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- Cuerpo & Alma -

Simplemente lo vi

¿El amor llega, cae del cielo como si fuera un milagro, se busca o se descubre?
¿El amor llega, cae del cielo como si fuera un milagro, se busca o se descubre?
16 de diciembre de 2018

Mis queridos/as lectores/as, estoy segura de que, en algún momento de su vida, por no decir habitualmente, tuvo que hacer un trámite, reclamo, solicitud y completar una planilla. ¡Si! Esos formularios que se resuelven casi de forma automática, sin embargo, a algunos/as los/as enfrentan a conflictos existenciales.

Archivaldo, Pánfila y Pitasio quisieran omitir el ítem “nombre completo” y maldicen al progenitor responsable de la elección, obviamente con un buen terapeuta o por medio de un trámite de cambio de nombre se resolvería; el trauma del nombre que nos ponen no debiera ser un trauma para toda la vida.

Josefina redita los duelos cuando completa la planilla y constata que enviudó en tres ocasiones; Juan, a diferencia de su padre que trabajó durante treinta años en el mismo lugar, padece enunciar el listado de trabajos temporarios a los que accede desde hace veinte años. Susanita sufre un tormento al completar el ítem estado civil, tilda “soltera” aunque agregaría al listado “desesperada”; Nina en cambio, con trazo firme, radiante y muy enamorada tilda también soltera.

El adjetivo soltero deriva del latino “solitarius” y se refiere a la persona que no contrajo matrimonio y según el Diccionario de la Real Academia Española alude al individuo que está “suelto o libre”.

¿El amor llega, cae del cielo como si fuera un milagro, se busca o se descubre?

¡Buenas noticias!

Si bien informes revelan que la palabra más buscada en el mundo en internet corresponde al celular “de la manzanita” con 69.900.000 resultados, la palabra amor arroja 866.000.000; tal como aseguran expertos en vínculos y lingüística el vocablo amor es uno de los más utilizados en los últimos siglos. Santos y asesinos, sabios y analfabetos, amantes y hasta los incapaces de amar, en algún momento hablan de amor, aunque no comprendan su dimensión o la hayan vivenciado.

Definir sentimientos es un reto, registrarlos, experimentarlos y dejarse afectar debiera ser regocijo. Amar a alguien intensa y desinteresadamente muy lejos está del amor eterno de los cuentos en que son felices y comen perdices y se contrapone al vínculo nocivo y dramático de los relatos trágicos de la Antigüedad y también de la actualidad.

Si usted está dentro del grupo “soltero, suelta o libre” lo/a desafío a que formule su definición de amor.

Al cabo de experiencias propias y otras escuchadas, luego de heridas y sonrisas propias y ajenas, tras años de Psicología y de historias oídas que merecen estar en la pantalla del cine estoy convencida que amor es el más genuino interés por el bienestar del otro, festejando sus logros y sosteniendo también en sus fracasos; compartiendo sin poseer, disfrutando sin ahogar, en el que el sentimiento se manifiesta a pesar de la distancia y los desencuentros.

Amor es reconciliación luego del diálogo directo para diluir, aceptar y perdonar enojos y broncas; es la construcción de un espacio de respeto y de libertad para expresar deseos y actuarlos, aunque a veces la elección no nos incluya.

Joseph Jaim Zinker, terapeuta del Instituto Gestalt Wellfleet en Massachusetts, en una de sus publicaciones sostiene que “el amor es el regocijo por la sola existencia de la persona amada”. A Fito Páez le bastó ver a Cecilia Roth para componer “Un vestido y un amor”, pues quien lo había deslumbrado estaba casada; simplemente la vio, ella “juntaba margaritas del mantel”, sin embargo, la esperó y vivieron un amor intenso por años.

Para algunos el amor llega, otros lo descubren, lo buscan o tal vez lo esperan; para mí el amor se siente, impregna la existencia, se vive desde el respeto y la libertad. Existe un ser que me regocija y me colma, tenía corbata y seguramente un amor, yo simplemente lo vi.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo