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García Uriburu y su amor por la vida

26 de junio de 2018

El 29 de junio a las 19 en el Museo Nacional de Bellas Artes se le hace un homenaje.

Nicolás García Uriburu siempre estuvo conectado con la vida apasionadamente y su arte se fusionaba con cada pensamiento y cada acción. La naturaleza era su sustancia. Su amor por la vida y la ecología marcaron una época y lo consagraron como pionero de denuncias necesarias ya en aquel tiempo. Creó su propia identidad; era un ser iluminado, de gran compasión, conectado con el
amor.

Nació en Buenos Aires en 1937, estudió arquitectura en la UBA pero siempre, a la par, desarrolló su producción artística. Su primera exposición individual de pinturas fue en 1954, en la galería Muller y en los años ´60 expuso en la galería Lirolay. En 1965, después de ganar el premio Braque, se trasladó a París, junto a su mujer, Blanca Álvarez de Toledo y allí comienza un camino ligado a sus más íntimos desvelos. Prototipos para un jardín artificial, una instalación con animales y plantas de acrílico, fue su exposición en la ciudad de París, en la galería Iris.

En el marco de la bienal de Venecia, en junio de 1968, Uriburu desarrolló su primera intervención en la naturaleza, coloreó de verde las aguas del Gran Canal con fluoresceína (un sodio fluorescente inocuo usado por la NASA). Esta acción marca el comienzo de una serie de movimientos, intervenciones que
Uriburu realizaría en contra de la contaminación de las aguas. Lo haría más trade en Nueva York, París, y Buenos Aires; en fuentes y puertos de todo el mundo.

Este punto de partida es la llave para que el 29 de junio a las 19 horas en el Museo Nacional de Bellas Artes se le haga un Homenaje a uno de los pintores, artistas más queridos de La Argentina. Nicolás García Uriburu en el Bellas Artes, a medio siglo de la coloración del Gran Canal de Venecia.

La exposición “Venecia en clave verde. Nicolás García Uriburu y la
coloración del Gran Canal” conmemora los cincuenta años de la  intervención del artista argentino en las aguas de Venecia, el 19 de junio de 1968.

Así se refiere al el gran artista el director del Bellas Artes, Andrés Duprat: “Nicolás García Uriburu es un referente fundamental del land art y, a la vez, un pionero de la conciencia ecológica, que formuló con el lenguaje de la acción artística”, sostiene. “Tiñendo las aguas de los canales de Venecia durante la Bienal de 1968, proponía una doble lectura en un solo gesto: al restituir su coloración denunciaba la actividad humana que trastoca la naturaleza volviéndola un artificio inútil. Por otra parte, lo disruptivo de la acción, que se realizó en forma clandestina, sin amparo de las instituciones, ponía en cuestión el sistema de las artes, acorde al espíritu de la época”, agrega. Esta iniciativa fue el origen de las numerosas intervenciones en la naturaleza que el artista desarrolló en distintas aguas del mundo y que marcó la dirección de sus obras
posteriores, siempre signadas por su preocupación por el medioambiente.

También realizó una serie de pinturas que representaban especies de animales en vías de extinción, Paisajes y animales sudamericanos, para crear conciencia.

En 1981, Junto al artista alemán Joseph Beuys, coloreó el Rin y plantó 7.000 robles durante la séptima Documenta Kassel. Al año siguiente volvió a plantar 50.000 árboles, pero esta vez, en las calles de su Buenos Aires. Uriburi fue el fundador del grupo Bosque, el cual intervino en campañas de reforestación.

La exhibición, curada por Mariana Marchesi −directora del Museo−, se concentra en el período de 1968 a 1974, y reúne serigrafías, fotos intervenidas y piezas documentales referentes a la coloración de 1968 y otras coloraciones históricas, así como un selecto grupo de pinturas realizadas en esos años. podrá visitarse del 29 de junio al 30 de septiembre en las salas 39 y 40 del Museo.

 

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