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- Cuerpo & Alma -

Los otros vicios

17 de febrero de 2019

¿Qué función cumplen estos vicios? ¿Se utilizan de forma consciente? ¿Es contraproducente su uso?

¡Ay, ay, ay! Mi querido/a lector/a, le aseguró que me dolió, básicamente duele.

Sin intención de ser masoquista, le propongo que Usted también copie mi ejercicio, como en varias ocasiones, al principio duele, luego lamentablemente nos acostumbramos.

Si le dijera que en esta columna expreso mi “propia opinión personal” acerca de un “accidente fortuito”, que “vi con mis propios ojos” y lo “escuché con mis propios oídos”, usted continuará leyendo, “bajando hacia abajo” en las líneas de lectura y se estará convenciendo que “enloquecí de locura” y mi profesora de letras estará “saltando hacia arriba” de estupor pensando que los conocimientos que construimos han caído en saco roto.

En ciertos contextos, y a veces sin advertirlo, escuchamos frases redundantes: seguramente a usted le habrán dicho de pequeño “comete la comida”. Esta figura retórica, si bien es común en la poesía, se denomina pleonasmo, y se trata de agregar palabras innecesarias en una frase ya que su significado se encuentra de forma implícita o explícita incluido en ella.

Palabras que si bien no agregan nada nuevo a la comprensión del mensaje, utilizadas inteligentemente cumplen la función de reforzar el mensaje otorgando mayor expresividad.

“Básicamente”, cuando se reiteran palabras redundantes por emplear un lenguaje descuidado, ya no se trata de una figura retórica sino de un vicio del lenguaje.

“Básicamente” el “vicio” también es conocido como muletillas; según el Diccionario de la Real Academia Española, ese mismo al que muchos debieran recurrir, la define como “voz o frase que se repite mucho por hábito”.

Días atrás me dediqué a contar la cantidad de veces que un expositor mencionaba la palabra “básicamente”; en plena campaña electoral es un interesante ejercicio.

¿Qué función cumplen estos vicios? ¿Se utilizan de forma consciente? ¿Es contraproducente su uso?

Tics y muletillas son recursos orales que se emplean para complementar discursos, se trate de mantener el interés, enfatizar ciertos puntos, buscar la aprobación de los destinatarios, se usan cotidianamente. ¿Me explico? Pese a ello, el empleo constante deja al descubierto la falta de un mensaje elaborado y las carencias lingüísticas por parte de quien las utiliza.

La muletilla, si bien en un primer momento es consciente, su sostenida repetición permite automatizar el uso empleándola de forma inconsciente. Hay diferentes tipos: los timos son aquellas palabras que se reiteran constantemente en una alocución, la más conocida “esté…”; el latiguillo es una frase de moda de pronta desaparición; la empuñadora es indispensable en ciertos discursos, típica es “y colorín colorado…”.

Cualquiera sea la empleada, su uso es contraproducente, desacertada; son elementos distractores para los destinatarios, por ende, el mensaje no llega; “básicamente” tal como experimenté me dediqué a enumerar “los básicamente”.

Amante de la lectura, considero que los mensajes a través del celular abortan procesos creativos y superadores. Si usted es de lo/as que pronuncia un “salí afuera” o “entrá adentro” está eximido/a, es un desliz de su inconsciente.

Si en cambio está expuesto/a a la pronunciación de discursos es aconsejable un entrenamiento: grabar y escuchar, aprender nuevas palabras e incorporarlas, técnicas de respiración, hablar pausado, dominio de una gama de sinónimos y “básicamente” pensar lo que se va a decir, “básicamente” con la humildad de los grandes y sin subestimar a los/as receptores/as.

¿Me explico? Básicamente, esta columna se termina de terminar…

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

 

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