Rouge

Rouge

- Cuerpo & Alma -

El valor de un saludo

28 de octubre de 2018

Un gesto de salutación tiene tal potencia, que en ocasiones traspasa las palabras.

Por Dra. Guillermina Rizzo (*)

¡Buenos días mi querido/a lector/a! O tal vez buenas tardes… o buenas noches… todo depende del momento en que generosamente se detiene a leer  “este espacio”.

Hoy mi saludo es esmerado, ceremonioso, protocolar, con ribetes especiales. ¡Me detengo especialmente a saludarlo/a!

¿Usted saluda? ¿Por qué muchas personas no saludan? ¿Le retiraron el saludo alguna vez? ¿Se detuvo a pensar cómo es su saludo?

¿El saludo se entrega? ¿Se niega? ¿Se regatea? ¿Se prodiga?

Según el Diccionario, saludo significa “acción y efecto de saludar”. También “el gran libro” lo define como “palabra, gesto o fórmula para saludar” y “expresiones corteses”. Saludar proviene del latín; significa “dirigir a alguien, al encontrarlo o despedirse de él, palabras corteses, interesándose por su salud o deseándosela, diciendo adiós, hola, entre otras”.

El saludo también tiene su historia y es tan antigua como la humanidad misma, pues a través de distintas, fórmulas, códigos, expresiones y lenguajes, las personas siempre se han saludado. Factor clave en la comunicación, especialmente en la Comunicación No Verbal, ya que un gesto de salutación tiene tal potencia, que en ocasiones traspasa las palabras.

Resulta exagerado afirmar que existen tantos saludos como culturas, pero lo cierto es que en Japón prima la reverencia, estrecharse las manos lo consideran antihigiénico; los esquimales se frotan la nariz y en Occidente prevalece el apretón de manos.

En sus orígenes, el saludo era una manifestación de paz, tender la mano evidenciaba que no se portaban armas, en la actualidad la mano suele estar ocupada por el celular, y el saludo desplazado por la vorágine.

Saludar es clave en las relaciones interpersonales, las favorece, las optimiza, desencadena sentimientos de respeto, amabilidad, confianza, afecto. Según la Psicología el saludo mejora la autoestima y hasta el humor de quien lo recibe.

¿Tuvo la experiencia de subir a un ascensor, entrar a un comercio, llegar a una fiesta y que no lo saluden?

¿Le sucede ir caminando, advertir la presencia de un conocido y poder anticipar que quedará con el saludo “en la mano”?

¡Si! dicha ocasión amerita la palabrota, pero usted me entiende; hay seres que tienen esa habilidad para pasar a centímetros y hacerse el bo… Aunque la peor situación surge cuando, hasta con euforia y alegría lanza un saludo, y directamente no hay respuesta.

La negativa del saludo habilita variadas sensaciones; uno se debate y hasta elucubra si el otro tiene un “mal día”, es un ataque personal, desconoce ciertos códigos o ignora el significado de la cortesía.

Algo tan simple como un saludo es más importante de lo que parece, además de revelar aspectos de la personalidad, tiene un profundo valor simbólico. Según la forma en que se expresa es significado como un gesto de proximidad, cercanía, también de distancia; evidencia distintos vínculos y grados de afectos.

El contexto condiciona la forma en el que el saludo se despliega, la gama abarca desde la cortesía, cordialidad y buenas costumbres hasta las formas más efusivas y afectuosas, su ausencia es muestra de enojo, irritación, indiferencia y desprecio.

Saludos, efímeros o intensos, fugaces o extensos, espontáneos o fingidos, vigorosos o débiles permiten reconocer rasgos y hasta historias; timidez, introversión, un “gran apretón de manos”, un abrazo prolongado, o una simple inclinación de la cabeza encierran creencias y hasta costumbres.

El saludo es por excelencia la forma de entablar una relación, por ello sepa usted que ha sido un placer; un afectuoso saludo. Hasta el próximo domingo.

(*) Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter: @guillerizzo

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *