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- Cuerpo & Alma -

Inde – Pendientes y colgados

8 de julio de 2018

Por Guillermina Rizzo*.

Mis queridos/as lectores/as ¿tiene a mano la escarapela? ¿Va a preparar pastelitos y locro? ¿Embanderará su casa, su balcón?

A pesar de la reformas y contrarreformas educativas seguramente los más pequeños otra vez han coloreado la “casita de Tucumán”. Tal vez a usted le ha pasado como a tantos niños, haberla dibujado o armado la maqueta imaginándola enorme, en la adultez tomó conciencia de las dimensiones reales y se desilusionó con la histórica “casa”.

Tras 200 años hacer un balance sería agobiante y es tarea de los historiadores; sin embargo, los datos principales dan cuenta que el 9 de julio de 1816, dicen en horas de la tarde, los diputados del Congreso sesionaron. El tema tratado fue el “proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país”. Según fuentes y libros no hubo discusión, todos estuvieron de acuerdo, horas más tardes se armó el baile.

Transcurridos dos siglos, con un escenario mundial y local que dista de aquel 1816 surgen preguntas: ¿Qué es la patria? ¿Es un sentimiento? ¿Se enseña, se aprende?

Según el diccionario, patria es “la nación a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”; es “ese lugar” donde nacemos, es la tierra.

Tal vez evoca a sus abuelos italianos o españoles y se siente un poco “tano” o “gallego”. ¿Tal vez se siente más argentino cuando juega la Selección de Fútbol que cada 25 de mayo o 9 de julio. Inexorablemente cabe preguntarse ¿qué es ser patriota?

Si hay algo que usted no pudo elegir es el lugar donde nació: ¿ni mejor ni peor, puro azar? Para crecer y desarrollarse, como si fuera una planta, necesitó de alimento y cuidado para poder “echar raíces”; luego desarrolló o no, una serie de sentimientos hacia ese terruño, hacia ese lugar; un proceso que indefectiblemente se construye en plena dependencia y junto a los otros.

Depender no elimina individualidades ni singularidades, la identidad se forja pendiendo de otros, desarrollando un sentido de pertenencia. El patriotismo entonces surge o se engendra por esa necesidad de ser parte de algo, de un lugar y también de proyectos comunes.

A la patria se le atribuyen colores y así “nos vestimos de patriotismo”. Sin embargo ¿cuántas veces en nombre de los colores se arremete contra el otro? ¿Cuántas lápidas se multiplican en los cementerios por obra del patriotismo? ¿Dónde quedó la independencia? ¿Somos independientes?

Si retomamos el diccionario la repuesta tal vez lo decepcione, pues independencia es la “libertad, especialmente de un Estado que no es tributario ni depende de otro”. Ya sé, le estoy arruinando el domingo. Sucede que, en un mundo global, en el que hay poderosos y débiles, favorecidos y desfavorecidos el concepto de independencia resulta una utopía.

¿Independientes o vivimos pendientes? Pendiente me remite a estar atento, también colgado.

¿Pendientes de Trump y Europa? Colgados de decisiones, de marchas y contramarchas.

¿Pendientes del dólar y la inflación? Colgados para llegar a fin de mes. ¿Pendientes de la huelga de cada día? Colgados de un sistema educativo anémico. ¿Pendientes de la inseguridad? Colgados de una Justicia tuerta y lenta. ¿Pendientes de la temperatura? Colgados de cómo pagar la factura del gas. ¿Pendientes de los sueldos? Colgados para conservar un empleo. ¿Pendientes de la grieta? Las grietas son históricas, desde Caín y Abel. ¿Desconcierto? ¿Pendientes o colgados? Le dejo un poema de Mario Benedetti: “Quizá mi única noción de patria sea esta urgencia de decir Nosotros, quizá mi única noción de patria sea este regreso al propio desconcierto”.

(*)  Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. | Twitter @guillerizzo