”.

Desarrollar multitareas arroja a la persona a almorzar frente a la computadora; a cocinar mientras toma la lección de un hijo; a cenar impartiendo consignas laborales a través del celular; y la lista podría extenderse.

Ante el posible colapso se experimenta una sensación de “paren todo, me quiero ir, me quiero bajar”, huir es un síntoma del desborde propio de los/as que se creen imprescindibles, omnipotentes y omnipresentes, escapar nunca es la salida, tampoco para el “hombre/mujer orquesta”.

Tal vez sea “des-pa-ci-to, pasito a pasito, suave suavecito”, pues como señala la canción, asegura que la experiencia sea placentera y quede como marca indeleble, tal vez en este siglo haya que reformular fábulas y rendirle tributo al caracol y dejar de estigmatizar a los/as lentos/as.

Apasionada de la escritura y las letras para mi es cuestión de “N”. Si la canción es cuestión sigue batiendo récords y en febrero de 2019 el video clip llegó a los 6 mil millones de vistas a lo largo de la historia de YouTube, seguramente tiene que ver con el talento de sus autores, quienes seguramente se tomaron su tiempo para componerla: Talento – TaN- LeNto.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo