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“Nace una estrella”: simplemente una historia de amor

9 de octubre de 2018

La nueva remake dirigida por Bradley Cooper es un tributo al amor y la oportunidad para descubrir a una Lady Gaga impensada.

Por Patricia Daniele (*)

Aunque se trate de la tercera remake de una película de 1937, “Nace una estrella” dirigida por Bradley Cooper -que se estrena este jueves en el cine-, es hermosa y deja al espectador con ganas de enamorarse. Esto ocurre, en esencia, porque es una historia de amor. Y quizás su gran logro, en tiempos de filmes vertiginosos hechos a base de franquicias, es que se toma su tiempo para mostrar la evolución en la relación entre Ally, una chica feucha y talentosa (Lady Gaga) y la megaestrella roquera Jackson Maine (el propio Cooper).

Cumpliendo el sueño de toda aspirante a princesa, él la convierte en la revelación musical del momento mientras se van involucrando sentimentalmente. Abonando la idea de que los cuentos de hadas no existen, a la par de que ella asciende en su carrera, la de él (alcohólico desde la juventud y adicto a las drogas) va en franco declive. Aunque es, justamente, el amor lo que parece darle un nuevo brío al cantante y compositor.
Pero se trata de un drama, así que los protagonistas se ven envueltos en un torbellino de conciertos, tentaciones y presiones varias, sumado al entorno familiar y la vida de pareja, que parecería ser lo único que marcha bien. En apariencia. Hasta que, inevitablemente, pasan cosas que complican las relaciones y la situación laboral. Simplemente la vida de cualquier matrimonio, un gran hallazgo del guión.

Pero la versión de Cooper hace hincapié en lo que comparten Ally y Jack como pareja, en las conversaciones y en los silencios, sin apuro y con vehemencia, permitiendo que el espectador se enamore de esta Gaga de pelo oscuro y sin maquillaje, de la misma manera que lo hace su personaje. Y ella no defrauda. Es cálida, sincera, se entrega al rol con cuerpo y alma, y conquista sin estridencias, demostrando que puede hacer más que hits inolvidables. Y la amamos como Ally.
Es más, se trata de un digno homenaje a sus predecesoras: Janet Gaynor (1937), Judy Garland (1954) y Barbra Streisand (1976). Para todas hay un tributo en esta versión especial para los amantes del buen cine.
Y una sale de la sala lagrimeando, contenta por la experiencia vivida y satisfecha porque la película que acaba de ver le llena el alma. Así nace la urgencia de enamorarse ¡ya!

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