Rouge

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- Cuerpo & Alma -

¿A que huele?

5 de agosto de 2018

Por Guillermina Rizzo*.

No haré un análisis comercial, financiero o económico, a simple vista si la industria crece significa que cada vez es mayor el público que consume.

Cítricos, frutales y dulces como duraznos, fresas, manzanas; florales y románticos: rosas, jazmines, lavanda, vainilla; oceánicos; verdes como pino, pasto, tierra; madera cual cedro, pachuli o sándalo; orientales como musgo o ámbar.

Mi querido/a lector/a ¿usted cuál prefiere? ¿Perfume, extracto, agua de toilette, de colonia, body spray?

En tiempos plagados de imágenes y pantallas ¿dónde quedó el olfato? ¿Es el sentido más sutil? ¿Cómo es posible que influya y determine conductas casi sin que lo advirtamos? ¿Dejan una huella en nuestro inconsciente?

Todos nuestros vínculos parecieran estar determinados por lo que podemos oír y ver: amor a primera vista, un jefe que convence con su capacidad de oratoria, lo vi me gustó y lo compré, escuché que llovería y llevaré paraguas, y la lista que involucra los sentidos de la vista y el oído podría ser infinita. Experiencias, hechos cotidianos y hasta transcendentes parecieran estar regidos por algunos sentidos en detrimento de otros. Sin embargo, el sentido del olfato posee una relevancia crucial en nuestras vidas, aunque “a simple olfato” sea imperceptible.

Las neurociencias avalan todo lo relacionado con el imperio nasal, pues se comprueba que los olores y aromas tienen la potencia suficiente para desencadenar una serie de recuerdos ligados a cada una de las fragancias; y todo esto trascurre  independientemente de lo que por propia voluntad intentemos recordar.

A su vez y tal como define Rachel Herz, psicóloga cognitiva especialista en Psicología del olfato, las experiencias y evocaciones que los olores nos traen a la memoria son de índole mucho más emocional que los recuerdos evocados por palabras o imágenes.

Una torta en el horno evoca a una abuela, el infaltable asado trae a la mente un encuentro de amigos, las flores de un jardín conectan con tiempos de ocio, y prefiero no traducir en palabras el repertorio de olores desagradables que sin dudas también evocan.

Aromas y fragancias son una forma de comunicación invisible pues la gama más amplia de reacciones, respuestas y conductas que tenemos ante el olor sucede cuando éstos provienen de otro ser humano; responsable de dicho mecanismo son las feromonas, señales químicas emitidas que alteran comportamientos y además predisponen psicológicamente las interacciones. Se despliega el instinto y así reconocemos la presencia del otro, estableciendo un interjuego de rechazo y atracción, acentuándose esta relación al momento del encuentro o el desencuentro íntimo.

Si bien las personas no somos tan sensibles a los olores como ciertas especies animales podemos percibir esos “rastros invisibles” y anticipar identidades y estados emocionales.

Aromas y fragancias se convierten en paradojas, efímeros y con notas propias dejan estelas fugaces pero que se graban en la memoria para siempre. Seguramente usted tiene su inventario de asociaciones entre aromas, recuerdos y vivencias, cada biografía y cada diccionario personal se encripta en su sentido del olfato.

El perfume ha sido un elemento casi esencial en la vida de los seres humanos, y algunos hasta se convirtieron en leyenda a lo largo de la historia; cada uno de nosotros emana esa fragancia personal que se traduce en aura y eco, es una aventura hacer una pausa para hacer conscientes esos aromas que evocan momentos felices y placenteros. Cada día de mi vida evocar a “Uno”, trae consigo oleadas de sensaciones y me recuerda una mirada.

(*)  Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter @guillerizzo