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La dieta con la que Nancy Pazos bajó 25 kilos

23 de febrero de 2019

La periodista realizó dos regímenes que le permitieron, en un año y medio, ese descenso. Su testimonio y el de la médica que la acompañó en el proceso.

Por Florencia de Sousa

El cambio físico que logró Nancy Pazos al adelgazar 25 kilos es notorio. Es por esto que, ante las insistentes consultas sobre cómo logró su descenso de peso, la periodista decidió compartir su experiencia en un libro que realizó en conjunto con la especialista que la acompañó en todo el proceso, la doctora Sandra Molocznik. Juntas publicaron “La Balanza Hormonal“, editado por Planeta.

Molocznik, especialista en Medicina Interna y en Medicina Regenerativa, Funcional y Anti-envejecimiento, cuenta que a raíz del reciente lanzamiento del libro el número de consultas aumentó. La doctora fue quien guió a Pazos en dos regímenes diferentes: primero la Dieta Metabólica Acelerada (DMA) de la doctora Haylie Pomroy; y segundo, la Dieta Cetogénica Modificada (DCM). Una de las premisas que plantea la profesional es que “son las dietas las que deben adaptarse al paciente, y no el paciente a las dietas”, y este es el resumen del trabajo que hizo con el plan que le adecuó a Nancy.

“Hice dos dietas, la DMA al principio y después me mantuve y seguí bajando con la cetónica. En la primera me concentré y dije ‘sí o sí es ahora’, e hice la dieta muy estricta y el resultado fue casi mágico, fue un proceso aceleradísimo y la verdad es que era adrenalínico. Me pesaba todas las mañanas y veía que bajaba y entonces seguía. Después hubo procesos donde me estancaba y había 2 días que no bajaba, pero después retomaba. El resultante fue que terminé bajando 18 kilos y no hubo un momento en que me frustré”, contó la conductora del programa radial 990 Pazos, en diálogo con Rouge.

“Después de haber bajado tuve una serie de viajes que hacer y ya no pude mantener esa dieta. Durante dos meses abandoné un poco y subí 4 kilos de estos 18 que había bajado.  Cuando me pasó eso intenté de nuevo con la DMA y por muchos factores no me podía concentrar en lo que te exige esa dieta que es, básicamente, organizar tus horarios y prestar atención a los alimentos que podés comer un día sí y al otro no . Entonces me estanqué. En ese momento Sandra me convenció de que había llegado el momento de cambiar de dieta y me ofrece la cetogénica. Si bien en un principio yo me resistí bastante, luego acepté. Con esta dieta al principio pasaban los días y no lograba bajar ni un gramo”, agregó la panelista.

En ese marco, aseguró: “Comprendí que tenía un análisis lógico el proceso que pasaba en mi cuerpo, que era que tenía que aprender a desintoxicarse de los hidratos y aprender a consumir energía desde las grasas buenas. Al sexto día me pasó que se me había ido el hambre, y luego empecé a descender, bajé los kilos que me quedaban y esa es la dieta con la que hoy me sigo manteniendo. Tengo análisis de sangre de cuando empecé esta segunda dieta y de un tiempo después, y llegué a un nivel de colesterol un poco más saludable del que tenía (de 400 pasé a 190);  y de glucosa también (de 115 a 80) . Ahora continúo porque estoy en el peso saludable pero no es el estético, y en el mientras tanto siento que esta manera de cuidarme me sirve”.

Amigarse con la balanza. Si bien la dieta la ayuda a mantenerse, Nancy resume: “No es que nunca más comí una pizza, pero lo que trato es de no excederme en las cantidades e irme de protocolo, por eso sirve pesarse todos los días, no hay que tenerle miedo a la balanza. A partir de eso sabés como es el resto de tu día”.

Cambio de hábito. “Las personas que tenemos problemas con el peso y por ende esto nos tras problemas de salud, tenemos que cuidarnos siempre porque está claro que si yo vuelvo a comer mal voy a engordar y a llenar de grasa mis venas. Entonces esto más que nada fue un cambio de hábito, un cambio en la alacena de mi casa donde no vas a encontrar pan rallado sino avena orgánica; no hay arroz blanco sino que la suplanté por arroz integral orgánico o yamaní”, ejemplificó la periodista.

También expresó que no sólo bajó de peso sino que además notó otros cambios en su cuerpo: “No siento sólo el cambio en lo físico desde el punto de vista de kilos menos, más allá de eso noto que la piel está más brillosa; el pelo está más fuerte, me siento más vital”.

“Es importantísimo todo lo que tiene que ver con el equilibrio hormonal. Cuando salí del consultorio de Sandra todavía no estaba pre-menupaúsica y ella no tuvo que suplementarme ningún tipo de hormona. Sin embargo, hace unos meses empecé a caer en niveles de progesterona y en ese momento había entrado en una especie de meseta y si bien seguía cumpliendo con los pasos, el resultado no era el mismo. Ni bien empecé con la progesterona sentí que volvía a bajar de peso de manera contundente”, señaló. En ese aspecto agregó: “Los primeros 18 kilos los hice sin caminar una cuadra,  porque cuando vos entrás en un sistema nuevo para todo tu cuerpo de nueva comida te tenés que concentrar en lo que ingerís, la gimnasia no adelgaza, la gimnasia te suma salud y te suma bienestar físico pero no te adelgaza”.

Envases tóxicos. “Un día le cuento a Sandra que había cocinado un salmón con vegetales al horno envuelto en aluminio y ahí empezó ella a educarme con todo con lo que tiene que ver con la intoxicación de otro tipo, por ejemplo, lo letal que es cocinar con papel de aluminio, o tomar agua en una botella de plástico”, relató Nancy.

Molocznik, fundadora del centro Integrative Health precisó sobre esto: “El tema de la actividad física es un mito, nosotros sabemos que si la gente no cambia su patrón de alimentación por más ejercicio que haga, no baja un gramo. Creo que la actividad tiene otros beneficios que no pasan justamente por bajar de peso sino por todo lo que tiene que ver con mejorar la actividad cognitiva; la sensación de bienestar y fortalecer masa muscular, pero no necesariamente los planes de alimentación tienen que ir acompañados de ejercicio. Si bien el plan que hizo Nancy tiene recomendaciones en cada una de las etapas, el ejercicio físico no es una condición sine qua non para bajar de peso”. Y completó: “Uno tiene que apuntar a que el paciente haga lo que pueda”.

En ese marco, y como se hace referencia en el libro, hay un capítulo dedicado a algo que en general uno no suele prestarle atención, y que son los recipientes con los que uno manipula los alimentos o mismo, hasta el agua. “La botella de plástico es un ejemplo de todo lo tóxico que nos rodea y que sin darnos cuenta va ingresando a nuestro cuerpo. El plástico tiene un componente que se llama ‘bisfenol a’, que es un disruptor hormonal. Cuando uno mira alrededor y en su cocina tiene muchos elementos plásticos, hay mucha toxicidad encubierta y en la medida que uno no sepa que es así, es muy difícil cambiar pero hay que saber que no lo es”.

Además, hay otro capítulo dedicado a la menopausia y la andropausia donde “se describe cuáles son los síntomas, que muchas veces -no tanto en la  mujer- pero sí en el de los hombres se tarda en reconocer que el problema es la disminución de la testosterona, y saber cuáles son las alternativas que existen”.

Dietas. La primera de las dietas que hizo Nancy consta de un plan estratégico de 28 días que utiliza nutrientes específicos en momentos estratégicos para evocar un cambio metabólico en un cuerpo que está atascado o se ha vuelto lento para quemar grasa.  La mismas e divide en tres fases en un total de 4 semanas, donde hay que comer muchos carbohidratos y frutas; proteínas y verduras; y todo lo anterior, más grasas y aceites saludables.

El segundo de los regímenes es muy bajo en carbohidratos y alto en grasas. Sus principios se basan en lograr que el organismo alcance la cetosis, proceso en el cual se utilizan por excelencia como fuente de energía unas moléculas llamadas “cuerpos cetónicos”, en lugar de la glucosa proveniente de los carbohidratos.

“Nancy hace primero la DMA, y luego por muchos factores vuelve a intentar hacerla y no puede, por eso empezamos el segundo plan que es una dieta cetogénica modificada (porque en su formato original hay grasas pero no son de buena calidad, y en Medicina Funcional, los alimentos tienen que ser de buena calidad) combinada con la del metabolismo acelerado, que es algo que hacemos en nuestro centro porque no hay ninguna dieta publicada que combine las dos, y la llamamos ‘ceto-metabólica’. Nosotros hicimos un mix porque nos pareció que era bueno sacar lo mejor de cada una”, concluyó Molocznik.

 

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