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- Cuerpo & Alma -

Luces, sombras y destiempo

22 de julio de 2018

Las razones de las relaciones imposibles.

Por Guillermina Rizzo*.

Cada persona se despeja como puede, el tiempo se convierte en aliado o tirano y delimita la extensión de la pausa. La ventana asegura un momento de desconexión, unos minutos alcanzan para dejar a un lado las historias escuchadas, entrevistas plagadas de batallas libradas y unos pocos goces experimentados.

La ventana, con su pertinencia, ofrece árboles frondosos y una paleta color verde, entre ellos un nene corre intentando atrapar su sombra. Se empequeñece, se agiganta, se detiene, se mueve, se acerca se aleja.

¿Luces y sombras? ¿Atrapar lo real o lo intangible? ¿Sincronizar lo que sucede a destiempo? Suena el timbre, impertinente para mi recreo. Es el turno de Santino, por una hora intentará hilvanar palabras por momentos incomprensibles. Su historia es la de muchos, su conflicto es el denominador común en personas: comprender el destiempo y lo inalcanzable.

¿Vínculos y tiempo son el resultado de la coincidencia? ¿Lugar y tiempo deben combinar como una ecuación matemática para que una historia sea posible?

Tiempo, “timing”, coexistencia, sincronización es tal vez lo contrario de intempestivo, inoportuno, extemporáneo, impropio, inconveniente, inadecuado, y cada una de estas palabras combina indefectiblemente con las relaciones; cada una describe las relaciones de pareja.

La duda es inherente al ser humano, posibilita el cuestionamiento, el aprendizaje y debería habilitar tanto la superación como la evolución. Seguramente usted mi querido/a lector/a es de esas personas que en algún momento de su vida lo acecha la duda traducida en la pregunta “¿qué hubiera sucedido si…? ¿Amores imposibles o amores a destiempo? ¿Callejón emocional sin salida? Se trate de diferencia geográfica, de edad, de condición civil, de religión, o por la razón que usted considere, esa diferencia si bien suele ser estimulante también es una condición para lo “imposible”.

Según el Psicoanálisis se trata de una elección inconsciente en la que prevalece un complejo edípico no resuelto.

Desde la Psicología se pueden esgrimir diferentes categorías para describir las relaciones imposibles. Amor difícil o complicado: resulta atrayente, pasional pero conflictivo, en un primer momento se idealiza al otro y luego llega la decepción al advertir que no es como se lo imaginó, así se torna imposible o porque excepcionalmente funcionaría a largo plazo.

El amor narcisístico corresponde a la búsqueda de alguien parecido a uno mismo o con las características que deseamos alcanzar; se persigue un modelo tan ideal como inalcanzable y la soledad es el resultado asegurado.

Por último, el amor fantasma o anaclítico, en el que se trata de elegir a alguien que satisface las necesidades porque su perfil es similar al de alguien muy influyente en la niñez.

El juego de sombras, luego devenido en teatro se remonta a la Prehistoria, las sombras son una invitación al juego creativo e imaginativo, estimulan la fantasía, equivale a magia y a sueños. Un show de luces y sombras cambiantes e inestables crean realidades, aunque las deforman. La sombra insinúa y a la vez no deja ver, imposible dirigirse sobre ella, mezcla de apariencia y sutileza se vuelve palpable, tangible y concreta solo en la dimensión física.

El amor para que devenga en realidad, goce y satisfacción de deseos mutuos no se inscribe en el destiempo, anhelar lo imposible o amar cuando alguien ya olvidó es como un juego de luces y sombras, de presencias y ausencias; perseguir la sombra asegura movimientos hacia lo mágico, pero también hacia lo inalcanzable.

(*)  Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter @guillerizzo

 

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